20 de September de 2009 00:00

El ‘Mashi’ Maldonado, el único con licencia para bromear con Correa

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Ángela Meléndez

Un recuerdo viene a su memoria,  le corta la voz y le diluye la sonrisa. José Maldonado revive el día en que su hijo Ñusti (príncipe, en quichua) le dijo que quería tener el pelo largo como su abuelo José Antonio. Pero en el colegio católico   le dijeron que no, que debía cortarse el guango...

Esta escena le hizo pensar en lo que sus padres, indígenas los dos, enfrentaron al emigrar a Quito desde Peguche (Imbabura), una pequeña comunidad rural con grandes cascadas, pero con  escasos servicios y pocas  fuentes de empleo.

Hoja de vida
José Maldonado Córdova
Nació en Peguche  (Imbabura),  el 27 de abril de 1958. Desde niño vivió en Quito con  su familia.
Es economista  y el menor de tres  varones. Vive en Santa Prisca, con su esposa, hijos, hermanos y madre.
Es asesor bilingüe  del Presidente. Le da clases de quichua y hace las  traducciones de sus enlaces.

Su padre dejó el pueblo a inicios de los años cuarenta, pero en la capital se encontró con un muro más fuerte: la discriminación. “Aquí no entran indios. Nos tuvieron que cortar el pelo, cambiar la ropa..., mi mami sufrió”.

Maldonado, de 51 años, es quien se sienta junto al mandatario Rafael Correa todos  los sábados y traduce al quichua, en un breve resumen, las largas intervenciones presidenciales.

El Mashi (compañero, en quichua), como le dice el Jefe de Estado, es el único que se atreve a tomarle el pelo a este Mandatario que se caracteriza por hacerse temer, y  que  exige  respeto a su autoridad. Mientras Correa habla, José está frente a él, toma nota y apunta detalles que le servirán para las bromas.

A veces olvida que está con público y sus chistes suben de tono. Pero Correa se lo permite.  A pesar de la confianza que existe entre los dos, el Mashi tuvo que pedir autorización a su jefe para hablar con este Diario.

Desde su niñez se oculta en una vestimenta diferente a la indígena. El pasado miércoles, en  su oficina, vestía un pantalón casimir gris, zapatos vino y  camisa a rayas. Para él es una ventaja  esconderse en esta ropa porque “ser indio era y es duro”.

Maldonado es asesor lingüístico del Presidente. Un cargo relevante para un Mandatario que intenta comunicarse  con la gente común.  Su labor cotidiana en Carondelet, entre las  08:00 y las 17:00, se resume en clases de quichua a Rafael Correa (ahora suspendidas)    y a funcionarios de la Presidencia y traducción a su idioma de las noticias oficiales.

A las jornadas sabatinas solo ha faltado dos veces. En una de ellas estuvo ausente sin comunicarlo  a Correa, quien se molestó. Un papel y su memoria le bastan para traducir lo que dice el Presidente. Esa memoria y su manera de ser, disciplinada y rigurosa, son sus mayores atributos.

Su esposa, Mónica Torres, que no es indígena y con la que lleva 19 años de matrimonio,  fue su alumna de quichua en la U. Católica. Se enamoró de José por su inteligencia, su carácter firme y exigente.  Lo último lo heredó de su padre, un artesano. Si el tejido de una bufanda o de un poncho salía mal, José debía repetirlo hasta que quedara perfecto.

El rigor también  es parte de su vida familiar y lo aplica, junto a altas dosis de ternura, a sus hijos Tamia (lluvia), Ñusti (príncipe) y Tiyana (existencia), quienes llevan esos nombres por sus raíces indígenas, a las que el Mashi es muy cercano. Incluso,  cuida de su madre, por ser el último hijo, de tres  hermanos varones.  

Maldonado tiene tres vínculos con Correa: la profesión, la amistad y el interés por el mundo andino. Los dos son economistas. Para José,  la diferencia es que él estudió en la Pontificia Universidad Católica, que es “la mamá” de la Católica de Guayaquil.

El Mashi comparte con el Presidente su idea de la revolución ciudadana,  porque cree que ayudará a los más vulnerables, pero también se pregunta de dónde salió lo de socialismo del siglo XXI, aunque supone que de las vivencias del Presidente.

Las diferencias con el Mandatario se evidencian en sus afectos deportivos. Correa es emelecista, pero Maldonado, del Deportivo Quito.
¿Por qué del Quito, si  es imbabureño? El equipo le ganó el corazón en 1968, cuando el titular de un Diario le impactó: “El Quito le ganó al Emelec... Óscar Omar Barreto hizo un gol de antología...”. Ese año, el equipo de la Plaza del Teatro fue campeón.

El Mashi no ha ejercido su profesión, excepto una vez, cuando hizo un trabajo sobre economía andina para una fundación extranjera, pero fue un corto tiempo. Más bien su vida ha estado vinculada a la cátedra, desde 1984, como profesor empírico de quichua (su hermano Jaime le enseñó). Luego hubo más propuestas para la docencia.

En la Universidad  San Francisco de Quito también tuvo cátedra. A una de ellas, en 2005, Correa llegó como oyente con los libros bajo el brazo y una taza de café. Desde allí es su alumno. En 2006, el Mandatario le invitó a ser parte de su proyecto para fortalecer su imagen andina en campaña y, desde junio de 2007, es el traductor oficial, luego de que Mónica Chuji dejara esa labor.

Sus críticos dicen que a veces sus traducciones no son exactas y que irrespeta el idioma, y lo  mezcla con el castellano. Pero él está convencido de que hablar en quichua al país, aunque  sea   dos minutos,  fortalece la presencia del mundo indígena. 

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