30 de octubre de 2017 21:26

Lula desafía a sus enemigos al cierre de su segunda gira por Brasil

Vestido esta vez de negro, y acompañado de nuevo por su sucesora Dilma Rousseff -destituida el año pasado-, el exmandatario no dudó en señalar a sus enemigos de las “élites” como los culpables de su compleja situación judicial. Foto: AFP

Vestido esta vez de negro, y acompañado de nuevo por su sucesora Dilma Rousseff -destituida el año pasado-, Lula no dudó en señalar a sus enemigos de las “élites” como los culpables de su compleja situación judicial. Foto: AFP

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Agencia AFP

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El expresidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva desafió este lunes, 30 de octubre del 2017, a sus enemigos en el cierre de su segunda gira de cara a las elecciones de 2018, para las que sigue liderando los sondeos pese a su condena por corrupción.

“Si Lula incomoda a mucha gente, imaginen los miles de Lulas que están conmigo”, afirmó desatando los vítores de sus seguidores en una plaza de Belo Horizonte, capital del estado de Minas Gerais (sudeste), donde visitó 20 ciudades en una semana.

“Yo aprendí a no desistir. Con esta energía vamos a darle la vuelta al partido y vamos a traer la democracia de regreso a este país”, añadió con su voz rasgada, días después de haber cumplido 72 años en plena caravana.

Vestido esta vez de negro, y acompañado de nuevo por su sucesora Dilma Rousseff -destituida el año pasado-, el exmandatario no dudó en señalar a sus enemigos de las “élites” como los culpables de su compleja situación judicial.

“Lo que ellos no pueden aceptar es que Lula montara un partido de izquierda, que se convirtiera en el mayor de América Latina, y que ganara dos veces las elecciones”, aseguró en referencia a sus dos mandatos (2003-2010).

Según la última encuesta publicada por Ibope el domingo, el carismático exlíder sindical también sería el más votado en una hipotética primera vuelta de las elecciones de 2018, con un 35% de apoyos, seguido de lejos por el ultraderechista Jair Bolsonaro, con 13%.

Pero el camino de vuelta a Brasilia podría torcerse en cualquier momento para Lula, que es también uno de los políticos más rechazados del país.

A esta ambivalencia se suman los siete procesos que tiene abiertos en la justicia por delitos que van desde el tráfico de influencias hasta la asociación ilícita.

El juez Sergio Moro ya lo condenó en julio a casi 10 años de prisión por recibir un apartamento a cambio de beneficiar ilegalmente a una constructora con obras en Petrobras.

Lula fue autorizado a recurrir en libertad esa sentencia, que aún debe ser ratificada en segunda instancia, lo que podría sacarle de la carrera electoral.

“Quiero que me pidan disculpas, a mí y al pueblo brasileño”, lanzó reiterando su inocencia.

Durante esta segunda caravana, en la que ha recorrido en autobús 1 500 kilómetros del interior de Minas Gerais, el exmandatario no ha reunido a grandes multitudes, aunque tampoco lo consiguieron los actos convocados en su contra.

Más ambiciosa fue su gira de septiembre por el empobrecido nordeste -bastión electoral de su Partido de los Trabajadores (PT) -, donde pese a no mantener la misma fuerza del pasado mostró que sigue siendo un héroe popular.

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