23 de September de 2009 00:00

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Manuel Terán

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El proyecto de reforma tributaria presentado por el Gobierno para aprobación por la Asamblea, en la cual goza de mayoría, sigue el camino trazado: restar recursos a los particulares para atender las necesidades del gasto público.

Podrían centrarse en tres puntos principales los ejes de esta reforma: ampliar el impuesto a la salida de capitales, que al no discriminar los conceptos causa una carga, más temprano o más tarde al ingreso del inversionista con lo que meditará antes de traer recursos a este país;  gravar con el 10% adicional a los dividendos y participaciones que reciban las personas naturales con lo que, en los hechos, la carga impositiva sobre las utilidades de las empresas, incluida la de los trabajadores, se vuelve de las más elevadas de la región; y, el pago de un anticipo al impuesto a la renta  generalizado en donde la novedad es que, para su cálculo, no se restan las retenciones efectuadas en el período fiscal. El sector formal de la economía entregará recursos al Fisco en perjuicio de su liquidez. 

Al tratar este último punto hay que indicar que el sistema de retenciones en la fuente se lo concibió en sí mismo como un anticipo al impuesto a la renta. Ahora, con la reforma propuesta, en la práctica existirán dos sistemas por los que el Fisco recibirá dinero con antelación,  independientemente a que se produzca o no el hecho gravable, en este caso la utilidad o renta.  Esto no afecta, como afirman los autores de la propuesta, a quien no paga impuestos. Está dirigido a resolver problemas de liquidez de la Caja Fiscal en desmedro de la liquidez del sector productivo formal que, precisamente, es el que sostiene la economía. Para atender estas obligaciones, muchas empresas tendrán que acudir nuevamente al sector financiero.

Esto les hará perder rentabilidad a más de todos los esfuerzos desplegados para obtener financiamiento, precisamente en momentos que no son tan buenos debido a la crisis ¿Será ese un clima favorable para invertir? ¿Se podrán generar plazas de trabajo en ese ambiente plagado de dificultades? Lo más probable es que muchos apostarán por sobrevivir con lo que difícilmente observaremos en el plazo mediato una mejora en los índices de empleo y subempleo.

En momentos en que a nivel mundial, los gobiernos buscan en el sector productivo un aliado estratégico para salir de la crisis, aquí se le pone todo el peso sobre sus hombros. Probablemente habrá algún alivio fiscal pero en desmedro del sector privado que, en estas condiciones, frenará la inversión. Con ello, no se puede pensar que este país se encamina en forma sólida y permanente a solucionar su principal problema: la falta de empleo y todas las inequidades derivadas de su carencia. El Estado podrá seguir entregando subsidios hasta que sus recursos escaseen por factores exógenos o por falta de impulso a la actividad privada. En ese momento ¿hacia dónde volveremos las miradas?   

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