22 de julio de 2018 00:00

La izquierda quiere reagruparse tras 10 años de correísmo

Ayer (21 de julio del 2018) se reunieron en Cuenca dirigentes de varias organizaciones de izquierda. Foto: Xavier Caivinagua para EL COMERCIO.

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Mario Alexis González y
Jorge R. Imbaquingo  (I)

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Fraccionada. Así se encuentra la izquierda ecuatoriana luego de la era correísta. Esta tendencia está dividida en cuatro corrientes, en medio de críticas de su apego al caudillismo e, incluso, en sus principios como la dictadura del proletariado, un presupuesto ideológico del marxismo.

“Ese proceso (el correísmo) obligó a que las izquierdas se repiensen”, dice la catedrática de la PUCE, Natalia Sierra, de forma categórica. Cree que el final de la Presidencia de Correa creó un momento de catarsis para el replanteo de las tendencias de izquierda.

Con ella coincide el sociólogo Napoleón Saltos. “Correa disolvió los principios de la izquierda. Utilizó instrumentalmente el pensamiento crítico, pero no para consolidar la izquierda, sino para reorientar a su proyecto personal”.

La izquierda ecuatoriana se encuentra en un debate incluso filosófico, en donde términos como la dictadura del proletariado se transforman. “Hay muchas cosas del marxismo que ya no son pertinentes en la época actual. Hay muchas cosas que hay que mirar en el ahora”, explica Sierra.

Enrique Ayala Mora, catedrático de la Universidad Andina, aclara que el marxismo no es una receta intocable. En Ecuador, ha sido reinterpretado, sobre todo por su máximo ideólogo, Manuel Agustín Aguirre, en los años 30.

“La dictadura del proletariado -dice Ayala Mora- era entendida de una manera distinta a la del siglo XIX. A estas alturas, los planteamientos socialistas enfatizan en la democracia, la participación, el respeto a la diversidad...”.

Para Saltos, el discurso de la dictadura del proletariado, de una fuente soviética y leninista, es un debate que se ha abierto a otras perspectivas. “La lucha de clases queda articulada a otros temas de las etnias, del género, al nacionalismo”.

A la izquierda, según Saltos, le toca una doble labor, primero realizar cambios y actualizarse, y escuchar a la gente de abajo. “Con Correa y con los llamados gobiernos progresistas se podía seguir hablando de izquierda cuando se hacían compromisos con los banqueros, con las transnacionales”.

Así las cosas, en el plano del debate filosófico, en la política partidista, hay cuatro grupos. En el primero aparece la izquierda tradicional con movimientos como Unidad Popular (ex MPD), Pachakutik y Renovación Socialista, disidentes del Partido Socialista (PSE).

En otro sector se agrupan los que apoyan al actual Gobierno. Figuran Alianza País, Centro Democrático, Democracia Sí.

En el tercer grupo están quienes se identifican con Rafael Correa. El Movimiento Acuerdo Nacional (MANA) busca legalizarse para abanderarse de esta tendencia y que busca apoyos internacionales sobre todo en el Foro de Sao Paulo, donde participó la semana pasada. A MANA se suma el Partido Comunista.

Finalmente, están otras agrupaciones que, si bien no se identifican con los ideales más radicales de la izquierda, comparten la reivindicación social, como Ruptura de los 25 y la Izquierda Democrática.

Pero ¿qué ha ocasionado esta parcelación? Correa aglutinó a la izquierda al inicio de su Gobierno. Apoyaron su primera candidatura el MPD, Pachakutik y el Partido Socialista. Pero, a excepción del PSE, pasaron a la oposición. En el caso del socialismo, AP apoyó a una facción representada por políticos como Rafael Quintero y Silvia Salgado.

Dirigentes más tradicionales del PSE como Enrique Ayala Mora y Víctor Granda fueron expulsados. Hoy ellos conforman el colectivo Renovación Socialista y no descartan aprovechar la cesación de las autoridades del CNE para buscar -con la nueva administración electoral- que se revierta ese proceso y se refunde el Partido. A pesar de eso, el PSE ha convocado a elecciones internas para el 28 de julio.

Napoleón Saltos cree que uno de los grandes errores de la izquierda es “arrimarse a figuras que llegan al poder y que luego les dan la espalda”. Además del caso de Correa, en la historia reciente, menciona a Lucio Gutiérrez (2003) y a Freddy Ehlers (1996, aunque no tuvo éxito electoral).

Además de la división, las izquierdas tienen otro inconveniente: el imaginario social. Para María Paula Romo, de Ruptura, esto está ligado al tema regional, donde hubo una ola de victorias electorales de la tendencia, pero ligados a la corrupción y a las violaciones de los derechos humanos.

La reagrupación atrae a los movimientos. Algunos militantes de AP planifican un Frente Amplio, Vamos, que agrupe a las organizaciones de la tendencia. Sin embargo, Saltos cree que esto no tendrá un impacto real sino pasa de ser una coalición electoral y no se la piensa como un espacio de fortalecimiento ideológico.

Aunque hay sectores cercanos al Gobierno que no se sienten atraídos por esta idea. Andrés Valdivieso, dirigente de Democracia Sí, indicó que no está en sus planes aliarse a AP sino con movimientos locales y organizaciones ciudadanas. Por ejemplo, tienen ya un acuerdo con el movimiento Vive, de Antonio Ricaurte.

La izquierda tradicional va por una unidad con todas las agrupaciones “ubicadas del centro a la izquierda”, según Geovanny Atarihuana, director de Unidad Popular.

Recuerda que esa alianza ya se ensayó en las presidenciales pasadas. El Acuerdo por el Cambio apoyó a Paco Moncayo, que terminó cuarto.

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