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Así secuestraron y asesinaron a uno de los hombres más ricos de Medellín

En 1971 el filántropo Diego Echavarría, perteneciente a una influyente familia, fue secuestrado. Foto: Archivo/ El Tiempo de Colombia

Las autoridades hacen un llamado al espíritu cívico de las gentes de bien de la ciudad de Medellín, y del departamento de Antioquia en general, con el fin de que presten su valiosa colaboración a las autoridades informando oportunamente cualquier indicio que pueda conducir a la localización y rescate de don Diego, y a la captura de los secuestradores”.

Así concluía el boletín informativo del Ejército en el cual se conoció sobre el secuestro de Diego Echavarría Misas, miembro de una de las dinastías más ricas y poderosas de Antioquia.

Ese plagio, que para algunos historiadores partió la historia de Medellín en dos, terminó con un desenlace fatal. Echavarría fue asesinado.

Medellín estaba cambiando y poco a poco dejaba de ser una pequeña provincia para convertirse en una gran ciudad. Una ciudad que estaba a punto de llegar a un millón de habitantes, en parte, producto de los desplazados que dejó la Violencia, tras el 9 de abril de 1948, cuando mataron a Gaitán.

Esta transformación, que iba de la mano con el fortalecimiento de las industrias, como la textil, también traía consigo una consecuencia devastadora. Ese cambio de provincia a ciudad fue la antesala de una de las épocas más violentas que vivió la capital de Antioquia.

El secuestro

El 8 de agosto de 1971, a las 6:20 de la tarde fue secuestrado Diego Echavarría Misas cuando estaba ingresando a El Castillo en compañía de algunos amigos.

Diego acababa de salir de un concierto en la biblioteca del municipio de Itagüí, al sur de Medellín, en compañía de José Santa María Flórez y su hija, Adriana Santamaría.

Tres hombres armados, liderados por el Mono Trejos, se lo llevaron en un vehículo Jeep Comando de placas L4531 rojo y blanco.

La noticia consternó a la ciudad, en especial a la clase alta, pues si eso le pasó a don Diego, un hombre que se la pasaba haciendo obras de caridad, le podría pasar a cualquiera de ellos.

“La clase alta comenzó a sentirse insegura en su ciudad. Este sector de las élites no les pasaba casi nada, había cosas entre ellos, pero el secuestro fue una especie de quiebre”, explicó el periodista de historiador Reinaldo Spitaletta.

“El secuestro se produjo cuando el distinguido personaje antioqueño se disponía a entrar en su residencia El Castillo, en El Poblado. Su esposa, la señora Dita Zur Nieden, la familia y las autoridades agradecen a la ciudadanía toda la colaboración que presten para rescatar sano y salvo a don Diego, de 76 años de edad y cuya vida y bienes dedica a obras de beneficencia para la comunidad, como escuelas, hospitales y bibliotecas”, informó El Colombiano un par de días después.

A Diego se lo llevaron para una finca en Santa Elena, un corregimiento ubicado a unos 35 minutos del centro de Medellín que cada año le regala a la ciudad el desfile de silleteros.

En este pequeño pueblo Echavarría vivió sus últimos días aguantando frío, que es una de las características del lugar en el oriente de la capital de Antioquia, y, seguramente, escuchando solamente los sonidos de la naturaleza.

La ciudad

Corría el año de 1971 y mientras se construían cada vez más y más casas en las laderas del valle de Aburrá y el verde de las montañas iba siendo reemplazado por los ladrillos y el cemento, en pleno centro de Medellín se levantaba el edificio más grande de Colombia.

La familia Echavarría, dueña de Coltejer, la más importante empresa de textiles del país, así como una de las más relevantes de Latinoamérica, decidió construir un edificio en forma de aguja en la esquina de Junín con La Playa, donde estaban ubicados los históricos Teatro Junín y el Hotel Europa.

Este edificio, además de ser una joya arquitectónica de la Medellín de hoy, era la prueba del poder de Coltejer y de la familia Echavarría que, además, era una de las principales empleadoras de la ciudad.

Edificio Coltejer en el centro de Medellín. Foto: Captura de pantalla de Google Maps.

Pero a medida que la industria crecía, la delincuencia también lo hacía. Por aquella época comenzó a dejarse de hablar de los bandidos del otrora Guayaquil y se empezó a hablar de estructuras criminales.

El contrabando, por esos días, era el negocio más apetecido. El narcotráfico, por su parte, apenas comenzaba a dar los primeros pasos.

Entre quienes mandaban en la ciudad estaba Alberto Prieto, conocido como el hombre Marlboro, quien fue uno de los primeros patrones de Pablo Escobar (algunos vinculan al capo con el secuestro Diego Echavarría, pero esto no ha sido probado).

Además, entre los afamados delincuentes se encontraba Néstor Trejos Marín, alias el Mono Trejos, uno de los cabecillas de una banda llamada La Pesada. Trejos era un personaje casi mítico en el bajo mundo de Medellín.

La Pesada era una banda que venía delinquiendo desde los años 60 y entre sus actividades estaba el robo de bancos.

“Era una banda, según la prensa, de unos sujetos que eran como medio ‘robinhudescos’, porque ellos robaban bancos e iban a los barrios de invasión y hacían su repartición. Por eso tuvieron como cierta visión mítica y legendaria de que eran hampones buenos”, rememoró Spitaletta.

Pero tras el secuestro, algo nunca antes visto en la ciudad, “cambió la visión que tenían las personas sobre ellos, especialmente el Mono Trejos”.

En ese contexto la Diego Echavarría fue plagiado. La ciudad en la que creció ya no era la misma, estaba cambiando.

Tenía 76 y era un hombre dedicado a filantropía y a la gestión cultural junto a su esposa, Benedikta Zur Nieden, conocida como Dita, una alemana que conoció en Europa, a donde se fue a los 16 años de edad a terminar sus estudios.

Diego y su esposa llevaban una vida tranquila. Estaban refugiados en El Castillo, su casa escondido en una de las lomas de El Poblado.

La edificación, única en la capital de Antioquia, fue construida en 1930 por encargo de José Tobón Uribe, médico y fundador de la farmacia Pasteur, inspirado en los castillos medievales del Valle del Loira en Francia.

Y fue adquirida en 1942 por los Echavarría tras la muerte del médico. La pareja amplió la construcción original y la decoró con valiosas obras de arte que habían adquirido en sus viajes por el mundo.

Pero la vida de este matrimonio no volvió a ser la misma desde la muerte de Isolda, su única hija, quien falleció a los 19 años en Estados Unidos, mientras adelantaba sus estudios universitarios, a causa del síndrome de Guillain-Barré. Fue una tragedia para Diego, su esposa y toda la familia.

Isolda, por su parte, se convirtió casi que en un personaje mitológico. Tras su muerte eran muchas cosas las que se comentaban sobre El Castillo, como que ahí estaba embalsamada.

Así lo recordó el escritor Jorge Franco, quien en su infancia era vecino de este lugar y en 2014 escribió la novela El mundo de afuera, la cual cuenta la historia de Diego Echavarría, la de su hija y la del Mono Trejos, a quien llamó el Mono Riascos.

“Había algo que nos impactaba a los que vivíamos cerca de ese castillo, que aún existe en la parte alta del Poblado, que era la historia de la hija del dueño. Había un mito alrededor de Isolda, que efectivamente fue un personaje real, y es que decían que estaba embalsamada en el castillo.

Que su padre efectivamente la tenía ahí puesta sobre una mesa, también decían que la tenía en un sarcófago y llegaron a decir que incluso la tenía embalsamada frente al piano”, dijo Franco en 2014 en una entrevista tras ganar el Premio Alfaguara.

Y agregó: “Yo no sé por qué a mí se me metió que a la niña la tenían embalsamada en su casa de muñecas, que había al lado del castillo. Entonces, todo este mundo fascinante, yo creo que a los que vivíamos alrededor nos permitía soñar”.

Fue justamente en ese castillo sacado de un cuento de hadas, o de una película de terror, donde la tragedia de la familia, apenas cuatro años después de la muerte de Isolda, siguió creciendo cuando secuestraron a Diego.

El final

Se presume que durante los 42 días que duró el secuestro los hombres del Mono Trejos, así como el mismo jefe de la banda, le insistieron en repetidas ocasiones a su víctima que enviara una carta a sus familiares exigiendo el dinero que pedían para su liberación.

Sin embargo, este nunca cedió. Se presume, según los registros de la época, así como algunas versiones de historiadores, que Diego le habría pedido a su familia que, si en algún momento era secuestrado, no accedieran a las exigencias de los delincuentes.

Durante esos mismos días la familia discutió si pagaban el rescate. Las autoridades, por su parte, buscaban por toda la ciudad y se ofreció una recompensa para dar con el paradero de Echavarría.

Sin embargo, y pese a que las investigaciones fueron arrojando resultados, el 18 de septiembre todo terminó.

Ese día, sábado, su cadáver fue hallado en un sector cercano al barrio Alejandro Echavarría, que llevaba ese nombre en honor a su padre.

Días previos al hallazgo una persona llamó a las autoridades y aseguró que el filántropo había sido asesinado y su cadáver estaba enterrado en las inmediaciones de una torre de una emisora de radio en Santa Elena.

Murió estrangulado y recibió fuertes golpes en el cráneo, informó El Colombiano el lunes 20 de septiembre.

Este crimen marcó la historia de Medellín y de la familia Echavarría. Desde ahí varios de sus integrantes han sido secuestrados y asesinados.

Sobre el Mono Trejos, se sabe que fue capturado y enviado a la antigua prisión de La Ladera, donde pagaría 30 años por el secuestro y asesinato.

Sin embargo, tras estar recluido un poco más de un año, protagonizó una fuga de película en diciembre de 1972, que para la época dio de qué hablar en la ciudad por varias semanas.

Trejos desapareció y Medellín y algunos libros e historiadores indican que fue detenido en Nueva York, Estados Unidos, con tres kilos de cocaína.

La familia de Diego, por su parte, continuó haciendo obras en su honor y son varios colegios y espacios culturales en el departamento que llevan su nombre.

Y su castillo se convirtió en un museo, lleno de obras de arte y de reliquias, que ahora está escondido entre los edificios que fueron construyendo en El Poblado. Hay quienes dicen que Diego e Isolda todavía lo habitan, pero eso ya es una leyenda urbana.