5 de diciembre de 2020 20:43

Jefe del Ejército deja una carta y se despide de las tropas: 'Que los egoísmos de unos pocos no destruyan la fe de una mayoría y el futuro de todos'

El presidente Lenín Moreno relevó a parte del mando militar, entre ellos al general Luis Altamirano. Foto: archivo / EL COMERCIO

El presidente Lenín Moreno relevó a parte del mando militar, entre ellos al general Luis Altamirano. Foto: archivo / EL COMERCIO

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Sara Ortiz
(I)

Un día después de que fuera removido del comando general del Ejército, el general Luis Altamirano dejó una carta y se despidió de las tropas.

En la carta, difundida este sábado 5 de diciembre del 2020, habla de los 40 años de su carrera militar, del “orgullo de haber vestido el uniforme” y sobre el honor. Dice ser culpable "solo de pensar".

A continuación la carta textual del excomandante:

"He cumplido como soldado y como ciudadano y seguiré aportando desde otras áreas del país.

No he abandonado la institución con el temor de la vergüenza del conformismo, pues siempre busqué el progreso y el cambio; ni he debido salir de la misma por la vergüenza de no haber observado los referentes éticos y morales que deben adornar a todo hombre de bien.

Jamás he dejado huella pisando a otros ni he subastado justas aspiraciones personales hipotecando mis creencias y el sagrado juramento a la Patria.

Me siento liberado de la enorme responsabilidad de conducir a nuestro glorioso Ejército, el de los ecuatorianos.

Estoy seguro que la semilla queda sembrada en muchas generaciones que serán por siempre marca de victoria.

Los tiempos de Dios son perfectos, y entre los mayores premios que llevo son la de una conciencia tranquila y del aprecio sincero de muchos militares y civiles que han sabido, con derroche, valorar mis condiciones como persona y profesional.

Llegué a ser el primero sin buscarlo, solo siendo uno mismo, cualidad que la considero un tesoro.

No crecí bajo la sombra protectora de nadie, sino de la verdad y la justicia.

Agradezco a mis maestros y superiores, quienes moldearon mi camino, gracias por sus enseñanzas, por sus lecciones y por la generosidad de aceptar mis desaciertos.

Siempre aspiraré por ver un mejor Ecuador, una tierra sin odios y rivalidades; un país donde el ego, la frustración o los egoísmos de unos pocos no destruyan la fe de una mayoría y el futuro de todos.

Aspiré un país de hombres y mujeres que apuesten a la honradez y el servicio de los demás, como sello de vida.

Retorno al seno del hogar, junto a mi compañera de vida, junto a mis hijos y junto al recuerdo imborrable de mis padres, quienes me enseñaron a ser un hombre honesto y trabajador, pero sobre todo humano.

Como alguien me dijo hace poco salgo con el tanque de combustible vacío.

No ha quedado ni una sola gota de sudor.

Lo he dejado todo, con la convicción de un mañana mejor.

Mi tiempo ha concluido. Solo el creador sabe mi destino y cualquiera que sea este lo afrontaré con la sabiduría que la he forjado en 40 años de carrera militar.

No he derramado ni una sola lágrima, pues no me embarga la tristeza de arrepentimiento alguno.

En los próximos días aparecerá la natural nostalgia de extrañar mi sagrado uniforme, pero jamás el dolor de haberme defraudado a mí mismo.

A Dios le debo la fortaleza de haberme dado el aliento de afrontar un desafío de casi toda una vida.

Con la frente altiva: ¡Hasta siempre mis soldados!

¡No soy culpable de nada, sólo de pensar!”

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