7 de noviembre de 2018 00:00

El monitoreo de la velocidad y los radares reducen accidentes

Hace 10 días, la ANT implementó una sala de monitoreo para controlar los excesos de velocidad. Foto: Patricio Terán / EL COMERCIO

Hace 10 días, la ANT implementó una sala de monitoreo para controlar los excesos de velocidad. Foto: Patricio Terán / EL COMERCIO

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Redacción Seguridad

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La sala tiene cuatro monitores. Se trata de un centro de monitoreo que opera hace 10 días y sirve para controlar que 11 400 buses intra e interprovinciales que tienen GPS y cámara de seguridad no excedan los límites de velocidad.

Desde el 29 de octubre, personal de la Agencia Nacional de Tránsito (ANT), de la Comisión de Tránsito del Ecuador (CTE) y de la Policía trabaja todo el día y la información que reciben es procesada para saber quiénes cometen la mayor cantidad de infracciones.

Esta oficina se montó luego de que nueve siniestros viales, entre enero y septiembre pasados, dejaran al menos 50 muertos (ver cronología).

El último siniestro con fallecidos se reportó el pasado 18 de septiembre, en la vía Balsas-Machala. Un bus de la Cooperativa Nambija dejó 12 muertos y 27 personas heridas.

Monitoreo velocidad radares


Desde entonces no se han registrado más siniestros con muertes causadas por buses interprovinciales. Durante el último feriado de cuatro días tampoco hubo personas fallecidas por esta causa.

La ANT además registró una disminución del 86% de siniestros en buses intra e interprovinciales en comparación con igual feriado del 2017.

Álvaro Guzmán, director ejecutivo de esta institución, aseguró que el uso de la tecnología es el “pilar fundamental” para reducir los percances.

Sin embargo, no todos los buses cuentan con los dispositivos electrónicos para el monitoreo. A fines del mes pasado, la ANT indicó que aún falta instalar los equipos en un 5% de automotores. Ahora se dice que siguen instalando los aparatos, pues el plazo para hacerlo termina en diciembre.

En las cooperativas interprovinciales, sus representantes aseguran que también realizan actividades para reducir la mortalidad en las carreteras. Apuntan a la “concienciación de los choferes”.

Por ejemplo, la Cooperativa Nambija -que cumple 15 turnos diarios con 41 unidades desde y hacia cinco cantones de Zamora- ha dado charlas de concienciación y contrató una consultora para analizar la situación de sus conductores y para capacitarlos.

La formación se enfocó en reforzar los conocimientos de los conductores en la Ley de Tránsito, Código Penal, conducción a la defensiva, seguridad vial, prevención de accidentes de tránsito, psicología del conductor, entre otros.

Juan Obando, gerente de esta operadora, advierte que luego del accidente de septiembre la empresa está a la espera de saber cuál fue la causa que produjo el siniestro y así conocer si será sancionada o no.

La empresa enfrenta juicios por reparación integral de las víctimas. De los 12 fallecidos, cinco llegaron a acuerdos con la operadora y desistieron de la demanda. Dos están en proceso para llegar a este acuerdo y los cinco restantes no han acordado aún el pacto.

En una entrevista con este Diario, Obando reconoció que uno de los factores para que se produzcan los accidentes son los que ellos denominan “correteos” entre cooperativas.

Es decir que los buses compiten por recoger a más pasajeros en las carreteras.

Wilson Cantos, gerente de Cooperativa Turismo Oriental, que también protagonizó uno de los últimos accidentes mortales de este año, asegura que el exceso de frecuencias (turnos de salida) que se otorga en las terminales causa que los choferes compitan entre sí.

“Para cubrir la ruta Cuenca-Loja, las cooperativas Turismo Oriental, Viajeros y Loja salen todas al mismo tiempo a las 09:00”. Entonces, “ahí comienzan los correteos, porque las frecuencias se dieron sin ningún estudio técnico”.

En esta cooperativa han intensificado el control de las horas de descanso de los conductores entre viaje y viaje.

Cantos indicó que personal de la empresa se encarga de recibir a los choferes y no les permiten salir sino hasta seis horas después de cada viaje.

Allí también se trabaja en capacitaciones y charlas de concienciación para los choferes.

La ANT elaboró un perfil de riesgo de las operadoras, rutas y horarios más peligrosos. La idea es identificar a las operadoras que son más peligrosas para trabajar en modelos de gestión distintos, con el fin de reducir la siniestralidad.

Otra de las medidas que han tomado los entes de control de tránsito es la reubicación de fotorradares en los denominados puntos críticos de las carreteras estatales.

100 de estos dispositivos de seguridad se reubican en los sitios de mayor siniestralidad.

Por ejemplo, en la vía Papallacta operan 10 fotorradares y no se puede circu­lar a más de 60 kiló­metros por hora.

Los dispositivos fueron colocados en la primera semana de septiembre, para controlar el exceso de velocidad vehicular, luego del grave accidente de un bus de pasajeros (el 14 de agosto), que causó la muerte de 23 personas.

Otros 16 aparatos están en la Alóag-Santo Domingo y cuatro más en la Cuenca-Molleturo.

En el país hay 615 radares, pero la Comisión de Tránsito del Ecuador anunció que está a la espera de concretar la adquisición de 500 más.

En el caso de la Panamericana Sur o E35, entre Cotopaxi, Tungurahua y Chimborazo, 18 nuevos fotorradares se sumaron a los seis existentes.

La idea es reducir más los siniestros. De enero a septiembre de este año hubo 18 889 accidentes en el país. De ese número, 3 031 hechos se produjeron por exceso de velocidad.

Esta es la segunda causa de siniestralidad. Solo está superada por los percances causados por manejar descuidado.

Tras los siniestros que dejaron decenas de muertos se ordenó colocar más radares en las vías. La ANT anunció 10 medidas urgentes. Allí están, por ejemplo, el uso obligatorio de los cinturones en buses interprovinciales. Pero los usuarios prefieren no usarlos.

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