Están impagos, pero adoran al Aucas

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Redacción Deportes

Fiando de tienda en tienda. Así se pasa Oswaldo Cevallos desde hace 18 meses, tiempo en que la directiva de Sociedad Deportiva Aucas dejó de pagarle su salario.

Cevallos, de 37 años, es el guardia  del estadio de Chillogallo. Durante 11 años ha custodiado el patrimonio de Aucas, valorado en USD 8 millones, como si se tratase de su propia casa.

Pero su labor nunca ha sido reconocida. Excepto en 2007, cuando Fernando Hinojosa asumió la directiva del conjunto capitalino. Así lo afirmó Cevallos en voz baja, mientras se colocaba su gorra negra de guardia.

“El economista (Hinojosa) siempre nos tenía al día. Nos pagaba mensualmente,  nunca se atrasaba”, recuerda el hombre de mediana estatura y tez trigueña.

Pero la situación cambió desde enero de 2008, fecha en que Ramiro Montenegro asumió la  presidencia del club. Ahí, los apuros económicos de Cevallos se volvieron a presentar.  Desde esa fecha hasta el pasado 23 de diciembre, el guardia ha cobrado solo seis de 24 meses de salario.

Los últimos cuatros meses el club han sido manejado por Édgar Salinas, tras la dimisión de Alonso Moreno. En ese tiempo le han cancelado a Cevallos solo un mes y medio de salario.

Por esa  razón, el guardia, esposo de Zeneida Oleas y padre de  tres hijos, recorre  diariamente los alrededores del estadio de Chillogallo en busca de una tienda  para que alguna  vecina le  fíe unas libras de arroz, huevos, pan... Almorzar un pedazo de  carne de res o de pollo es un lujo que pocas veces está en su dieta.

Pero eso no es lo único que  preocupa a Cevallos. Al igual que fía los alimentos, lo hace con las medicinas que suministra a su hijo de 18 años, quien sufre epilepsia. “Eso es lo que más me agobia. El niño toma tres pastillas diarias. Cada  una cuesta USD 2,80”, relata, con voz temblorosa.

La enfermedad apareció hace 11 años, cuando Cevallos junto a  su hijo recogían los escombros de los graderíos del estadio, bajo un torrencial aguacero. El pequeño se  resbaló y se rompió la cabeza.

Con esos inconvenientes, Cevallos solo anhela que la nueva directiva de Aucas, que se elegirá el 28 de diciembre, se ponga al día con sus salarios para “igualarse con las deudas”.
Ese deseo lo hacen extensivo Fabián Larco y Washington Guachamín, utilero y conserje del estadio del sur, en ese orden.

Larco es trabajador de Aucas desde 2006. ‘Don Fabi’, como lo conocen jugadores, dirigentes y técnicos, es el encargado de vestir a los futbolistas, pues bajo su responsabilidad está el  cuidado de  los uniformes y zapatos.

Larco también abastece de pelotas, conos y redes a los técnicos de turno para los entrenamientos. En esa labor lo acompaña su hijo Israel, de 18 años, quien estudia en el colegio Miguel de Santiago.

Larco, al igual que Cevallos, se siente decepcionado con los directivos de turno del club quiteño. Al hombre de cabello cano y nariz aguileña, los dirigentes orientales le adeudan 11 meses de salario. Hace un mes, Salinas le canceló un mes y medio de los cuatro que lleva dirigiendo a Aucas.

De su sueldo le descontaron USD 50 para la aportación del Seguro Social. Eso incomodó a Larco, al descubrir que desde hace tres años Aucas no ha realizado las  aportaciones a esa institución.

“En  el Seguro Social me dijeron que mis patrones no han aportado desde 2006. Entonces, no entiendo entonces por qué nos descuentan del sueldo”, indicó molesto el  trabajador.
Una situación similar vive Guachamín. Al conserje de la ‘Caldera’ del sur, Aucas le adeuda 18 meses de salario.

Los ahorros de años anteriores  le sirven ahora para mantener a su familia. “No nos damos lujos, pero por suerte no nos falta la comidita. Esas reservas son las que logré ahorrar cuando Fernando Hinojosa era presidente del club”, comenta.

A causa de la cláusula de exclusividad que  consta en sus contratos, esos trabajadores no pueden laborar en otros lugares. Sin embargo, se inventan modos para conseguir dinero.
 Una de esas formas es vendiendo papel higiénico en las afueras del estadio, cuando se realizan  conciertos y partidos de fútbol.

En esa labor los acompañan sus respectivas esposas. Ellas también se las ingenian para vender caramelos y otras golosinas.

“Eso solo lo hacemos dentro del estadio. Si ponemos el puestito de caramelos en los exteriores del escenario, corremos el peligro que  la Policía nos quite la mercancía”, comenta Cevallos.

Pese a ese obscuro panorama, los tres trabajadores, hinchas confesos de Aucas, continúan cumpliendo con sus tareas, sin necesidad de que algún directivo llegue a supervisarlos.

Así lo constató este Diario el pasado 22 de diciembre. Ese día, ‘Don Fabi’ fue sorprendido con un trapeador en mano, limpiando el piso de la Concentración.

Guachamín, en cambio, estaba cortando el césped. El abono para la  tierra y la gasolina para que funcione la cortadora la compró con el dinero de sus ahorros. “Si no cortó el césped,  quién lo va a hacer. Pero por suerte tengo todos los recibos, a ver si algún día me pagan”, comenta el conserje. Cevallos también continúa con sus labores de ocho horas diarias, de lunes a viernes.

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