6 de February de 2011 00:00

El ‘doctor en jefe’, es otra sombra de Obama

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Carolina Álvarez El Mercurio de Chile, GDA

Si Ronald Reagan ya sufría de alzheimer durante sus últimos años en la Casa Blanca, probablemente nunca lo sabremos con certeza. Pero las dudas que plantea su hijo menor, Ron, en su libro ‘My Father at 100’ (‘Mi padre a los 100’), lanzaron el siempre atrayente juego de los “¿Y si...?”.

Las responsabilidades del juego echaron luz sobre uno de los más desconocidos personajes en la Casa Blanca. Silencioso y con un maletín lleno de medicamentos, el doctor del Presidente está en todo momento al alcance del Mandatario. Administra una suerte de unidad de emergencia en miniatura a pocos pasos de la Oficina Oval y a bordo del Air Force One. Se mueve entre los agentes del Servicio Secreto, en el perímetro que algunos llaman la “zona de la muerte” que rodea al Jefe de Estado.

Cuando el Presidente sale, se traslada en la segunda limusina (en importancia, no necesariamente en orden) de la caravana, una que es igual a la del Mandatario. Su trabajo es de 24 horas, siete días a la semana y en cualquier parte del mundo. El capitán naval, Jeffrey Kuhlman, es el actual director de la Unidad Médica de la Casa Blanca. Y es probable que desembarque en marzo en Chile junto al Presidente Barack Obama, quien estará de gira por la región. “Desde el asesinato de John F. Kennedy, los doctores de la Casa Blanca son una ‘sombra’ del Presidente y tratan de estar cerca de él en todo momento, día y noche. Es por eso que la Unidad Médica de la Casa Blanca llega a casi 20 personas que están primordialmente enfocadas en mantener la salud del Presidente las 24 horas del día”, comenta a El Mercurio Robert Gilbert, profesor de la U. de Massachusetts en Amherst y autor de varias publicaciones sobre la salud de los presidentes de Estados Unidos.

El “doctor en jefe” guarda un bajo perfil. Pero es el personaje clave no solo para salvarle la vida a un Presidente, sino que también en un escenario en el que el Presidente ha quedado inhabilitado para servir en el cargo.

Si Ronald Reagan hubiera tenido alzheimer, algo que especialistas consideran improbable por cómo se desarrolló la enfermedad en él, su doctor podría haber planteado la necesidad de invocar la enmienda número 25. Ese capítulo de la Constitución de EE.UU. da las directrices para reemplazar en el cargo al Jefe de Estado.

El problema es quién tiene la última palabra para invocar la enmienda, ya que no existe un protocolo oficial para el caso. Hay dos tipos de inhabilitaciones, señala Jerrold Post, director de Psicología Política de la Universidad de George Washington y autor de ‘When Illness Strikes the Leader’ (‘Cuando la enfermedad ataca al líder’). Una es muy simple y es cuando el propio Presidente decide firmar una carta y transferir sus poderes al Vicepresidente, añade Post.

En febrero del 2010, el Presidente Obama se sometió a un chequeo médico general, con su doctor, el capitán naval Jeffrey Kuhlman. Los resultados mostraron a un mandatario en buen estado, pese a una lesión crónica en una rodilla, producto, quizá, de su afición al básquetbol. Kuhlman le recomendó que continuara tratando de dejar el cigarro y le sugirió una dieta para bajar el nivel del colesterol.

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