14 de September de 2009 00:00

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Enrique Echeverría G.

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Insistimos: los organizadores de los comités de defensa de la revolución ciudadana deben tener sumo cuidado en los alcances que, a este propósito, pueden dar algunos elementos de base. Si hay algún o algunos violentos, tratarán de descargar su agresión en quienes consideren enemigos del Gobierno. Recordemos que en este mismo año ensayaron un ataque físico a Globovisión, en Caracas, bajo el comando de una mujer -Lina Ron-, conocida como ‘La Incontrolable’, incondicional del coronel.

La pasión humana no tiene límites ni con la cultura. Recordemos los episodios recientes en las cárceles Abu Ghraib, de Iraq, y, Guantánamo, en Cuba, pese a ser administrada por norteamericanos. No olvidemos que en un pueblo de alta cultura como el alemán, bajo Hitler llegaron al extremo de los campos de concentración. Y qué decir de la barbarie en pueblos africanos.

Estos episodios no son nuevos: en Alemania nazi  el director de propaganda  de Hitler fue Josep Paúl Goebbels, iniciado como jefe de Propaganda del partido, y, más tarde, ministro de Instrucción Pública y Propaganda.

Demostró alta eficacia en esta última labor. Proclamaba que el Régimen debe emitir, con frecuencia, argumentos nuevos a un ritmo tal que cuando el adversario responda, el público esté interesado en otras cosas. No es nuestro ánimo sugerir que algún  Goebbels criollo esté actuando dentro del movimiento de CDR ni pedir que se investigue qué hacen en nuestro país -particularmente en Quito- centenares de ciudadanos cubanos que han vivido, durante medio siglo, bajo un régimen de control absoluto en la dictadura de los hermanos Castro.

Pero no deja de preocupar cierta similitud de la regla anterior con las ‘cadenas’ de los  sábados, cuando el Jefe del Estado lanza una tesis cuyo contenido y proyección ocupan toda la semana en discusiones; y, al siguiente sábado, propone otro asunto similar.

También cabe poner atención en el vestuario: miramos en la televisión cómo los partidarios del coronel Chávez, en Venezuela, se identifican con camisa roja. En el pasado, los militantes de la Falange española, al servicio del eterno dictador Francisco Franco, usaban camisas azules. Los seguidores del fascista Mussolini usaron camisas negras; y los del partido nazi, camisas pardas. En nuestro país, aparecen uniformados los aspirantes a conformar los  CDR, con camisa verde.

El mayor peligro para el propio presidente Correa sería que numerosos miembros de CDR puedan ensayar carrera política, comandando reinvindicaciones de ciudadanos de su zona, contraídas a obras y servicios por parte del Gobierno. La experiencia ecuatoriana muestra que cuando no consiguen por las buenas,
ponen en práctica paros y marchas, con todos los peligros para la seguridad de las personas,  propiedades y la paz social.

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