14 de June de 2009 00:00

Minoría dura

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Gonzalo Maldonado Albán

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Me pongo los guantes de operar y lanzo una nueva hipótesis: al Ecuador de hoy le pasa lo mismo que a la Rusia de fines del siglo XIX y principios del XX. ¿A qué me refiero? A esto:

Alrededor del año 1900, una minoría radical concibió un discurso revolucionario que promulgaba la igualdad y la justicia como los ejes de su acción política. Sus métodos no eran justos ni igualitarios pues -entre otras cosas- practicaban la violencia y exigían la sujeción absoluta de sus miembros a los jerarcas del movimiento.

La clase media y los intelectuales rusos desconfiaban de aquellos revolucionarios porque los consideraban fanáticos y sin escrúpulos. Sin embargo, no les opusieron demasiada resistencia porque detestaban más a la tiranía zarista. ¿Qué pasó? “Una minoría dura triunfó sobre una mayoría blanda” -como dijo Isaiah
Berlin- y se impuso en Rusia un modelo totalitario, peor o igual de malo que el anterior.

En el Ecuador de hoy sucede algo similar. Una minoría movilizada y militante -es decir ‘dura’- está imponiendo un régimen irrespetuoso de las libertades civiles y políticas a 13 millones de ecuatorianos. Al igual que en la Rusia del zarismo, esta amplia mayoría -‘blanda’- de ciudadanos no critica ese modelo autoritario.

Guarda silencio porque teme más a los vicios de la antigua política y porque cree que su protesta contribuiría al regreso del sistema anterior.

A este rechazo de la ‘partidoracia’ se suma otro elemento: cada vez más jóvenes claman por una identidad nacional; desean unos códigos y unas señas culturales que les permitan sentirse ‘verdaderos’ ecuatorianos. Lo mismo sucedió con la sociedad rusa de los años de 1900 y los radicales rusos construyeron su plataforma política sobre esa necesidad. Elaboraron un discurso de epítetos para los países industrializados como Inglaterra o Francia y otro de elogios para Rusia.

A los primeros se les llamó ‘materialistas’ y ‘calculadores’; a los rusos se les retrató como personas dignas, espirituales y decentes. Este discurso manipulador buscó desacreditar no sólo el bienestar material que los países industrializados habían alcanzado, sino también las instituciones de occidente: la democracia, la propiedad privada y el respeto a las libertades.

Exactamente igual hacen los militantes de la ‘Revolución ciudadana’. A pretexto de criticar los problemas del capitalismo y de la democracia -muchos de ellos reales, como el consumismo o el excesivo poder de las corporaciones sobre la política- están derrumbando el sistema de libertades vigentes en este país y en cualquier sociedad que aspire a la justicia y a la igualdad. Entre tanto, la vasta mayoría de ecuatorianos guarda silencio a pesar de que esta medida terminará perjudicándola enormemente.

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