15 de septiembre de 2018 11:53

Cuatro acontecimientos y cifras clave de la quiebra de Lehman

Peronas caminan por los exteriores de la Bolsa de Nueva York (NYSE) en el décimo aniversario de la crisis financiera de Estados Unidos el 14 de septiembre de 2018. Foto: AFP

Peronas caminan por los exteriores de la Bolsa de Nueva York (NYSE) en el décimo aniversario de la crisis financiera de Estados Unidos el 14 de septiembre de 2018. Foto: AFP

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Agencia DPA

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Septiembre y octubre de 2008 fueron meses de máxima tensión en los que sólo con mucho esfuerzo se evitó el total hundimiento del sistema financiero mundial.

Cuatro acontecimientos y cifras reflejan algunas de las consecuencias que tuvo la crisis desatada por la quiebra de Lehman Brothers el 15 de septiembre de aquel año: más de 800 000 millones de euros: el dinero, en dólares casi 930 000 millones, que tuvieron que inyectar los seis mayores países de la Unión Europea (UE) y Estados Unidos en los meses posteriores al colapso de Lehman para sostener el sistema financiero.

Según los cálculos del sector, Estados Unidos gastó 471 500 millones de euros, seguido de Reino Unido (129 200 millones), Holanda (80 400 millones), Alemania (74 300 millones), Francia (30 000 millones), España (19 000 millones) e Italia (10 000 millones).

La Banca al borde del abismo: Las réplicas del sismo Lehman borraron cualquier esperanza de resolución rápida de la crisis. La confianza entre los bancos desapareció y con ella el flujo normal de dinero en el sistema financiero.

Los bancos centrales inyectaron millones en los mercados y bajaron drásticamente las tasas de interés. Por primera vez se reunieron los líderes del G20 en Washington, ampliando la tradicional ronda de sólo los siete u ocho principales países industrializados, y decidieron salvar el sistema pero a la vez reformarlo ante la total pérdida de control sobre el mismo.

Recesión: Al cerrarse el flujo de dinero, la crisis financiera pasó a la economía real, y a nivel planetario. Casi todas las principales economías del mundo entraron en recesión en 2009 y tuvieron que aprobarse rescates millonarios. Como las tasas bajas no surtieron efecto, los bancos centrales inundaron el mercado con dinero comprando bonos del Estado a un nivel sin precedentes.

Aunque algunos países, como Estados Unidos y Alemania, consiguieron recuperarse relativamente rápido, para otros, como Grecia, Portugal y España, fue el inicio de varios años de retroceso económico y altísimos niveles de desempleo.

El caso Grecia: No hay ningún país que haya sufrido tanto las consecuencias de la recesión, el derrumbre de los ingresos fiscales, el desempleo rampante y el aumento de los gastos sociales como Grecia.

Los inversores perdieron la confianza en que Grecia pudiera pagar sus deudas, a lo que se sumó que Atenas se vio obligada a confesar que su déficit era mucho más alto de lo que mostraban las cifras oficiales, que habían sido falseadas.

A causa de ello se dispararon las tasas que debían ofrecer para sus bonos soberanos, lo que no hacía más que aumentar la deuda... un terrible círculo vicioso. Grecia, pero también después Portugal, Irlanda y Chipre, tuvieron que pedir rescates financieros internacionales, en todos los casos vinculados a dolorosas reformas y recortes exigidos por los acreedores. España pidió un rescate para sanear su sector bancario.

Los países del sur de Europa se encuentran entretanto en camino de la recuperación, entre ellos incluso Grecia, y los rescates han concluido. Pero las consecuencias de la crisis, sobre todo el elevado desempleo y los recortes en ayudas sociales, seguirán siendo perceptibles allí durante años.

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