10 de octubre de 2019 20:46

Indígenas velaron a un manifestante y decidieron radicalizar sus protestas

El féretro de Segundo Inocencio Tucumbi fue trasladado a Pujilí, en Cotopaxi. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

El féretro de Segundo Inocencio Tucumbi fue trasladado a Pujilí, en Cotopaxi. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

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Daniel Romero

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En la tarima del Ágora de la Casa de la Cultura (CCE) se montó una capilla ardiente. Allí se colocó el féretro de Segundo Inocencio Tucumbi, manifestante que murió, según la versión de los dirigentes indígenas, en el sector de las Universidades (norte de Quito) la tarde-noche del miércoles, 9 de octubre.

Desde la mañana de hoy, jueves 10 de octubre del 2019, momentos de tensión se vivieron en la CCE, lugar en donde se alojan los indígenas que se mantiene en movilización permanente desde el sábado pasado.

Cerca de las 09:00, en el Ágora, los dirigentes de la Confederación de Nacionalidades Indígenas (Conaie), entre ellos el presidente del Movimiento Campesino de Cotopaxi, Leonidas Iza, presentaban a diez policías.

Su intención era presionar por una respuesta del Gobierno respecto a la escalada de violencia en las manifestaciones. En el lugar, todos los asistentes gritaban consignas en contra de la Policía. La noche de ayer, miércoles 9 de octubre, quienes permanecían en la Universidad Salesiana, como uno de sus lugares de acogida, soportaron gas lacrimógeno presuntamente lanzado por los uniformados.

Ese hecho fue el detonante para que el Movimiento Indígena decida radicalizar su protesta. Hasta el lugar llegó Jaime Vargas, presidente de la Conaie quien rechazó el hecho de la Católica y manifestó, incluso, que “se cerrarían las llaves de los pozos petroleros”.

Iza planteó tres condiciones para hablar con el Gobierno. La primera fue “exigir que salgan de sus cargos” los ministros de Defensa Oswaldo Jarrín y de Gobierno, María Paula Romo. El segundo, el que ha sido su consigna, que se derogue el Decreto Ejecutivo 883 con el que se eliminó el subsidio a los combustibles.

Finalmente, pidieron que el Gobierno se haga responsable de las muertes de los dos manifestantes. También de uno de los chicos que falleció tras caer del puente de San Roque en una arremetida de la Policía.

Entre las exigencias de los indígenas estuvo el que los medios de comunicación que realizaban la cobertura de la retención de los policías, transmitierna en vivo lo que ocurría. Entre los indígenas se escucharon todo el tiempo consignas en contra de la prensa.

Como garantía de que esa transmisión se diera, pidieron que los periodistas se mantengan en el lugar. “Solo pedimos que nos regalen 10 minutos para que se vea lo que está pasando”, dijo Iza.

En medio de ese momento se anunció la cadena en medios de comunicación en la que Augusto Briones, secretario de la Presidencia, manifestaba que había policías y periodistas retenidos.

Los ánimos se calmaron cuando pidieron a algunos periodistas que se pronunciaran sobre si se “sentían secuestrados o estaban por su voluntad”. Freddy Paredes, periodista de Teleamazonas, fue uno de los que habló.

Paredes fue agredido en los exteriores de la Casa de la Cultura, después de que fue escoltado por un miembro de la denominada “guardia popular”, de la Conaie.  

La jornada estuvo llena de discursos de los dirigentes de las diferentes organizaciones que conforman la Conaie. Pese a que se anunció la radicalización de la medida, los dirigentes no anunciaron qué nuevas acciones tomarían. Lo que dejaron claro es que si hay líderes de sus filiales que están hablando con el Gobierno, serían desconocidos.

A la hora del almuerzo, todos tomaron una pausa. Hubo recipientes plásticos con comida para los policías quienes comieron de pie, frente a los más de 4 000 indígenas que permanecían en el Ágora. A la prensa le repartieron sánduches, colas y fruta.

La misa de Tucumbi fue presidida por el cura salesiano Jaime Chela. No pudo evitar el sumarse a la protesta del sector indígena. Les dijo que Jesús estuvo con los pobres y llamó a que no claudiquen. En lo más álgido de su intervención condenó al Fondo Monetario Internacional (FMI) y dijo que los indígenas han golpeado la puerta del Gobierno “pero que nos los quieren oír”.

Tucumbi era originario de Cotopaxi. Fue integrante de una de las organizaciones de esa provincia. Hasta allá regresarán sus restos mortales.

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