28 de July de 2012 00:01

Coloración oscura de la naranja afecta su venta

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A lo largo de la vía a Pueblo Viejo, en la provincia de Los Ríos, los naranjos están listos para ser cosechados. Sin embargo, muchos no pueden ser arrancados para la venta, debido a la pigmentación oscura de la fruta.

Eliana Medina mira desde la entrada de su casa los naranjos y con resignación muestra el estado del cítrico. “En julio tienen que estar verdes amarillentas y en agosto, amarillas”.

Pero más del 50% tiene la cáscara café oscuro. Por ese resultado, los comerciantes justifican los bajos precios que ofrecen. Hasta USD 2 el ciento, la mitad que la cosecha anterior.

Medina tiene su plantación en el recinto Montecarlo. En 20 hectáreas, ella siembra naranja, banano y cacao.

Para la agricultora, la fruta ha madurado antes de tiempo: en junio ya había fruta de cosecha. Y cree que el clima frío, la abundante lluvia y la poca presencia de sol en el sector contribuyeron a ello. En el 2011, Medina cosechó hasta 5 000 naranjas por árbol, ahora solo calcula 1 500.

En el país se cultivan dos tipos de naranjas: la común y el injerto del patrón Mandarina Cleopatra. Para Alfonso Valarezo, técnico del Instituto Nacional Autónomo de Investigaciones Agropecuarias (Iniap), esta última soporta salinidad y sequía. Está sembrada en Bolívar, Esmeraldas, Manabí, Guayas y Los Ríos.

Otros de los beneficios del patrón mandarina, agrega, es que es resistente a enfermedades provocadas por el ‘virus de la tristeza’ (Closteroviridae), que se propaga por parásitos o por los instrumentos de poda. Y la enfermedad fungosa gomosis.

En el país, más del 80% de la producción es naranja común y se siembra con otras frutas (banano y cacao). En cambio, el patrón Mandarina Cleopatra se cultiva sin otros frutos.

Entre ambos tipos, Ecuador produce 150 000 toneladas de naranjas, según registros del Ministerio de Agricultura. El 65% se cosecha en Los Ríos y Bolívar, en cantones fronterizos entre sí.

Sobre la pigmentación de los naranjos, Valarezo explicó que pudo ser provocado por el ácaro tostador, que afecta a la coloración de la fruta. Esto se da por la gran cantidad de lluvia, indica.

Las huertas carecen de un proceso de tecnificación. El técnico del Iniap recomienda al agricultor hacer un estudio del clima y del suelo, para determinar a qué distancia es indicada la siembra de planta tras planta. “Por lo general es un cuadrado de 7 por 7 metros”. Esa es una técnica para elevar la productividad.

También se debe realizar un estudio químico de la hoja y del suelo, para controlar la nutrición. Las muestras pueden ser llevadas al departamento del Iniap. Por último, un análisis ambiental indica la cantidad de agua que necesita el terreno, pero la planta no debe dejar de ser regada por más de un mes.

Más adelante, en la vía a Pueblo Viejo, en el recinto Piedra Redonda, Galo Maliza transporta, en un burro dos canastos con naranjas. Las frutas buenas las coloca en un rincón.

Para el agricultor, la mala cosecha y los bajos ingresos de la producción han hecho que el dueño del cultivo redujera el personal. El año pasado trabajaban hasta 12 personas, pero ahora solo la mitad, expresa Maliza.

A dos kilómetros de allí, ya en la provincia de Bolívar, está Estuardo Aguiar. Él es uno de los 2 000 pequeños comerciantes que hay en el cantón Caluma. Cada día compra 30 000 naranjas a los agricultores del sector.

En una pequeña camioneta con balde de madera, José, el menor de la familia Aguiar (6 años), ayuda a bajar la fruta hasta el centro de acopio.

Los cinco integrantes de la familia de Estuardo Aguiar trabajan en el negocio. Es una forma de ahorrar costos en la contratación de personal. Cada uno, aseguran, logran guardar al menos USD 15 por día, ya que no contratan personal para cargar la fruta y para que la contabilicen.

Ellos compran el ciento de naranjas en USD 2,50 y las venden a los comerciantes mayoristas de Quito, Cuenca y Ambato que llegan al sitio. El precio de venta es de USD 3 por la misma cantidad. “Aunque la naranja oscura sabe bien, no la compro, porque no las puedo vender”, advierte.

Uno de sus clientes es Xavier Carrera, comerciante mayorista de Quito. A la semana, él hace dos viajes para llevar 60 mil unidades, que son vendidas en el mercado de Sangolquí, en el suroriente de la capital.

En ese mercado las comercializa entre USD 4,50 y 5 el ciento, dependiendo el tamaño de la naranja, explica.

Otros datos

El naranjo común tiene una altura de hasta 10 metros y el del injerto Mandarina Cleopatra  hasta 5  metros.

El tiempo de vida del árbol de naranja  es de hasta ocho años. Los primeros cinco años son más productivos.

Los agricultores dicen que no tienen asesoría de técnicos  de  Municipios, ni del Magap.

La fruta contiene vitamina C y es recomendable tomarla en jugo, en época del invierno, ya que combate  la gripe.

Inhibe el  crecimiento de células cancerosas, ya que posee  vitamina P. También evita enfermedades cardíacas.


En espera de la  planta industrial

En un Gabinete Itinerante realizado en el cantón Caluma (Bolívar), el pasado 9 de julio del 2011, la ministra de Industrias y Productividad, Verónica Sión, dijo que apoyará la creación de una planta  para que se industrialice la producción de  naranja.

El comerciante Freddy Aguiar señaló que la extractora aún no ha sido creada y eso perjudica a los agricultores. “Habría más ingresos para el cantón y ofreceríamos una mejor presentación, como en los supermercados de las ciudades”.

Carlos Calero, director del departamento de Desarrollo Local del Municipio de Caluma, expresó que están esperando una respuesta del Ministerio de Industrias y Productividad (Mipro). “En enero enviamos el plan con las correcciones que nos pidieron”, pero aún no han recibido  respuesta.

El proyecto sería canalizado por medio del Gobierno de Japón, acotó Calero. Además, la planta representaría un ingreso de USD 3 000 mensuales  y produciría 526 litros diarios de jugo de naranja y 605 paquetes de pulpa de fruta. En un año se duplicaría la jornada y facturarían USD 20 000, al mes.

Armando Romero, director provincial del Mipro, señaló que “no se ha avanzado mucho, debido a varios procesos que dependen de Japón y de la traducción del proyecto”. Pero espera que en dos meses se realice la aprobación por parte del Gobierno japonés. La planta estaría operando en la próxima cosecha, en abril del 2013.

La fábrica sería implementada  en la planta de la Asociación Calumi Fruta (300m²) o en un terreno de 400 m² donado por Carlos Calero, en el barrio San Vicente de Pacaná, en Caluma.  Pero para usar el área, dijo Romero,  las escrituras deben estar, primero, a nombre del Municipio o de la Asociación.

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