20 de septiembre de 2020 00:00

La migración redujo el padrón electoral en Azuay y Cañar

Déleg disminuyó su padrón de 8 519 electores en el 2019 a 5 892, en la actualidad.

Déleg disminuyó su padrón de 8 519 electores en el 2019 a 5 892, en la actualidad. Foto: Lineida Castillo / EL COMERCIO

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Lineida Castillo
Redactora (I)

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Déleg, en el sur de la provincia del Cañar, luce deshabitado la mayor parte del año. Hay viviendas abandonadas y el silencio es casi permanente.

Este cantón, de 6 100 habitantes, tiene 28 años de creación, menos tiempo que el inicio del éxodo de su población hacia Estados Unidos, que empezó en la década de los 80.

La reducción de su población se refleja en el padrón electoral. Para las elecciones de febrero próximo, el Consejo Nacional Electoral (CNE) depuró y retiró del registro a los ciudadanos que no sufragaron en los últimos cuatro procesos.

Las cifras son reveladoras. Cañar perdió 41 234 votantes y Azuay, 69 884: son las provincias con mayor disminución de electores. El mayor impacto se registra en Déleg, que redujo su padrón en 30,83%. Es decir, bajó de 8 519 electores en el 2019 a 5 892, en la actualidad.

Le siguen Biblián (Cañar) con 28,20% menos de votantes y Girón (Azuay) con el 20,71%. José Burneo, director de Procesos Electorales del CNE-Azuay, dice que debido a los emigrantes el ­ausentismo era alto en los procesos electorales.

Por ejemplo, en las elecciones del 2019, balcanzó el 56,76% de ausentismo. Eso significa que 3 684 personas sufragaron y 4 835 no lo hicieron. Según Burneo, a los ciudadanos ausentes no se les elimina ni se les retira el derecho al sufragio, sino que pasan a un ­padrón pasivo.

Cuando ellos regresan al país o lo consideren necesario llenan un formulario y realizan un trámite para reingresar al padrón activo. Para las elecciones del 2021, el CNE recibió 10 trámites de reingreso en Azuay y ninguno en Cañar.

No obstante, para los comicios de febrero próximo habrá nuevos ausentes porque la migración no ha parado, dice Geovanny Chuya, alcalde de Déleg. Esta vez, la crisis económica derivada de la pandemia del covid-19 provocó otro éxodo importante.

Cornelio Beltrán, por ejemplo, despidió hace un mes a tres familiares oriundos de la comunidad de Sigsipamba, en Déleg. En una semana llegaron a Estados Unidos, arriesgando sus vidas al cruzar la frontera mexicana. “La gente se expone porque no hay otra salida al desempleo”, dice Beltrán.

Él estuvo ocho años en ese país; ahora trabaja haciendo fletes en Cañar. Tiene hermanos, hijos, primos, sobrinos y otros familiares en EE.UU. y cuenta que Sigsigpamba, Chunchún, Bayandel, El Rocío y La Colina son las comunidades de mayor migración.

La mayoría de los primeros migrantes legalizaron su estadía en Estados Unidos. Ellos llegan de vacaciones cada año, entre julio y septiembre, para las fiestas patronales de sus comunidades, compartir con sus familias y dinamizar la economía del poblado. Este año no arribaron, por el covid-19.

Pero en los años anteriores, las calles desoladas recobraban el movimiento. “Llegaban por las fiestas y no lo hacían para sufragar, porque no les importa”, explica Beltrán.

Francisco Vizcaíno es dueño de una tienda en Déleg. Según él, “los candidatos abundan, pero el abandono del cantón es evidente”. El 92% de la zona urbana cuenta con agua entubada y el 83%, con alcantarillado.

Para las últimas elecciones participaron seis candidatos a la Alcaldía. Las propagandas de los movimientos políticos y de los candidatos permanecen pintadas en las paredes de las viviendas abandonadas.

Geovanny Chuya llegó a la Alcaldía con 1 385 votos, frente a los 862 que obtuvo su contendor. Dice que para frenar la migración dispuso que los contratos de obras civiles se ejecuten con mano de obra local.

En la actualidad, se realiza el adoquinado de las calles céntricas Fray Vicente Solano y Cacique Casai. Además, se invierten USD 411 000 al año en proyectos de asistencia social para 565 adultos mayores que están abandonados porque sus familiares migraron.

Una situación similar ocurre en el cantón azuayo de Girón, ubicado 45 minutos al suroeste de Cuenca. El centro cantonal luce casi vacío. La mayoría de las personas que caminan por sus calles pertenece a la tercera edad, cuyos hermanos, hijos, nietos y sobrinos emigraron.

Estos últimos formaron en Estados Unidos una agrupación que se denomina Achiras de Corazón. Envían dinero para financiar obras de ayuda social e infraestructura en Girón, como un hospital y guarderías.

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