5 de julio de 2018 00:00

Migración de otavaleños lleva ocho décadas

En Colombia, el Cabildo Kichwa de Bogotá tiene un grupo de música dirigido por Alfonso Tuntaquimba (bombo)

En Colombia, el Cabildo Kichwa de Bogotá tiene un grupo de música dirigido por Alfonso Tuntaquimba (bombo). Foto: Cortesía Cabildo Kichwa de Bogotá/El Comercio

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Washington Benalcázar
Redactor. (I)
wbenalcazar@elcomercio.com

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El espíritu aventurero y emprendedor de los kichwas Otavalo es el motor que les ha permitido, en las últimas ocho décadas, reproducir su cultura en diversas latitudes del planeta.

No hay cifras de cuántos comerciantes de artesanías y músicos indígenas -las dos principales actividades productivas a las que se dedican los otavaleños- están regados por el mundo, comenta José Quimbo, líder kichwa y vicealcalde de Otavalo, en Imbabura.

Lo que sí se conoce es que Colombia acoge al mayor número de personas de esta etnia que viven en el extranjero. Son unos 3 000 miembros que integran el Cabildo Mayor Indígena de Bogotá, ratifica Luis Alfonso Tuntaquimba, gobernador de la entidad, que tiene el reconocimiento oficial del vecino país.

La mayoría son hijos y nietos de los primeros migrantes, que salieron a partir de la década del 40, desde las comunidades Quinchuquí y Peguche. A pesar de haber nacido en Colombia, Tuntaquimba se autoidentifica como indígena Otavalo. Así también lo hacen sus hijos, por hablar en idioma kichwa, mantener el cabello largo y la ropa tradicional.

El Cabildo de Bogotá vela por los derechos de los kichwas nacidos en Colombia y en Ecuador, que van y vienen. Colombia, la nación más cercana a Imbabura, era el destino natural, luego de que “nuestros abuelos recorrieron prácticamente todo el Ecuador ofreciendo ropa de lana elaborada en telares”, explica Quimbo.

También señala que en las décadas del 50 y 60, los ‘mindalaes’, como se denomina a los comerciantes indígenas, fueron expandiéndose a Venezuela, Brasil, Chile, Argentina, México y Estados Unidos.

Lo hicieron siempre buscando las naciones con estabilidad económica y moneda fuerte. En los 90 fueron a Europa. Ahora prácticamente están en todo el mundo. “Yo he visto a paisanos en España, Francia y Alemania”, recuerda Aurelio Cachimuel, comerciante de artesanías. Hoy, de 66 años, prefiere vender camisas, abrigos, bolsos y manillas en la Plaza de Ponchos, de Otavalo.

Asegura que los kichwas tienen sangre aventurera. Rememora que a pesar de no conocer las lenguas europeas, no perdía la oportunidad de hacer negocios. Para ello escribía en un papel el precio de alguna prenda que llamaba la atención de los potenciales clientes.

Esa técnica también la utilizó Luis Farinango, de 56 años, que vivió en Europa. Pero antes recorrió Colombia, Perú y Chile. Tiene familiares en Holanda y en España. Ahora su hijo José, de 18 años, se alista para ‘probar suerte’ en esos países, como lo hizo su padre.

En la actualidad, las mayores comunidades de nuestros hermanos, en Sudamérica, están en Colombia, Brasil y Chile, en ese orden, comenta Rocío Cachimuel, líder de la Federación de Indígenas y Campesinos de Imbabura (FICI).

Resalta el olfato de los comerciantes kichwas para las transacciones. Ese factor fue determinante para que la mayoría abandonara Venezuela y viajase a otras naciones.

El espíritu emprendedor de los Otavalo permite que sean apreciados en diversas latitudes. Es por ello que, incluso, son considerados nuestros representantes culturales, señala Francisco Aguirre, embajador de Ecuador en Guatemala.

Comenta que hace 18 años llegó a esa nación un grupo de kichwas para comercializar textiles. Se asentaron en Antigua, una urbe de clima cálido. Pero luego se afincaron en Xela, departamento de Quetzaltenango, en donde tienen el aprecio de los vecinos.

Como en otras urbes, llegaron con sus costumbres. El mes anterior lideraron la celebración del Inti Raymi, que se realizó por primera vez en la ciudad, con el apoyo de la Embajada y del Municipio local.

El único lugar en donde han sido señalados es en Chile, tras el asesinato de una ciudadana de ese país, el 18 de junio, en el que están implicados cinco jóvenes otavaleños.

Mario Conejo, exalcalde de Otavalo que se desempeñó como cónsul de Ecuador en Santiago de Chile, entre febrero del 2016 y septiembre del 2017, confía en que la fama ganada por los ecuatorianos prevalezca.

Asegura que la sociedad chilena aprecia mucho a los migrantes ecuatorianos, algunos profesionales. Ahí también viven 2 000 comerciantes kichwas que, como el resto de sus paisanos, van y vienen.

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