24 de agosto de 2018 10:46

Bajas tarifas de Internet permiten a personas sin techo acceder a redes sociales y salir de la invisibilidad

Las redes sociales y las aplicaciones de móvil se han convertido en Francia en una herramienta clave para las personas sin techo, a las que ha dado una vía para contar su historia y un canal para contactar con otros ciudadanos, rompiendo la barrera que lo

Las redes sociales y las aplicaciones de móvil se han convertido en Francia en una herramienta clave para las personas sin techo, a las que ha dado una vía para contar su historia y un canal para contactar con otros ciudadanos, rompiendo la barrera que los hace invisibles. Foto: EFE

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Agencia EFE
París

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Las redes sociales y las aplicaciones de celular se convirtieron en Francia en una herramienta clave para las personas sin techo, a las que ha dado una vía para contar su historia y un canal para contactar con otros ciudadanos, rompiendo la barrera que los hace invisibles.

Christian Page era una persona sin domicilio hasta este mismo agosto, cuando anunció en su cuenta Twitter -con más de 31 400 seguidores- que ahora ya tenía una casa, en Clichy, a las afueras de París.

"Hace mucho tiempo que soñaba con enviaros ese tuit... Al principio me pusieron en la lista negra pero al final han cedido. Ya no soy un sin techo", tuiteó, mostrando fotos de su pequeño estudio.


Page empezó a hacerse popular en la red social por denunciar las dificultades de su día a día, como la instalación de mobiliario urbano contra las personas sin domicilio o alabar a los restaurantes solidarios que le daban comida.

Aunque ahora ya esté instalado, todavía tiene su cuenta activa donde continúa representando los intereses de los que viven en la calle, que según el último censo del Ayuntamiento de mediados de febrero son 2 952 personas en París intramuros y, a sus afueras, en los bosques de Vincennes y Boulogne.

La conexión 4G podría parecer inalcanzable para los más desfavorecidos, pero las tarifas de 2 euros al mes que ofrecen las compañías móviles de bajo coste hacen que sea perfectamente compatible no tener techo y estar conectado en las redes.


De eso se dio cuenta la asociación Entourage que creó una aplicación de celular hace un año y medio con el mismo nombre y que aprovecha la era de los teléfonos inteligentes para organizar eventos y crear comunidad entre personas sin techo, vecinos y comerciantes en las ciudades de París, Grenoble, Lyon y Lille.

A partir de un mapa interactivo, los miembros de la app también pueden lanzar peticiones, propuestas u ofrecer servicios indicando la ubicación, ya sea para tomar un café y hablar, organizar una fiesta de cumpleaños de una persona sin techo o ayudar a preparar el currículum y la carta de motivación para un puesto de trabajo.

Uno de los eventos organizados por el equipo de Entourage son los aperitivos populares en el canal del Ourcq, al noreste de París, a los que acuden decenas de personas para jugar a la petanca o a los bolos.

"La forma de ayudar a las personas sin techo ha sido siempre descendiente, la mano que da arriba y la mano que recibe abajo. Nosotros queremos romper con esta lógica, (...) responsabilizar a la persona sin techo y dejar que sea él o ella el actor de su situación" contó Claire Duizabo, responsable de comunicación de Entourage.

Por esto mismo, las campañas y eventos que se organizan a través de la aplicación cuentan con el asesoramiento y supervisión de un comité de ocho personas que conocen de primera mano las necesidades del colectivo, ya sea porque lo viven actualmente en su propia piel o porque fue un capítulo de su pasado.

"Aquí lo principal es compartir un café, establecer una relación entre personas sin domicilio y con domicilio. Cuando hacemos aperitivos no sabemos quién tiene domicilio o no, eso es importante", comentó Anne-Claire, la presidenta del comité, de 48 años.

Hace dos años perdió el miedo a contar su historia en el libro 'Mis años bárbaros', en el que cuenta cómo pasó 17 años viviendo en las calles parisinas, donde dio a luz a sus dos hijos.

Se había fugado de su casa a la mayoría de edad porque quería escapar de las violaciones de su hermano, pero la pesadilla continuó cuando se encontró en la calle.

"Las mujeres que viven en la calle se esconden, hay muchas violaciones. Ahora cuando hago voluntariado me encuentro con mujeres en la misma situación que yo sufrí", lamentó.

Ahora lleva 13 años viviendo con sus hijos en un apartamento del que no piensa irse porque es su "refugio", en Montmartre, el mismo barrio que la vio deambular.

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