8 de June de 2009 00:00

La Junta de Quito en 1809

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Entre la   abundante y novedosa literatura histórica que ha despertado el tema de los bicentenarios en América Latina y España, está la obra ‘1808. La eclosión juntera en el mundo hispano’. Es coordinada por el historiador español Manuel Chust e  incluye una serie de estudios realizados por varios investigadores.

El libro examina el movimiento de las juntas en España, los sucesos en la Nueva España (México), el Reino de Guatemala, el Virreinato del Perú, la Audiencia de Charcas, el Río de La Plata, Montevideo, Chile, el Nuevo Reino de Granada, Caracas, las capitanías generales de Cuba y Puerto Rico, y también lo ocurrido en la Real Audiencia de Quito, en un trabajo a cargo del historiador Jaime E. Rodríguez O.

La obra ubica el surgimiento de las diversas juntas a raíz de los sucesos ocurridos en la Península Ibérica con motivo de la incursión de Napoleón, la prisión de los reyes españoles y la huida de la Corte portuguesa al Brasil. Da luces sobre el juego de intereses entre España, Francia e Inglaterra, las potencias que disputaban la hegemonía mundial y colonias. De manera que, en ese contexto y sobre todo tomando en cuenta la particular situación del Régimen monárquico español, se busca aclarar la naturaleza y la expresión de las juntas surgidas en América.

Una perspectiva mayor al análisis simplemente local y nacionalista, permite comprender la fidelidad al rey proclamada por las juntas, como movimiento general en las colonias americanas. No hay que olvidar que la Junta del 10 de Agosto de 1809 en Quito, también tuvo un carácter “fidelista”. Ese “monarquismo”, como bien se entiende en el libro, fue un punto inicial, porque, conforme cambiaron los acontecimientos en España, también cambió la posición política de los criollos americanos.

De manera que desde el monarquismo formal, que no excluyó el autonomismo, se pasó al autonomismo radical e inmediatamente al independentismo. Desde 1810, los procesos en las colonias españolas claramente se definieron por la independencia total.

El caso de Quito es particularmente sugerente, aunque no bien tratado en el libro. Y esto, porque la obra procura una visualización mayor de los contextos internacionales, por sobre las condiciones concretas vividas al interior de la Audiencia de Quito, por más que se describe el proceso general que aquí se vivió. Se descuida que en Quito la Ilustración tuvo importancia decisiva. Y que se sumó una cadena de factores: la crisis económica, el mal gobierno, la expulsión de los jesuitas, los cambios de jurisdicciones al interior de la Audiencia, la postración social, el menosprecio a los criollos. Y   lo peor: la masacre de los próceres llevada a cabo el 2 de Agosto de 1810.

De manera que del “fidelismo” inicial, se arribó a la organización del “Estado de Quito” y a la expedición de la primera Constitución, el 15 de febrero de 1812. La derrota de la revolución quiteña, liquidó el desarrollo del proceso autonomista.

Recién una década más tarde, con la revolución del 9 de Octubre de 1820 en Guayaquil y bajo condiciones distintas, fue posible el arranque definitivo del proceso de la Independencia del Ecuador.

Hechos del pasado que son parte del orgullo de la nación ecuatoriana en el Bicentenario de la revolución de 1809.

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