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Una vigilia por las víctimas del tiroteo se realizó en Texas

Una mujer llora mientras abraza a una niña durante una vigilia en honor de las víctimas en el Uvadle County Fairplex de Uvadle, Texas (EE.UU.), este 25 de mayo de 2022. Foto: EFE

La masacre en la escuela primaria de Texas (EE.UU.), ocurrida el martes 24 de mayo de 2022, dejó innumerables sueños sin cumplir, historias sin terminar de escribirse y un duelo eterno para los seres queridos de las víctimas.  

En memoria de los 19 alumnos y dos maestros asesinados en el tiroteo masivo en la ciudad de Uvalde (Texas) se organizó este miércoles 25 de mayo una vigilia.  

El homenaje se realizó en un estadio de suelo arenoso en esta pequeña ciudad de apenas 16 000 habitantes, donde el 82 % son hispanos y casi todos conocen a sus vecinos, a los padres que cada día recogían a los niños en la escuela primaria Robb. 

Entre lágrimas y rezos, decenas de personas de Uvalde se juntaron para conmemorar a las 21 víctimas de la matanza

La vigilia se llevó a cabo en el Uvalde County Fairplex Arena, un día después de la tragedia en el que Salvador Ramos los mató a tiros con un AR-15 que compró legalmente cuando cumplió 18 años. 

Foto: EFE

Esmeralda Bravo, la abuela de Nevaeh, estaba presente y durante la vigilia sostuvo una foto grande de su nieta en su regazo. Otras personas también llevaron carteles con los nombres de los 19 niños y dos maestras que fallecieron. 

El gobernador del estado Greg Abbott y el senador Ted Cruz también asistieron al evento

Los niños fallecidos tenían entre siete y diez años. Algunos de ellos acababan de recibir premios por su gran trabajo escolar. El sospechoso fue abatido por la policía en la escena del crimen. 

Una de las víctimas es un niño de 10 años al que le encantaba bailar. Otra, una niña que murió mientras intentaba llamar a la policía. 

Las oraciones 

En un país donde hay más de un tiroteo masivo al día, la frase «pensamientos y oraciones» suele ser el comodín de los líderes conservadores que se niegan a impedir que los rifles de asalto caigan en manos de personas como el atacante de Uvalde, y que se refugian en la religión para no actuar sobre las armas. 

Sin embargo, esas oraciones -pronunciadas por distintos párrocos de la ciudad- han servido para reunir en una vigilia a tantas personas que el martes lloraron en silencio en sus casas, y que ahora pueden ofrecer consuelo a quienes quizá no estén preparados para recibirlo. 

El mantra de los rezos suena de fondo mientras algunos se acercan a sus conocidos, les ponen una mano en el hombro y se miran sin saber qué decir. 

«Era muy alegre, siempre riéndose», es todo lo que alcanza a comentar Angie García cuando Efe le pregunta sobre su sobrina Eliana «Ellie» García, de 9 años. 

En entrevistas con otros medios horas antes, los abuelos de «Ellie» la habían descrito como una fan del baloncesto, de bailar cumbia y de la película «Encanto» que soñaba con ser maestra y vestirse de púrpura en su fiesta de quinceañera. 

Pero mientras abraza a un niño en la vigilia, Angie no consigue decir mucho más, y suelta apenas un leve «no sé» ante la pregunta de qué espera de los líderes de su ciudad y su estado, qué quiere que hagan, cuál es el siguiente paso. 

«Hay que ser fuertes, es lo que mi hija habría querido para todo el mundo», esboza Ryan Ramírez, que ha traído a la vigilia varios de los dibujos de Alithia Ramírez, fallecida en el tiroteo a los 10 años. 

Foto: EFE

Un indicio de ira 

Vestidos con camisetas guinda (granate), el color que representa a la escuela Robb, familiares y amigos de Ramírez se turnan para enseñar a los periodistas las ilustraciones mientras el padre consigue apenas articular un adjetivo para describir a su hija: «Era una buena artista«. 

En el proceso de duelo de Ryan Ramírez, la ira ha empezado a hacer su aparición: aún no entiende, confiesa, cómo «todo ocurrió hacia el mediodía y la mayoría de los padres se enteraron hacia las 11 de la noche» del martes. 

Horas antes, en la puerta del instituto del que se graduó hace 37 años, Ángela Villescaz recordaba entre lágrimas a Jackie Cazares, una pariente lejana suya que acababa de hacer la primera comunión cuando fue asesinada junto a su prima Annabell Rodríguez. 

Desde esa relativa distancia, a Villescaz sí le alcanzan las palabras para hablar, pero no quiere quedarse en eso: planea impulsar una nueva organización de madres hispanas que luchen contra la violencia armada. 

«No van a hacer nada para cambiar esto a no ser que nosotras les presionemos (…). Y nadie lucha como una latina», asegura Villescaz a EFE.