19 de September de 2009 00:00

Los inmigrantes ahora ganan menos

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Roxana Cazco.  Corresp.  en Madrid
 
La exclusiva calle Serrano de Madrid está partida. Las boutiques de Adolfo Domínguez, Yves Saint Laurent y Roberto Verino se llenan de polvo. Los madrileños y turistas esquivan baches, saltan zanjas, sortean puentes y fruncen el ceño. “Esto es una vergüenza”, comenta  una mujer de mediana edad que lleva en la mano  tres bolsas de El Corte Inglés.



Más fondos para obras
El Plan Español para  el Estímulo de la Economía y el Empleo (Plan E), creado para combatir la crisis, invertirá en obra pública durante 2009, un total de 33 000 millones de euros (USD 48 555 millones). Por ello, el aumento de las obras es evidente y los ecuatorianos aprovechan esa coyuntura, después de largos meses de parón en la construcción.
“He trabajado  todo el verano”, dice el riobambeño Fernando Orbea, mientras rehabilita la fachada de un edificio en Puerta de Toledo, centro de   Madrid.

En la calzada, decenas de inmigrantes, sobre todo ecuatorianos, le plantan cara al sol con pico y pala en mano. En el verano y posverano madrileño la alta  temperatura no es  una novedad y los carteles de ‘Cerrado por vacaciones’ se ven  en los negocios.

Son muy pocos los madrileños que no escapan del seco calor de su ciudad. Y aunque este año la crisis económica y el desempleo amenazaban con estropear la rutina estival, en las obras de construcción, por cientos en Madrid, hay pocos o ningún nativo.

“En mi cuadrilla todos somos ecuatorianos”, dice el quiteño Iván Reyes, quien  trabaja en la edificación de tres parqueaderos subterráneos (para 3 000 plazas) en la calle Serrano. En el  centenar de personas en la obra, 85 son extranjeros y 15 nacionales.

“Aunque haya crisis, el español no trabaja en la construcción. Le parece muy duro, prefiere acogerse al paro (prestación de desempleo)”, asegura Reyes. Con tres hijos en edad escolar y una esposa reagrupada, sin permiso para laborar, este ecuatoriano de 37 años debe aprovechar cualquier oferta. “La necesidad hace que estemos aquí, soportando el  calor y ganando lo poco que nos pagan”, subraya el compatriota que vive aquí  hace nueve años.

2 500 euros (USD 3 670) percibía hace un año el connacional Rommel Morales por trabajar en pleno verano. Ahora recibe por las mismas horas, 1 200 euros (USD 1765). “¿Qué puedo hacer? ¿Negarme a trabajar si tengo que pagar alquiler, comida, colegio de mis hijos?”, pregunta este quiteño con 11 años en España. “Prefiero esto a no hacer nada por mantener a mi familia”, remata.

Esa es la realidad de miles de compatriotas que se ven forzados a ganarse la vida bajo altas temperaturas, a ritmos desenfrenados y con pagas de explotación.

“Esto tiene que ver con la vulnerabilidad”, dice una fuente del Centro de Estudios del sindicato Comisiones Obreras, que pide no difundir su identidad.

Para el experto, el español tiene un largo recorrido de aportaciones a la seguridad social y le conviene acogerse al paro, además se apoya en la familia y en una extensa red social. Mientras que la familia del inmigrante también tiene empleos vulnerables. Además,  sin trabajo  no puede renovar sus documentos.

“Entonces aceptas empleos en condiciones difíciles, eres más flexible. En definitiva, estás en manos de los explotadores”, concluye el sindicalista.

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