5 de June de 2009 00:00

'Lujuria y traición'

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Quizás  su filme más maduro, ‘Brokeback mountain’, marcó más explícitamente esa inevitable sensualidad que sabe imprimir el director taiwanés en la mayoría de sus trabajos. Ese concepto de lo sensual es llevado a su máxima expresión en su última cinta, ‘Lujuria y traición’.

Esta película sabe cómo combinar con equilibrio, ritmo y belleza  un melodrama sobre buenos y malos, cubierto de erotismo, en medio de un conflicto político mundial.

Precisamente el contexto de esta historia se sitúa en la China ocupada por los japoneses durante la Segunda Guerra Mundial. En  un país devastado y empobrecido por el conflicto bélico, un grupo de estudiantes de teatro decide llevar su discurso dramático de liberación al plano político de la acción.

Ellos deciden formar a una de las integrantes del grupo como espía. Así, ella intenta ingresar al círculo íntimo de un colaboracionista chino con el Gobierno japonés para ganarse su confianza y luego poder asesinarlo.

Tras un intento frustrado, el grupo retoma el plan en el último año de la guerra. Y, poco a poco, la joven actriz se va metiendo más en su papel, sin pensar que en cualquier momento su destino puede estar en manos del descubrimiento de la verdad por parte de sus enemigos.

‘Lujuria y traición’ es una atípica historia sobre la posibilidad de amor dentro de un contexto en el que lo malvado y el deseo instintivo pueden envolver y segar las intenciones individuales  de ansia de libertad.

Lee resuelve con verosimilitud y eficacia la sucesión de hechos que rodean a una pareja que se alterna en los papeles de víctima y cazador.

Lee logra esto a partir de una relación que parte del engaño, pero que poco a poco se convierte en una suerte de necesidad ambivalente entre la estudiante  obrera y el traidor a la patria.

Pero, es además el sentido metafórico que el director subraya en esta enfermiza relación lo que hace que el relato fluya. El director simboliza la ocupación japonesa en una China sometida, con la relación de la pareja protagonista. Es este sentido de posesión y sumisión que se manifiesta sexualmente entre los personajes de Tony Leung y Tang Wei lo que simboliza el hecho histórico  que ocupa el relato.

Además, Lee expresa con un lenguaje preciosista una suerte de contraste entre la belleza que rodea a la historia y la oscuridad ambigua con la que sintetiza a sus personajes.

Una estupenda fotografía y una puesta en escena en donde la cámara flota entre los personajes a ritmo de tango hacen del relato de Lee un bello filme dentro de una situación perversa.

Con una estética que recuerda mucho al cine de Wong Kar Wai, llena de detalles rítmicos, cámaras lentas y una banda sonora exquisita, Lee presenta un sutil retrato sobre un período histórico, a partir de las sensaciones y las pasiones  individuales.

El director maneja con precisión las pausas y los tiempos de esta cinta sobre la resistencia en medio de un conflicto que obliga a que las reglas del juego cambien. El deseo en este filme roza  a cada instante con el peligro. Y a través de una técnica que da muestras de poesía audiovisual, Lee presenta un crudo, y a la vez bello, retrato de la guerra.

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