4 de agosto de 2019 00:00

Entre julio y agosto aumenta la presencia de los niños en las calles

Infantes y padres venden productos en las principales calles del norte de la capital. Foto: Patricio Terán/ EL COMERCIO.

Infantes y padres venden productos en las principales calles del norte de la capital. Foto: Patricio Terán/ EL COMERCIO.

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Valeria Heredia
Redactora (I)
jheredia@elcomercio.com

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Las vacaciones de Jeremy, de contextura delgada y talla baja, se combinan entre el taller de verano y el trabajo en la calle. Él acompaña a su madre a vender papas y fruta en la vía pública. “Yo le ayudo para comprarme alguito”, dice el niño de 10 años, edad en la que, según la normativa, está prohibido el trabajo infantil.

Julio y agosto son meses en los que se registra una amplia presencia de niños, niñas y adolescentes en las calles. Unos permanecen en los puestos de venta de sus padres. Los acompañan, dicen. Otros caminan por las vías ofreciendo productos o golpean las ventanas de los carros. Y unos cuantos permanecen junto a las veredas cuidando autos.

Jeremy está en el primer grupo. El pequeño cuenta que “ayuda” a vender a su madre solo en verano. Lo hace a partir de las 17:00, hora en la que termina el taller vacacional donde realiza actividades como fútbol y manualidades. Generalmente trabaja dos horas en la calle, hasta las 19:00.

Pese a que no hay cifras oficiales sobre trabajo infantil en temporada de verano, el Ministerio de Inclusión Económica y Social (MIES), a través de su director de Prevención, Darío Terán, reconoce que hay dos temporadas en las que se ve más niños en situación de calle: la más alta es la de julio y agosto por las vacaciones.

Le sigue diciembre, por Navidad y fin de año. Es decir, la época en la que los pequeños no están en la escuela.

El sistema educativo -dice Terán- ayuda a frenar el trabajo infantil, ya que se garantiza la permanencia de los chicos, al menos, seis horas en las aulas y no en las calles.

Pero al salir a vacaciones los niños tienen menos espacios de atención. Los talleres vacaciones son costosos y la oferta es limitada. Incluso, el trabajo se constituye en una opción para que las familias consigan recursos adicionales para el verano. Lo explica Nubia Taipe. Ella es coordinadora de Erradicación de Trabajo Infantil en el centro de Desarrollo y Autogestión (DYA).

Esta organización no gubernamental ejecuta programas de prevención y erradicación del trabajo infantil. Al igual que otros años, desarrollaron colonias vacacionales para evitar que los chicos permanezcan en las calles. Hoy acogen solo a 60 niños y niñas, con quienes realizan actividades como fútbol, natación, básquet o manualidades.

Jeremy, por ejemplo, disfruta del fútbol. El jueves, primer día de agosto, estaba emocionado porque participó en uno de los equipos. “Quiero ser un futbolista profesional para seguir ayudando a mi mamá”.

En esto coincide David, de 9 años. Él acompaña a su madre y le ayuda a cuidar vehículos cerca de la av. Naciones Unidas, en el norte. Lo hace junto a su hermana pequeña, quien tiene 5 años y aún no ingresa a la escuela. Él prefiere estar en el vacacional que ir a las calles. Le da miedo, ya que hay personas “muy bravas”.

DYA organiza colonias vacacionales, para evitar que niños salgan a las calles en verano. Foto: Patricio Terán/ EL COMERCIO.

DYA organiza colonias vacacionales, para evitar que niños salgan a las calles en verano. Foto: Patricio Terán/ EL COMERCIO.

La falta de actividades y de espacios públicos seguros son factores que incrementan la presencia de chicos en las calles, insiste el Director de Prevención del MIES. Estas son competencias de los gobiernos autónomos descentralizados (GAD).

El Municipio de Quito, a través del Patronato San José, ha implementado una serie de acciones para erradicar el trabajo infantil, que se concentra en avenidas y calles como la Amazonas, Reina Victoria, Naciones Unidas, 12 de Octubre, República, Orellana y en el Centro Histórico de la capital.

Una de las acciones es la sensibilización en calle para que la población nacional y extranjera que realiza actividades informales (ventas ambulantes y mendicidad), acompañados de menores de edad, les puedan llevar a centros de atención adecuada.

Entre ellos están Casa de la Niñez 1, Hogar de Paz, Guagua Quinde La Mariscal y Guagua Quinde Mercado Mayorista.

Sin embargo, aún existe una respuesta negativa de las familias debido a que obtienen mayores resultados en compañía de los niños: provocan mayor sensibilidad en las personas y obtienen más dinero, explica Henry Pilco. Él es educador de calle de DYA y facilitador en las colonias vacacionales. En su niñez también trabajó en las vías junto a sus padres.

Otro de los proyectos municipales es Escuelas de Fútbol, que tiene como finalidad erradicar el trabajo infantil mediante el uso adecuado del tiempo libre en actividades deportivas. En vacaciones aumenta la población principalmente de chicos en mercados.

El MIES también acoge a niñas, niños y adolescentes en vacacionales. Únicamente llegan a 6 790 vinculados a 86 organizaciones que laboran con la Cartera. Sin embargo, Terán es crítico y reconoce que los espacios no son suficientes para albergar a la cantidad de niños que laboran en las calles.

En el país, 201 634 niños, niñas y adolescentes, entre 5 y 14 años, estuvieron en situación de trabajo infantil, el año pasado. Representan más del doble de lo reportado en el 2013, con 85 515 niños y adolescentes.

La mayoría se concentra en las provincias de la Sierra y Amazonía, como Chimborazo, Azuay, Cotopaxi, Tungurahua y Pastaza, según datos proporcionados por el MIES.

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