24 de febrero de 2020 00:00

Los juegos de azar, entre la clandestinidad y la ludopatía

En 1980, la Asociación Americana de Psicología (APA) en EE.UU. incluyó a la ludopatía o adicción a los juegos de azar por primera vez como un trastorno en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales. Foto: Ingimage

En 1980, la Asociación Americana de Psicología (APA) en EE.UU. incluyó a la ludopatía o adicción a los juegos de azar por primera vez como un trastorno en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales. Foto: Ingimage

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Redacción Negocios

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Andrés espera a que nadie lo vea para entrar por una pequeña puerta negra que está junto al ingreso de un restaurante, en el norte de Quito.

El pasillo da a la cocina, pero él no se detiene y sube por unas escaleras hasta ingresar a un departamento. En el sitio hay un pequeño bar con bebidas, un televisor, un sillón y cuatro mesas de póker.

Andrés (nombre protegido) saluda a un hombre. Es el dueño del sitio, quien le pregunta si va a jugar. El visitante, mayor de 18 años, asiente y cambia USD 100 por fichas. Juegos de azar como estos, casas de apuestas y casinos se prohibieron en Ecuador en el 2011, tras una consulta popular.

El propietario del lugar ganará el 10% de lo que se genere en apuestas esa tarde. El ar­tículo 236 del Código Orgánico Integral Penal (COIP) establece una sanción privativa de libertad, de uno a tres años, a la persona que administre o que ponga en funcionamiento este tipo de negocios.
Andrés empezó a participar en esta actividad hace cuatro años, con amigos. Apostaba solo “un par de dólares”.

Jorge Cabrera, intendente de Cuenca, explica que el Código no sanciona a las personas que realicen esta actividad en un entorno privado y de carácter personal. Para ingresar a una residencia donde se presume que funcionan juegos de azar, las autoridades deben realizar una investigación previa que determine que la actividad incluye apuestas.

En Pichincha, una de las alertas más recientes en la Intendencia sobre partidas de póker en un domicilio llegó en diciembre del 2018. Un grupo de ciudadanos se había citado para jugar un ‘campeonato’, pero en el operativo no se hallaron evidencias de apuestas y, por eso, no hubo sanción.

Además de ser considerado un delito, los juegos de azar pueden convertirse en un problema de salud. Andrés practicaba el póker todos los días hace dos años. Él se levantaba al mediodía, almorzaba y salía de su domicilio para jugar desde las 14:00 hasta las 05:00 del día siguiente. Descansaba unas horas y luego repetía la rutina.

La adicción se conoce como ludopatía. Claudia Chávez, doctora del Ministerio de Salud especializada en Psiquiatría, explica que cuando una persona que practica esta actividad empieza a sentir excitación o expectativa solo al pensar en el momento de jugar, si traspasa la tolerancia de la apuesta, se puede considerar una adicción.

Según cifras del Ministerio de Salud, en el 2019 se registraron 76 casos de ludopatía por juegos de azar en el país, 24 casos más que en el 2018.
En la mesa, a Andrés le esperan ocho jugadores. Toma su lugar a la derecha de la persona que reparte las cartas, dentro del juego conocido como ‘dealer’. Su rostro no muestra signos de preocupación. Mientras escribe en su celular y revisa las redes sociales, se reparte la baraja: dos cartas para cada jugador.
Mira los naipes y los devuelve; no jugará esa partida. Esa elección la toma debido a la experiencia que tiene.

En una ocasión, Andrés estuvo sentado en un casino de Las Vegas, compitiendo contra unas 30 000 personas de distintos países en uno de los campeonatos de póker más grandes del mundo. El costo de la inscripción para esa competición fue de USD 500, pero al quedar entre los 900 primeros lugares se hizo acreedor a un premio de casi USD 2 500.

La facilidad de practicarlo en otros países se debe a que, en abril del 2010, la Asociación Internacional de Deportes Mentales (IMSA, por sus siglas en inglés) determinó al póker como un deporte mental equivalente, por ejemplo, al ajedrez.

En la mesa donde está Andrés se juega con fichas de tres valores diferentes. Las naranjas equivalen a USD 5, las blancas con azul a USD 1 y las blancas con gris a USD 0,50.

En la tercera ronda, Andrés decide jugar. Recibe su par de cartas y el ‘dealer’ coloca tres más sobre la mesa. Levanta la mirada y decide lanzar tres fichas. Las personas más convencidas de su suerte apuestan dos naranjas que suman USD 10, pero Andrés no; mientras manipula las fichas decide jugar con USD 3.

El tiempo transcurre y tras dos horas ha duplicado lo invertido. En su mano tiene 43 fichas naranjas, 14 azules y 4 grises, que equivalen a USD 231.
Pero no siempre son días de suerte. Hay momentos que este factor no acompaña al jugador y pierde lo ganado.

La psiquiatra Claudia Chávez asegura que en el momento que empiezan las derrotas surgen los impulsos de recompensa, producidos por una hormona denominada noradrenalina, la cual genera excitación y placer por apostar. Pero este estado puede ser perjudicial, ya que deriva en la necesidad de seguir jugando.

Andrés asegura que su gusto por el póker no se alinea a una adicción; ahora juega dos veces a la semana para convertirse en un profesional.Él regresa la mirada hacia su reloj, que marca las 01:00, y se da cuenta de que pasaron ocho horas. Se levanta con el dinero obtenido. Está satisfecho y se retira del edificio. El jueves volverá.

No olvide

Para controlar  las finanzas de los apostadores existe un método conocido como interdicción. Es una de las medidas que se pueden tomar durante el proceso de cura de la ludopatía.

Debido a la complejidad del tratamiento, no existe un tiempo exacto para enfrentar esta adicción. “La voluntad propia de salir de esta patología y el apoyo de la familia es fundamental”, dice la psiquiatra Claudia Chávez.

Un riesgo se produce si el dinero en efectivo desaparece, porque, entonces, personas apuestan sus bienes.

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