13 de June de 2009 00:00

Un individuo peligroso

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Rubén Darío Buitrón

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En abril de 2008, un tipo desgarbado, barrigón, ingenuo y semianalfabeto apareció en televisión y, sonriente, dijo que Juan Domingo Perón, presidente de Argentina por tres ocasiones y figura controversial de la política latinoamericana, fue “un dictador populista que desaparecía personas”.

El comentario, aparentemente inofensivo porque se lo hizo en el contexto de un programa humorístico en el que se habló de muchos temas, puso en alerta a los funcionarios gubernamentales que, hasta ese momento, también eran seguidores de tan particular personaje.

La intolerante pareja Kirchner, que controla el poder político en ese país desde hace seis años y que detesta a los críticos tanto como acá los repudia el mandatario ecuatoriano, movió toda la maquinaria jurídica a su mando y por medio de un obsecuente legislador planteó que los organismos que controlan los contenidos no permitieran nunca más la aparición en pantalla del incómodo ciudadano.

¿Tan importante era el individuo como para que el omnipotente dúo presidencial concentrara todos sus esfuerzos en silenciarlo? Quizás él, por sí mismo, no, pero por alguna razón hasta entonces desconocida, sus opiniones en contra del dictador populista recordaban ciertos hechos históricos que el poder vigente consideraba que ya los había enterrado en lo más oculto de la amnesia social.

Aquellos hechos no fueron intrascendentes: removiendo las cenizas del olvido, trajeron a la memoria uno de los episodios más vergonzosos del populismo peronista: la confiscación gubernamental, en 1951, del diario La Prensa de Buenos Aires.

La toma del diario se justificó bajo cualquier argumento insignificante, pero lo que el todopoderoso había ordenado era silenciar a uno de los periódicos que más exposición daba a las denuncias sobre corruptelas del círculo íntimo del Mandatario y los abusos de ese Régimen contra las pocas voces disidentes y deliberantes que se atrevían a criticarlo.

A Juan Domingo Perón y sus serviciales funcionarios les molestaba también que La Prensa fuera el espacio de opinión donde se publicaban las más ácidas críticas a su administración.

Pero se equivoca quien piense que el personaje que desató semejante polémica en Argentina solamente incomoda a la izquierda estalinista del siglo XXI.

Como crítico independiente, también ha tenido duras opiniones contra la extrema derecha: en 2006  ironizó la invasión militar a Iraq llamándola “Operación Ocupación Duradera”. Obviamente, la conservadora cadena FOX, muy ligada al proyecto militarista de George W. Bush, lo censuró porque “ponía en riesgo la seguridad nacional”.

El individuo peligroso se llama Homero Simpson. ¿Queda claro por qué no lo tolera ningún gobierno autoritario?

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