6 de June de 2009 00:00

La noche bohemia se vive entre boleros...

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Redacción Cuenca

Nunca conduce su vehículo cuando debe cantar. Su respuesta  es lógica: “Uno no sabe en qué estado  regresará a la casa, por eso mejor voy en taxi”,   se sonríe.

Renato Albornoz canta desde sus 17 años, ahora tiene 43. Tiene   discos de música inédita a su haber.  De una bolsa negra saca a Mada, su guitarra acústica que lo acompaña desde hace nueve años. Una a una verifica cada cuerda. Es el ritual de antes de cada presentación.

La guarda y se alista para salir de su casa en la zona  del Otorongo, en Cuenca, a orillas del río Tomebamba.  Mada lleva ese nombre porque un amigo la bautizó.  A los pocos días de comprada la guitarra preferida de Albornoz se rompió, un amigo le dijo “oye no será que está quemada” y desde entonces quedó con el apodo.

Para Albornoz, la vida nocturna siempre ha sido su lugar para expresarse. Vive del canto, tiene un estudio de grabación. Y entre los cantantes con los que ha compartido  está Pablo Duque, del grupo chileno Inti Illimani.

Su vida está llena de anécdotas. Aún recuerda una ocasión en la que olvidó la letra de una canción. Antes de un concierto la conversación entre los músicos que lo acompañaban fue intensa.  Al empezar  no se pusieron de acuerdo y se olvidó la letra.

“Solo decía cosas que entren en la música, pero mis compañeros no me siguieron”. O  por su mala visión y por estar  en el escenario con tantas luces, alguien se le acercó a pedirle el arreglo de un parlante. Comedido, dijo por el micrófono que  arreglen el parlante que al señor lo estaba molestando. Escucho  risas  y se fijó que  quien le hablaba era  una mujer.

Cada anécdota le saca carcajadas. En su mente está esa que quizás es la más sencilla, pero la que no olvidará. Una vez, después de verificar sus cosas salió de su casa rumbo a su show. Al llegar se dio cuenta que olvidó a Mada...

Ya es tarde, faltan pocos minutos para las 23:00 de un viernes. Está listo y es hora de salir a la Morada del Cantor, un bar cuencano. Toma su leva negra y sale.

Al llegar saluda con los dueños del lugar. Las mesas aún lucen  vacías Albornoz se sienta en la barra, enciende un cigarro y pide un trago. La tertulia con los amigos  amerita más tragos con hielos.

En su repertorio está el bolero, que siempre le gustó y que mejor le sale. También  toca vals y hasta bosanova... Su instrumento favorito es la guitarra, pero al ser un amante de la música usa  desde el acordeón hasta el cajón peruano.

A este último lo toca con clase, utiliza sus dos manos y los tacos de sus zapatos para hacerlo. En varias   presentaciones lo acompaña el cantautor peruano Quique Pachérrez, “cuando aparece siempre improvisamos”.

Esa noche, el primer bolero que toco fue Historia de un Amor, los aplausos son su alimento y cuando empieza una canción se nota que disfruta que la gente grite en señal de que le gusta.

La noche  acaba, al igual que la presentación de Albornoz  y el bar poco a poco se  queda   vacío.

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