23 de diciembre de 2018 00:00

La Navidad es propicia para regalar tiempo y dar alegría

En el Hogar Corazón de Jesús, un grupo de adultos mayores ensayó durante días para presentar su obra de teatro. Foto: Enrique Pesantes/ EL COMERCIO.

En el Hogar Corazón de Jesús, un grupo de adultos mayores ensayó durante días para presentar su obra de teatro. Foto: Enrique Pesantes/ EL COMERCIO.

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Elena Paucar
Redactora (I)
epaucar@elcomercio.com

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Tres veces a la semana, dos horas diarias, durante cuatro meses. Fue el tiempo que invirtió el elenco de ‘Viejos los caminos’ para montar dos obras teatrales.

El martes (18 de diciembre del 2018) dejaron a un lado los andadores y se olvidaron la hipertensión y los dolores de los huesos para saltar al escenario. “Sacrificamos la siesta de las dos de la tarde, pero vale la pena”, contó Josefa Zambrano, de 81 años, antes de actuar en ‘Si los árboles hablaran’.

Los actores del Hogar Corazón de Jesús, de la Junta de Beneficencia de Guayaquil, superan los 70 años. Pero los aplausos y las carcajadas eufóricas de su público -la mayoría en sillas de ruedas- los revitalizan.

Tiempo es el regalo que ofrecen los voluntarios en esta época del año. Disfrazarse para dar alegría a niños, entonar canciones para aliviar dolores, preparar cenas al aire libre, tejer pequeños trajes para bebés o actuar para arrancar sonrisas son algunas muestras de solidaridad durante esta Navidad.

Para los ocho actores del Hogar Corazón de Jesús, las horas sobre el tablado se van volando entre maquillaje y jocosos trajes. Aunque detrás del telón hubo cuatro largos e intensos meses de preparación. “Nosotros hacemos el guion y luego buscamos quién nos guíe en los ensayos”, cuenta Edison Vítores, de 71 años; él vive con su mamá de 95 en el hogar.

Por estas fechas también hay quienes usan trajes sin ser actores. El martes, María Eugenia Orellana y Marco Peláez dejaron por unos minutos sus áreas de trabajo en el Hospital Roberto Gilbert para transformarse en Papá y Mamá Noel.

Los pacientes corrían por los pasillos detrás del asistente de caja y de la encargada del taller de costura. Algunos pequeños olvidaron la fiebre y el malestar para pedirles fotos, caramelos y narices rojas de hule.

Veinte colaboradores del pediátrico prepararon esta sorpresa por tercer año consecutivo. “Buscamos que sea un día diferente, que motive a todos. Es un día especial”, comenta Teresa Falconí, jefa de Talento Humano del Complejo Hospitalario Alejandro Mann.

Este año se disfrazaron de copos de nieve y todo el vestuario fue confeccionado por Orellana. A más de las telas verde y blanca, con las que usualmente elabora la ropa de quirófano, a su taller llegaron otras rojas y apliques navideños. La modista laboró fuera de su horario, que finaliza a las 15:00, para completar todo.

Lourdes Jordan también elabora trajes. A diario, de enero a diciembre, dedica algunas horas a tejer ajuares para recién nacidos. Por las noches, después del trabajo, la lana toma forma de chambritas, cintillos y escarpines entre sus dedos.

Músicos de Alemania y Francia son parte de la Escuela Clave de Sur, que funciona en el Guasmo. Foto: Joffre Flores/ EL COMERCIO.

Músicos de Alemania y Francia son parte de la Escuela Clave de Sur, que funciona en el Guasmo. Foto: Joffre Flores/ EL COMERCIO.


Poco antes de la Navidad recorre en compañía de su hija el área materno infantil del Hospital de la Mujer Alfredo Paulson para entregar más de 40 regalos. Estos además incluyen colchas, gorritos, camisas, guantes y pañales. “Es maravilloso que el esfuerzo del año se vea reflejado en una sonrisa”.

La tradición de compartir la comenzó su madre Ana. Ella tiene 97 años de edad y desde hace 25 visita la maternidad al final de cada año con sus tejidos. “Este quizá sea su último año, Le duelen las manos por la artritis y ya no ve muy bien”.

Los hilos de la solidaridad incluso trascienden fronteras. Desde la terraza de la vivienda, donde funciona la escuela Clave de Sur, es posible ver gran parte del Guasmo, cubierto por viejos techos de zinc oxidado. Desde lo alto, el ritmo de trompetas, tumbas y violines contagia a este populoso sector del sur guayaquileño.

Quienes dan ritmo a los instrumentos son voluntarios alemanes y franceses de Músicos Sin Fronteras, que cada año llegan para dar cursos gratuitos a niños y jóvenes del barrio.

La iniciativa comenzó en el 2005, cuando llegó la primera voluntaria. En ese tiempo hacían música únicamente con botellas de plástico rellenas con piedritas; ahora cuentan con 233 instrumentos.

En estos días los acordes se ensamblan para los villancicos. Las notas resonaron esta semana y 23 músicos repetirán el repertorio navideño el viernes en las salas del Hospital de Niños Francisco de Ycaza.

“Hemos preparado música instrumental para las áreas de cuidados críticos y algo más de ritmo y percusión para interactuar con los chicos de otras salas”, cuenta Marco Párraga, coordinador de Clave de Sur, de la Fundación Mi Cometa.

Samuel Restle vive en Stuttgart, al sur de Alemania. Durante cinco meses ha aprendido español casi a la perfección y ha transmitido sus conocimientos en trompeta, guitarra y piano a 12 chicos del Guasmo.

Otros grupos decidieron adelantar la cena navideña. Los jóvenes de la Fundación Vive Ecuador Libre de Droga prepararon 200 platillos para compartir este fin de semana con otros chicos que luchan contra la adicción.

Bryan, Roberto y Christian lograron vencer el consumo de drogas y ahora regalan su testimonio de vida para demostrar que es posible cambiar. Desde el mediodía se concentraron en una cocina para alistar el menú que sirvieron anoche.

“La idea es compartir como familia, que sientan que estamos comprometidos con su rehabilitación”, dice Yolanda Litardo, directora de la fundación. Parte de la cena fue en una casa de restauración, que funciona en el Guasmo.

Para esta noche planifican compartir cenas móviles con los jóvenes que deambulan por la entrada de la 8, un barrio popular del noroeste de Guayaquil.“No es solo dar un plato de comida -cuenta Geordi, de 22 años-. Es decirles que pueden salir de esto, como yo”.

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