30 de agosto de 2019 00:00

Manta, en emergencia sanitaria indefinida

Por el alcantarillado pluvial se descargan las aguas servidas que salen de las conexiones clandestinas en Manta. Foto: Juan Carlos Pérez para EL COMERCIO

Por el alcantarillado pluvial se descargan las aguas servidas que salen de las conexiones clandestinas en Manta. Foto: Juan Carlos Pérez para EL COMERCIO

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María Victoria Espinosa

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El sistema de alcantarillado sanitario de Manta está deteriorado y los ríos Burro, Manta y Muerto se han contaminado por las descargas diarias de aguas residuales.

Por esa razón, el cantón manabita fue declarado en emergencia sanitaria, según el alcalde de Manta, Agustín Intriago.

Esta medida será indefinida, hasta que se consigan los recursos para remediar la contaminación de los ríos y construir un nuevo plan maestro de alcantarillado sanitario y pluvial en las zonas urbana y rural. Para este proyecto integral se necesitan USD 300 millones.

La semana pasada, el vicepresidente Otto Sonnenholzner recorrió las zonas afectadas y se comprometió a conseguir los recursos para realizar los estudios. Se hará a través de un crédito con el Banco de Desarrollo del Ecuador, por USD 15 millones. Con ese monto se financiarán los estudios y se trabajará en la desconexión de aguas servidas a las redes del alcantarillado pluvial.

El gerente de la Empresa Pública Aguas de Manta (EPAM), Ángel Moreira, afirmó que el 65% del alcantarillado ya cumplió su vida útil y la población ha crecido.

Por la falta de alcantarillado sanitario, los habitantes se conectan a la red pluvial, a través de 300 redes clandestinas; todas las aguas servidas caen directamente a los ríos. Esas descargas empezaron hace 25 años, pero se agudizaron en los últimos tres años, porque el terremoto afectó las tuberías sanitarias y los moradores se conectaron a las de aguas lluvias. Eso originó que se llenaran de sedimentos y colapsaran.

TÍTULODESCRIPCIÓN

A orillas de los tres ríos se levantan 100 barrios, que conviven con el desagradable olor que llega de los afluentes. En el sector de Miraflores, los moradores cruzan los puentes peatonales corriendo y con la nariz tapada, porque el olor es insoportable. Además, permanecen con las ventanas cerradas aunque haga calor. “Ese olor hace que nos duela la cabeza. A veces, cuando es muy fuerte, me voy a pasar el día donde mi familia en otros barrios”, señala Diana Zambrano, moradora de Miraflores.

Para remediar esos malos olores, se realizan trabajos de limpieza y reparación de las tuberías. En la ex-Zona Cero (av. 24 de Noviembre), se repara un colector de aguas residuales que colapsó este mes.

Los técnicos de la EPAM sacaron más de 3 toneladas de sedimentos (4 volquetas de 8 m³, cada una) en un área de 150 metros. Moreira dice que al limpiar el colector descubrieron que la tubería estaba aplastada y que debe ser reemplazada. Se gestionan recursos para realizar los estudios para el alcantarillado sanitario y una nueva planta de tratamiento de aguas residuales.

La comunidad hotelera de Tarqui y de los barrios perjudicados también realizan gestiones. Hace dos semanas enviaron una carta a la Asamblea Nacional. “Invitamos a los asambleístas para que recorran la zona y perciban el olor con el que vivimos a diario”, dice Félix López, de 75 años.

Él fue uno de los primeros dirigentes de Miraflores y afirmó que hace 10 años se investigaron 200 redes clandestinas, que fueron sancionadas.

La EPAM descubrió 300 en los últimos tres meses. En el 2018, ocho familias fueron sancionadas por tener conexiones clandestinas. También se realiza una investigación a las empresas para verificar el cumplimiento de las normas de evacuación de residuos.

Francisco Zambrano es administrador de uno de los siete hoteles que están en pie en la parroquia Tarqui, una de las más afectadas por el terremoto. En el sector se instalaron nuevas redes de alcantarillado, por USD 23 millones, tras el sismo. Sin embargo, las conexiones clandestinas ocasionan malos olores en la zona hotelera. “Los turistas no aguantan el olor y se van a otros sitios de Manta”.

Un informe de un muestreo de la Prefectura en el 2018 determinó que 13 ríos provinciales están contaminados con coliformes fecales. Los afluentes están en Portoviejo, Santa Ana, 24 de Mayo, Pedernales, Chone, entre otros.

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