Siete parques de Quito ya cuentan con iluminación LED
Enmienda o reforma: dos caminos que puede tomar la consulta
Ishpingo arrancará su producción en mayo con 45 000 …
17 cantones con mediano riesgo de contagio optaron p…
Nuevo plan
La votación judicial sobre la despenalización del ab…
Guayaquil registra 97 % de ocupación en camas UCI
Reino Unido: Hombre admitió haber esclavizado a una …

La intensidad de la vida está en otra parte: Miguel Donoso

Redacción Cultura

El poeta y narrador Miguel Donoso Gutiérrez, hijo del escritor Miguel Donoso Pareja, publicó ‘Los marineros se reencuentran’, ‘Punta de Santa Clara’, entre otras.

¿No le parece que ‘Cuatro’ es un título un poco extraño para un poemario?

Mucha gente me ha comentado eso mismo. Y ha especulado hasta con nociones sexuales, pero no se trata de nada de eso. Es una cuestión muy sencilla, el título  se refiere a que hay cuatro libros metidos allí. Son cerca de seis años de trabajo.

¿Cuál es la línea que los identifica?

El primer libro es ‘Los espacios del tiempo’ y, a su vez está dividido en cuatro (como verá, ese número me gusta): primero ‘Imaginarios’, donde busco poetizar la vida cotidiana, llevarla a un estadio surreal o imaginario; luego hay poemas de amor (que intentan ver las relaciones desde lo amoroso), el tercero tiene poemas egocéntricos (son poemas que indagan en mi pasado, mis experiencias) y, finalmente, el cuarto es una contraposición entre la realidad  brutal y la irrealidad. La irrealidad de la realidad.

HOJA DE VIDA
Miguel Donoso Gutiérrez
El poeta nació en Guayaquil y vivió en México desde niño. Fue ganador de una mención en el Premio de Poesía Joven de México en 1979.
Formó parte de los Talleres Literarios de León, Guanajuato y de Monterrey y Nuevo León.
Ha publicado ‘Los marineros se reencuentran’ (poesía), ‘Imágenes sobre el Observador’ (poesía), ‘Punta de Santa Clara’ (cuentos) y otros. 

¿Y los otros?

El siguiente libro se llama ‘Sutra’ y tiene que ver con el sexo. Se revisan las posiciones sexuales, el orgasmo y ese amor físico desde el punto de vista de las interrogantes y los vacíos que plantean estos ejercicios.

¿Un ejercicio de confesión? 

Nadie puede escribir sino a partir de su vida. Cuando haces el amor por supuesto que ves cosas que te conmueven profundamente y que son poesía. Hay poesía en toda la vida que nos circunda. Caminar por la calle y ver un árbol de mango es un poema. Lo que pasa es que hay que aprender a leerlo.

En el tercero el tono se vuelve más filosófico. ¿Hay una conexión entre lo sexual y lo metafísico?

El tercero se llama ‘Vivir no significa nada’. Salió de una etapa en la que estaba muy deprimido. Había conseguido vivir y mantenerme económicamente, mi casa, mi familia, toda esa serie de estructuras que la sociedad enseña que hay que sostener. Pero eso no significaba nada a fin de cuentas. Entonces, este libro intenta rescatar la vida. La intensidad de la vida que no está donde te dicen que está.

¿Dónde está? 

El modus vivendi es una cosa y la satisfacción como ser humano es otra. Hay varias cosas. Me encanta la relación con mi mujer y con mis hijos, que es muy loca, a veces buena, a veces mala, pero me gusta. Me gusta mirar las frutas y los animales. Me encanta conversar con la gente.

En el cuarto se vuelve político ¿De dónde viene eso?

Se titula, en efecto, ‘Salve oh patria mil veces violada’. En general la política es algo que no me gusta, pero no puedo estar exento de ella  en tanto que irrumpe en mi camino cotidiano. Es muy disgustado este último libro.

¿Qué le disgusta?

Ecuador no ha cambiado nada. Se siguen repitiendo las mismas cosas de siempre. La patria está siendo violada todo el tiempo. Y seguimos igual que hace años, el poder, la pobreza, la estructura social sigue siendo la misma. No hay que dejarse engañar.

¿Se justifica la unión de todos esos temas en un solo libro?

Sí, en el sentido de que todos tocan una parte del testimonio poético humano. Son tratados de inquietudes que nacen de la relación problemática de un ser humano contemporáneo con el mundo que le tocó vivir.

Su estilo es sencillo y coloquial. ¿Eso obedece a un convencimiento técnico o a una intuición natural?

Creo que no hay mayor riesgo que la desnudez de la palabra. El texto, enredado, meloso, florido no se me da. Lo más difícil es hacerlo sencillo. Me interesa que el lector pueda ingresar en el mundo de mi poética. No escribo para el lector. Escribo porque lo necesito. Pero sí trato de escribir lo más sencillo posible, sin adornos. En ese sentido este trabajo fue podado mucho de adjetivaciones y grandilocuencias.

Suplementos digitales