14 de June de 2009 00:00

‘La literatura es una suma de búsquedas’

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Redacción Cultura 

Lo ecuatoriano, ese gigantesco e incesante signo de interrogación que acompaña a los pensadores nacionales como una sombra -o como una culpa-, es pan diario del escritor Juan Valdano Morejón (Cuenca, 1940).

Gran parte de su trabajo intelectual, que ya se extiende por más de cuatro décadas, se ha ocupado por crear categorías para comprender el fenómeno humano específico que se llama Ecuador. Su  más reciente obra,  ‘Palabra en el tiempo’, que se presentó hace pocas semanas bajo el sello de Eskeletra Editorial, trata de una recopilación de varias teorías particulares que el autor ha urdido sobre la literatura ecuatoriana.



HOJA DE VIDA
 Juan Valdano Morejón
Es doctor en   Filosofía y Letras por la Universidad de Cuenca. Realizó estudios de especialización en Literaturas europeas y Lingüística, en Francia y España.
 Ensayista y  narrador  (ha publicado cerca de 20 libros),  también ejerce la  cátedra universitaria. Además  es miembro de número de la Academia  Ecuatoriana de la Lengua.Usted halla cuatro etapas en la historia de la literatura ecuatoriana. ¿Con qué método  ha procedido?

Entiendo a la   literatura como una suma de  procesos de búsqueda de la expresión propia, en tanto  ecuatoriana y en tanto americana. De ese modo    busco los agentes del proceso literario y a partir de ellos determino  las etapas de la evolución histórica de la literatura ecuatoriana.  

¿La literatura sería entonces  una especie de ensayos de autocontemplación?

La tarea del estudioso  literario es  descubrir y señalar las innovaciones que aporta una obra en el campo de la comprensión y explicación del ser humano en general. La profundidad y la novedad de esa visión. En ese sentido hay un largo proceso de la conciencia ecuatoriana por conocerse a sí  misma como entidad histórica.

¿La historia política  o económica tienen   relación directa  con la historia literaria?

Sí, en algún sentido. Los procesos de la independencia política, por ejemplo,  no se habrían dado nunca  si no hubiera habido antes un pensamiento ilustrado que buscó definir el comienzo de una identidad cultural nacional.

¿Y eso tuvo que ver con la literatura ecuatoriana?

Claro. En esa época  empieza una etapa que yo llamo literatura de la Legitimización, pues lo legítimo entonces era lo hispánico, lo blanco,  lo católico. A fines del siglo XVIII termina esa etapa con la irrupción del pensamiento ilustrado.  Luego   se dan las primeras manifestaciones de otra etapa, que  yo llamo de Asimilación.

 ¿Que consiste en...?

No se renuncia a las formas europeas, pero  se les da  un contenido propio americano. Ese fue el ideal literario de Andrés Bello o de José  Joaquín de Olmedo. Luego siguieron por esa línea  Juan  Montalvo y Juan León Mera, quienes emplean   formas literarias y retóricas clásicas de Europa, pero las llenan de un contenido de su propio contexto cultural. 

Esos procedimientos que  luego cambiaron con la  Generación del treinta...

  Allí empieza otra etapa que yo llamo del Reconocimiento. El paradigma se vuelve América en lugar de Europa. Aquí se darán expresiones como el indigenismo, el criollismo, la novela política e incluso la novela testimonial del desencanto de los años ochenta, si bien esta última es un reconocimiento más complejo  de nuestra situación existencial. 
 
Luego usted habla de un Posreconocimiento.

En las  últimas décadas, la de los noventa  y esta,   se empieza a producir un nuevo fenómeno literario que  busca superar la novela social y la literatura de denuncia. De modo provisional he llamado a esta etapa  Posreconocimiento.   Se trata de   una literatura que pretende superar  una visión localista para plantearse temáticas universales sin dejar de ser andinos o latinoamericanos. Parece una literatura  coherente con los tiempos que vivimos, signados por la globalización y la interculturalidad.

¿Quiénes, por ejemplo, se sitúan en esa  etapa?

 Leonardo Valencia, por ejemplo. Sus construcciones complejas buscan la universalidad desde su propia voz. Por otro lado,  en  ‘Juegos de Proteo’  también he  buscado  reflexionar sobre lo cambiante de la existencia humana desde la experiencia cultural de un hombre andino.

¿Esta conciencia del desarrollo histórico ayuda a un escritor en tanto creador?

Un autor aporta a la comprensión de lo humano. El valor de una obra está en relación con la profundidad y la novedad de esa visión. Los grandes autores de la humanidad son aquellos que han dado una imagen de la humanidad propia y distinta.

¿Esto ha pasado en esta última etapa histórica?

Esto demuestra que  los conceptos y las sensibilidades frente a la Historia van cambiando. Los más  jóvenes son quienes más captan esos cambios. En esta nueva literatura la imaginación, lo  imaginativo tiene  y va atener mayor peso. La novela policial, la novela de ciencia ficción es una salida que  la fantasía ha tenido solo en las dos  últimas décadas.

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