16 de julio de 2018 00:00

Cada lunes se multiplican los pedidos en la Plaza Grande

Familiares de desaparecidos reclamaron acciones del Gobierno, el lunes 9 de julio. Eduardo Terán / EL COMERCIO

Familiares de desaparecidos reclamaron acciones del Gobierno, el lunes 9 de julio. Eduardo Terán / EL COMERCIO

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Diego Puente

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El Himno Nacional se entona. Gorras abajo y manos sobre el pecho. Es el inicio de la ceremonia del Cambio de Guardia Presidencial frente al Palacio de Carondelet.


Mientras la bandera tricolor se iza y los policías ponen su mano como visera, un grupo grita y demanda al Estado que encuentre a María José Ponce, su hija Lirio Sofía y Michelle Montenegro, tres mujeres reportadas como desaparecidas.

Los ojos de la vicepresidenta María Alejandra Vicuña, quien está en el balcón del Palacio, apuntan al centro de la plaza. Ministros y representantes de grupos sociales y políticos a favor del Gobierno la acompañan. El pasado lunes, el presidente de la República, Lenín Moreno, estuvo ausente.

El ruido que se produce en la plaza rompe la solemnidad militar que caracteriza al Cambio de Guardia.

El bullicio hace que la mirada de la Vicepresidenta de República vacile y ponga sus ojos, por unos segundos, sobre el grupo que toca tambores, grita consignas, mueve pancartas y agita banderas.

El Cambio de Guardia, que se realiza todos los lunes, se convirtió en el espacio para que grupos sociales y políticos presenten sus exigencias al Gobierno. Antes, durante casi una década, solo se permitió el acceso a los grupos favorables al Régimen.

El acto empieza a las 11:00. En él participan miembros militares que se encargan de la seguridad de Carondelet. Lucen los uniformes de casacas azules y pantalones blancos de la época independentista. En total, son 250 miembros de la Escolta presidencial que cumplen distintas actividades.

Mientras los caballos, con pompones bicolores sobre sus crines, se pasean por la Plaza, Larry Ruiz Rivas permanece sentado en la silla de ruedas frente al Palacio. Hace dos años tocó un cable de alta tensión con su cara. La corriente le afectó sus extremidades, produjo que le amputaran la nariz y parte de los labios. Perdió los dientes y le dejó ciego.

Él busca atención en el exterior. Junto con sus familiares acudió al Cambio de Guardia para pedirle ayuda a Moreno. En sus manos están oficios enviados al Mandatario.

Al lado de la familia de Ruiz está otro grupo con gigantografías en las que reclaman el Primer Mandatario su intervención. Son los integrantes de la Asociación de Industriales Gráficos de Pichincha.

La petición puntual es que se obligue a presentar una factura física conjuntamente con la factura electrónica. En una carpeta, hecha en sus propias imprentas, presentaron esa misma mañana un documento formal al Mandatario.

Además, quieren que su trabajo deje de considerarse como “industria insalubre”, porque en el pasado utilizaban plomo. Al estar considerados en esta categoría, se paga un 8% más al seguro social y los trabajadores se jubilan cinco años antes que el resto. “Eso nos quita competitividad”, dice Rodrigo Silva, presidente de esta Asociación.

Entre 100 y 120 cartas son dirigidas, en promedio, de lunes a viernes al Primer Mandatario. En el Departamento de Gestión Documental, que queda detrás de Carondelet, señalan que los lunes las solicitudes llegan a las 200. El aumento se debe a la presencia de grupos sociales que llegan desde otras provincias a demandar diversos asuntos al Presidente.

Las peticiones que le hacen al Jefe de Estado son variadas. Van desde invitaciones a almuerzos, desayunos e inauguración de campeonatos deportivos. También hay peticiones para que realice matrimonios (le faculta la Ley), entregue viviendas, otorgue puestos de trabajo o ayude económicamente a familias necesitadas.

Los parientes de las mujeres desaparecidas no dejaron pedidos por escrito. Querían que su voz se escuche y que el Ejecutivo actúe. Después de zapatear y de gritar, una delegación fue invitada para ser recibida por la Vicepresidenta.

Otro grupo que no presentó un documento por escrito fue le de los representantes de los jubilados de la salud. Este se reúne cada lunes en la plaza. Reclama un incentivo que el Estado les adeudaría desde el 2009. Avelina Narváez, una de sus representantes, calcula que se necesitarían cerca de USD 84 millones para atender a unos 1 400 extrabajadores.

Quienes sí llevaron una petición por escrito fueron los integrantes de la Asociación de Centros de Rehabilitación del Guayas. Llegaron en la madrugada a Quito y sin desayunar fueron al cambio de guardia con la esperanza de que el Presidente escuche su petición, para que les dé más tiempo para adecuar las clínicas y evitar el cierre. El plazo concluirá este fin de mes.

Cerca de 20 minutos dura el acto. Durante ese tiempo, las familiares de María José, Sofía y Michelle no se callan. Cada que los militares gritan “vivo” por un caído en batalla, ellas silban. Piden que las mujeres desaparecidas tengan prioridad, ya que mantienen la esperanza de que estén vivas.

Las botas negras, con las espuelas que chocan entre sí, se retiran de la Plaza Grande. Las zapatillas de los amigos y familiares que buscan respuestas del Gobierno se quedan.

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