2 de mayo de 2019 07:53

Justicia británica examina petición de extradición de Julian Assange a EE.UU.

El fundador de Wikileaks, Julian Assange, saluda a los fotógrafos desde un vehículo policial en Londres (Reino Unido). Foto: EFE

El fundador de Wikileaks, Julian Assange, saluda a los fotógrafos desde un vehículo policial en Londres (Reino Unido). Foto: EFE

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Agencia AFP

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El fundador de WikiLeaks, Julian Assange, condenado la víspera a casi un año de cárcel en Reino Unido por haber violado su libertad condicional, se enfrenta el jueves 2 de mayo del 2019 a una primera vista judicial sobre la petición de extradición a Estados Unidos.

La justicia estadounidense reclama al australiano, de 47 años, que pasó casi siete refugiado en la embajada de Ecuador en Londres precisamente por temor a acabar siendo extraditado a Estados Unidos, para juzgarlo por “piratería informática” .

El departamento de Justicia aseguró que se trata de un cargo pasible como máximo de cinco años de prisión, pero los defensores de Assange temen que este termine siendo juzgado por delitos más graves, como revelación de secretos o traición, y corra el riesgo de ser condenado a cadena perpetua o incluso a muerte.

La plataforma internet WikiLeaks se hizo famosa en 2010 cuando difundió cientos de miles de documentos diplomáticos y militares secretos que pusieron a Estados Unidos en un fuerte aprieto a nivel nacional e internacional.

Pero rápidamente surgieron las críticas y algunos prestigiosos diarios criticaron los métodos utilizados por WikiLeaks que al hacer públicos telegramas del departamento de Estados estadounidense en bruto podían “poner en peligro a algunas fuentes”.

Entregar a su fundador a Washington podría constituir “una cuestión de vida o muerte para Assange”, afirmó el periodista islandés Kristinn Hrafnsson, redactor jefe de Wikileaks, el miércoles frente al tribunal londinense que acababa de condenarlo a 50 semanas de reclusión.

El australiano, que el 11 de abril fue despojado por Quito de la nacionalidad ecuatoriana otorgada en 2017 y del asilo diplomático lo que permitió su arresto, era objeto de una orden de detención británica desde que en junio 2012 se refugió en la legación ecuatoriana para escapar a una extradición a Suecia por acusaciones de agresión sexual que posteriormente fueron archivadas.

Él siempre dijo temer que todo se tratase de una estrategia para acabar entregándolo a la justicia estadounidense.

Nadie por encima de la ley 

Al anunciar hace tres semanas la expulsión del australiano de la embajada en Londres, el presidente de Ecuador, Lenín Moreno, que revocaba así un asilo concedido por su predecesor y ahora rival Rafael Correa, aseguró haber recibido la garantía de Reino Unido de que “Assange no sería entregado en extradición a un país en el que pueda sufrir torturas o pena de muerte”.

“El gobierno británico lo ha confirmado por escrito en cumplimiento de sus propias normas”, sostuvo.

Ese mismo día, la abogada británica del experto informático, Jennifer Robinson, anunciaba su determinación a luchar hasta el final para evitar su entrega a Estados Unidos, afirmando que la detención de Assange “crea un peligroso precedente para los órganos de prensa y para los periodistas” de todo el mundo.

Según Ben Keith, abogado británico especializado en casos de extradición, la batalla judicial podría durar entre 18 y 24 meses.

Y “las posibilidades de ganar son escasas” , dijo  que en la mayoría de casos Reino Unido responde positivamente a las peticiones de extradición estadounidenses.

Assange está acusado de haber ayudado a la exanalista de inteligencia estadounidense Chelsea Manning a obtener la contraseña para acceder a miles de documentos clasificados como ultrasecretos.

Manning, que nació varón con el nombre de Bradley hace 31 años y cambió de género en la cárcel, vuelve a estar reclusa desde el 8 de marzo porque se niega a testificar ante un gran jurado que investiga a WikiLeaks y Assange.

Mientras tanto, los políticos británicos están divididos respecto a Assange.

El líder de la oposición, el laborista Jeremy Corbyn, se opone a su extradición afirmando que el australiano “expuso pruebas de las atrocidades (cometidas por Estados Unidos) en Irak y Afganistán”.

Pero el ministro de Relaciones Exteriores, Jeremy Hunt, aseguró que Assange no es “ningún héroe” y la primera ministra Theresa May afirmó que “nadie está por encima de la ley”.

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