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Birmanos buscan ‘parar la economía’ como arma contra la junta militar

Manifestante de pie con sus escudos y gritar consignas durante una protesta en Yangon, Myanmar, 08 de marzo de 2021.

Manifestante de pie con sus escudos y gritar consignas durante una protesta en Yangon, Myanmar, 08 de marzo de 2021.

Manifestante de pie con sus escudos y gritar consignas durante una protesta en Yangon, Myanmar, 08 de marzo de 2021. Foto: EFE

Una huelga general busca desde este lunes “parar la economía” de Birmania como medida de presión contra la junta militar, mientras continúa la brutal represión de las protestas en favor de la democracia que este lunes 8 de marzo de 2021 dejó al menos tres muertos.

Las tiendas, bancos y fábricas de Rangún, la mayor ciudad del país, cerraron hoy tras el llamamiento de huelga de 18 sindicatos porque “continuar con los negocios como de costumbre y retrasar una huelga general solo beneficiará a los militares mientras reprimen al pueblo de Birmania”.

“Ahora es el momento de tomar acciones en defensa de nuestra democracia”, apunta la convocatoria de las 18 organizaciones sindicales, cuya acción se sumó a las protestas que desafían a diario la violencia de las fuerzas de seguridad, causantes de más de 50 muertes desde el golpe de Estado del 1 de febrero.

El movimiento de desobediencia civil, impulsado al principio por trabajadores sanitarios, comenzó días después del levantamiento militar y desde entonces se ha extendido por todos los sectores y ha conseguido prácticamente que la Administración deje de funcionar.

Parar la economía

“Los trabajadores de Birmania están preparados para tomar acciones que protejan la democracia y salven de la dictadura a las futuras generaciones”, remarca el llamamiento de los sindicatos, que pide desde hoy “parar completamente la economía”.

Las huelgas del movimiento de desobediencia civil que han seguido un tercio de los trabajadores de la Administración- según cifras no oficiales- y que están debilitando de manera considerable la economía, se consideran una de la armas más poderosas de la población para desestabilizar el poder del Ejército.

Los militares se hicieron con el control del país con el golpe de Estado del 1 de febrero, cuando detuvieron a parte del Gobierno, incluida la líder electa Aung San Suu Kyi, con la excusa no probada de un fraude electoral en las elecciones del pasado noviembre.

La junta militar ha incrementado las medidas de coacción contra los trabajadores y funcionarios que deciden no ir a trabajar y la noche del domingo se realizaron redadas nocturnas con multitud de detenciones.

Los soldados ocuparon además por la fuerza al menos seis hospitales y varias universidades en Rangún, la antigua capital, donde por la noche se vivieron escenas de tensión y pánico por el cerco policial a cientos de jóvenes manifestantes bloqueados en una zona del distrito de Sanchaung, en el centro.

Las fuerzas de seguridad bloquearon todas las salidas y dispararon en repetidas ocasiones mientras los manifestantes reclamaban a gritos que les dejaran salir.

La tensión y la incertidumbre sobre lo que estaba sucediendo llevó a las embajadas de la Unión Europea, Estados Unidos, el Reino Unido y Canadá a pedir al Ejército y a la Policía que permitieran a los cientos de manifestantes, en su mayoría jóvenes, abandonar la zona y volver a sus casas.

Violencia policial

La convocatoria de huelga general indefinida no restó fuerza a las protestas contra la junta militar en las principales ciudades del país, que recibieron la ya habitual respuesta violenta de las fuerzas de seguridad.

Dos personas murieron este lunes por disparos de la Policía delante de una iglesia católica durante una protesta en la ciudad de Myitkyina, en el norte, y otra falleció en una manifestación en Pyapon, mientras varias resultaron heridas, algunas de gravedad en diferentes lugares del país.

Uno de los fallecidos en Myitkyina recibió un disparo en la cabeza y el otro en el cuello después de que la Policía cargara contra los manifestantes, informó a EFE un testigo.

La brutalidad policial dejó escenas de pánico en la ciudad del norte del país donde se vio la presencia de Policía y de soldados y donde, según la prensa local, uno de los varios heridos está en estado crítico.

La Policía reprimió también con violencia las protestas en Mandalay, la segunda ciudad del país, donde los disparos de las fuerzas de seguridad hirieron al menos a seis personas, dos de ellas (una mujer de 22 años y un menor de 15 años) en estado crítico, según el portal Myanmar Now.

Día de la Mujer

Las protestas tuvieron un colorido especial en Ragún, donde algunas de las barricadas que buscan frenar las cargas de la Policía aparecieron hoy adornadas con hileras de longyi, una falda tradicional birmana, para conmemorar el Día Internacional de la Mujer, cuyo papel es esencial en las protestas contra el golpe.

Esta forma de protesta utiliza a modo de mofa la creencia popular birmana de que un hombre pierde su virilidad si pasa por debajo de una longyi (también conocido como htamein o sarong.

A lo largo de Birmania, miles de mujeres, muchas ataviadas con camisetas moradas y agitando banderas confeccionadas con la falda tradicional, salieron a protestar contra el levantamiento militar.

“Este movimiento de protesta pacífica, junto con el movimiento de desobediencia civil, ha visto a mujeres asumir una variedad de roles de liderazgo y se estima que el número de mujeres manifestantes es del 60 % del total”, apuntan en un comunicado cinco asociaciones garantes de los derechos de la mujer.

Al menos seis mujeres han muerto por la brutal represión ejercida por la Policía y el Ejército, mientras “muchas otras han sido detenidas de manera arbitraria y se hallan en alto riesgo de violencia, acoso y de asalto sexual con un limitado o nulo acceso a protección legal”, remarca el escrito, que recuerda el historial de violencia sexual de los soldados birmanos.

Los grupos feministas reclamaron hoy, al igual que las protestas que se expanden a lo largo del país, la restauración de la democracia, el respeto a los resultados electorales de noviembre y la liberación de todos los detenidos por los militares, entre ellos Suu Kyi, la depuesta líder y premio Nobel de la Paz.

El Ejército, que defiende la actuación policial, justificó la toma de poder por un supuesto fraude electoral en los comicios de noviembre, donde observadores internacionales no detectaron ningún amaño, en los que arrasó la Liga Nacional para la Democracia, el partido liderado por Suu Kyi, como ya hiciera en 2015.

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