12 de febrero de 2021 08:58

Migrantes buscan otra vida desde Panamá tras una peligrosa ruta selvática

Migrantes haitianos caminan a través del río turquesa hacía la comunidad de Bajo Chiquito, tras caminar desde Colombia

Migrantes haitianos caminan a través del río turquesa hacía la comunidad de Bajo Chiquito, tras caminar desde Colombia. Foto: EFE

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Agencia EFE

"Venimos de Brasil y de Chile. Estamos buscando una vida buena", dijo a Efe Evans Paul Pierre, haitiano de 33 años quien, junto a decenas de compatriotas, llegó a Panamá a través de la selva del Darién, la peligrosa ruta migratoria por la que intentan llegar a Norteamérica.

Evans tiene como destino México. Viaja con su hijo de unos 6 años y huérfano de madre. Ella murió en Chile a causa de la covid-19, relató con su limitado español este joven mecánico haitiano, que salió del país austral a finales de enero pasado.

"Estábamos allá (en Chile) sin trabajo. Por la pandemia se murió la mamá de mi hijo". La idea de este viaje es "la posibilidad de pasar a México y conseguir una cuestión buena para nosotros, para la gente que queremos hacer una vida buena", añadió.

Muchos haitianos llegaron a Brasil para construir los estadios para el Mundial de Fútbol de 2014 y terminadas las obras se fueron a otros países suramericanos. A los problemas de conseguir papeles para establecerse legalmente se sumó la crisis derivada de la pandemia, que los dejó sin medios de vida y empujó a buscar otros horizontes, ahora en Norteamérica.

Así lo explicaron los isleños a Efe en Bajo Chiquito, un remoto caserío indígena panameño situado a orillas del río Turquesa y cerca de la frontera selvática con Colombia.

Es esta peligrosa selva del Darién la ruta que siguen los haitianos, cubanos y africanos y asiáticos para entrar a Centroamérica en su tránsito hacia el norte. En la espesura del monte son víctimas de asaltos, violaciones sexuales y varios encuentran la muerte al caer por precipicios como el situado en el área conocida como "la loma", según los testimonios de los viajeros.

A Wednerson Similhomme, un haitiano de 25 años, le tomó casi 6 días atravesar la selva junto con su esposa y su pequeña hija.

"Mueren personas en el camino, hay gente que no puede caminar. Cuando entras acá", al poblado de Bajo Chiquito, "es mejor que en la selva, donde hay mafias, con pistolas … acá estamos más seguros", comenta este artesano a

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