26 de mayo de 2019 00:00

Si al joven se le habla sobre drogas en casa, se previene el consumo

En el Colegio Provincia del Azuay, de Guayaquil, se realizan talleres con jóvenes. Foto: Enrique Pesantes / EL COMERCIO

En el Colegio Provincia del Azuay, de Guayaquil, se realizan talleres con jóvenes. Foto: Enrique Pesantes / EL COMERCIO

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Valeria Heredia
y Elena Paucar 
Redactoras (I)

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Paola teme probar drogas por el daño que provoca en la salud. Andy sabe que la adicción es un camino sin retorno. Y Pedro sigue un tratamiento para dejar su dependencia. Ellos no superan los 26 años y viven bajo dinámicas diferentes en sus hogares, lo que les ha empujado a tomar una decisión: consumir o no.

La familia tiene una participación fundamental en este problema social, que afecta al 12,65% de la población joven. Ese porcentaje de encuestados consumió en el 2016 una o varias sustancias ilícitas: marihuana, heroína e inhalantes.

Los datos se visibilizan en la Encuesta Nacional sobre Uso y Consumo de Drogas en estudiantes de noveno de Educación General Básica, primero y tercero de bachillerato (último dato levantado en el país).

En la investigación se considera al núcleo familiar como un factor de riesgo o de protección al consumo de drogas.

Se concluyó que el 9,65% de los chicos consultados, que dialogan con sus padres, no consume. Pero el 24,48% de jóvenes, que tienen una relación lejana con sus padres, sí ha probado drogas.

En el primer grupo está Paola, de 17 años. Ella y sus padres han discutido sobre los daños que provocan esas sustancias en el organismo. Compartieron historias de personas cercanas que se vincularon a las drogas y llegaron a una conclusión: “el mensaje es que debo enfrentar este tema con personalidad y siempre decir no”.

En fiestas y en bares le han ofrecido sustancias, pero su respuesta ha sido: ‘no, gracias’.

Andy, de 18, también ha rechazado las propuestas de amigos y desconocidos. Reconoce que no ha hablado del tema con sus padres. Ninguno ha tomado la iniciativa.

“Aprendí a distinguir lo malo y lo bueno, solo”. Y comenta las experiencias de compañeros que consiguieron droga en los exteriores del colegio. Fumaban en los baños y no entraban a clases. Terminaron “en la calle”. Él no quiere eso para su vida. Espera convertirse en ingeniero pronto.

Otra es la vivencia de Pedro (nombre protegido). Tiene 26 años, siete consumiendo base de cocaína y alcohol. Sabía de los efectos de la droga y le dijo sí. “Me faltó -señala- apoyo familiar y decisión personal”.

La llamada ‘presión social’ y ese deseo de librarse de problemas son dos factores que inciden en la toma de decisiones de jóvenes como Pedro. “Nunca me sentí aceptado; ese fue un detonante”.

Hoy Pedro siente emoción pues está a punto de terminar su período de rehabilitación en el Centro Especializado de Tratamiento de Drogas (Cetad), de Quito. Espera que su vida cambie positivamente.

En Ecuador, la meta es disminuir la prevalencia de consumo de 12,65% a 11,65%, hasta el 2021. Para ello se ha trabajado en un plan de dos ejes: reducción de la demanda, prevención del consumo y atención integral al consumidor y disminución de oferta.

Lo explicó Carlos Valenzuela. Es el delegado de procesos de transición de la ex Secretaría de Drogas (Seted).

Rodrigo Vélez, integrante de la mesa de prevención de adicciones, dentro del Acuerdo Nacional, insiste en recuperar los roles y volver a la convivencia cercana en el círculo familiar y en el colegio.

El Ministerio de Educación promueve círculos restaurativos con enfoque preventivo.

Por ejemplo, un grupo de tercero de bachillerato del Colegio Provincia del Azuay, en el Suburbio de Guayaquil, se comprometió a ser el soporte de quienes afronten dependencia con las drogas.

Solidaridad, empatía, tolerancia y compañerismo fueron las promesas para ayudar a un amigo con problemas de consumo de drogas, que quedaron plasmadas en un papel.

“Que esas palabras se hagan vida”, les pidió la psicóloga educativa Irina Palma, del Departamento de Consejería Educativa (DECE) del plantel.

El psicólogo Nelson Arias, coordinador de los DECE del distrito 4 de Guayaquil, explica que la estrategia se complementa con talleres de sensibilización para docentes y las escuelas para padres, en las que trabajan la corresponsabilidad de los miembros de la familia.

“En los hogares no suele haber una comunicación asertiva o afectiva, solo informativa”.

Algunos amigos de Sander, de otros colegios, vienen de familias de ese tipo. Al chico, de 16 años, le han confesado que en parte esa situación los ha empujado a experimentar con drogas. “Comparto pensamientos positivos y les incluyo en algún deporte para que no se sientan solos”.

En los círculos restaurativos, los DECE también les enseñan rutas de apoyo para presunción de consumo o venta.

Educación trabaja con otras instancias como Salud, Policía Nacional y Fiscalía.

En colegios privados como el Gutenberg Schule, de Quito, se realizan talleres sobre toma de decisiones y autoestima desde la primaria hasta la secundaria.

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