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No hay que perder la cabeza por un rabo

Un viejo cuento relata que un perrito dormitaba sobre las rieles del tren, cuando de pronto vino uno de alta velocidad y una rueda le pasó cortando el rabo. Al regresarse, lleno de dolor, a lamerse la herida, otra rueda le cortó la cabeza. Moraleja: No hay que perder la cabeza por un rabo (así sea muy bueno). Así han entendido los jóvenes del movimiento Ruptura de los 25 cuando rompieron con el Gobierno de AP, a sus pompas y a sus obras.

El simbolismo de la moraleja permite suponer que en la cabeza del perrito están los ideales de un grupo de ecuatorianos que, en el 2004, resolvieron romper con el remedo de democracia que, durante 25 años, no representaba ni chicha ni limonada para el país. Aupado este despelote por la partidocracia, resolvieron agruparse para aportar ideas y acciones al cambio de comportamiento en la política ecuatoriana. En el rabo, simbólicamente, estarían la vanidad, la prepotencia, la tiranía, la ambición de poder, la lengua suelta, el esbirrismo, ah, y el Álex, el Vini, el Ricky y el Kintoluky’

Por su parte, el Mandamás de la Asamblea manifestó que la revolución tiene métodos, heredados de la partidocracia, para hacer al ‘rabo’ más atractivo y apetitoso, y mostró, como en mercado persa o cachinería bahiana, un baratillo de ofertas como: cargos burocráticos, embajadas, consulados, contratos, bonos, subsidios, con los que dijo, comprarán a ciertas bancadas de medio pelo para “afianzar la democracia’. ¡y la revolución ciudadana!”.

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