27 de September de 2009 00:00

Ideas, letras y notas sobre un pentagrama

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Siempre se ha tenido por cierto el refrán ‘Zapatero a tus zapatos’. A pesar de todas las virtudes que encierra esta frase, uno de sus aspectos negativos es que  nos ha llevado, según Miguel Ángel Palacios, filósofo, músico y catedrático, a vivir en un mundo en el que nos especializamos demasiado, y eso ha empobrecido al ser humano porque ahora no sabe sino de su arquitectura, de su economía, de su medicina.



Mahler conoció las obras musicales de Nietzsche y dijo que veía   la  personalidad del filósofo  en estas. No le parecieron desdeñables.La historia cuenta que filósofos de otras épocas tuvieron una relación más que casual con la música.

Rousseau, Marcel, Popper, Adorno y Nietzsche talvez sean nombres que suenan sin causar alguna vibración especial en el lector. Ciertamente ellos cambiaron la visión del mundo con su pensamiento. A pesar de haber nacido en distintas partes de la Europa del siglo XVIII hasta el XX no solo se interesaron por la música como simples aficionado, sino que hasta fueron compositores. Es decir, pasaron del grado de escuchar o interpretar música, a  crearla.
 
Sin embargo, hay que entender y aclarar que el legado que dejaron a la humanidad y a la cultura fue su pensamiento, no su música.

Desde muy pequeños todos tuvieron en sus hogares grandes influencias musicales. Eso los llevó a estudiar, ya sea de manera autodidacta o incluso formal. 
Rousseau reconoció que estudió por su cuenta, ya que era una de las tantos saberes que cultivaba. Decía que  una tía suya  le cantaba canciones cuando bordaba, o cocinaba o hacía cualquier otra labor de la casa. De ahí le vino la afición y pasión por la música.

A  Friedrich Nietzsche le marcó la manera como su padre tocaba el órgano y el piano en las ceremonias religiosas, ya que fue pastor protestante.

Gabriel Marcel no pertenecía a una familia religiosa, pero su padre cantaba como un ángel. Marcel  decía que para él la música tuvo casi religioso, ya que llenó todo ese campo espiritual que estaba libre.

En cambio, en la vida de Theodor W. Adorno influyó tanto que su madre haya sido una cantante lírica, cuanto que su hermana haya sido pianista.

Para Karl Popper, la presencia de los Schiff (su familia materna) fue decisiva en su formación musical ya que hubo hasta un director de orquesta.
Así  fueron los  orígenes de estos pensadores. Más tarde, su camino estaría plagado de estas primeras impresiones, como de notas un pentagrama.

Migue Ángel Palacios recrea la filosofía de Rousseau a través de su ópera ‘El adivino de la aldea’ en donde relata los amoríos y devaneos entre dos pastores hasta cuando el chico se va a la ciudad tras una dama de la aristocracia. Luego, con la ayuda del adivino,  se desengaña  y regresa a la aldea  para  recuperar a su pastora.

El mensaje  que tansmite es que se es más feliz con los instrumentos y las canciones populares en el campo, que en la ciudad con los  ruidos, los  conciertos y las  costumbres de un lugar  ajeno.
Es que Rousseau siempre predicó la vuelta a la naturaleza, él decía qué eso es lo que va a hacer verdaderamente feliz al ser humano.

En cambio, lo de Nietzsche es un poco diferente, porque algunas de las cosas que compuso las hizo para una mujer llamada Lou Andreas-Salome, por quien también sentían un impulso amoroso el periodista alemán Georg Lebedour, el poeta alemán Rainer Maria Rilke,  los psicoanalistas Sigmund Freud y Viktor Tausk, y el filósofo Paul Rée.

Nietzsche estaba enamorado de ella y se le declaró, pero ella no aceptó.  Cuando ella partió hacia otra ciudad, tuvo el  cuidado de escribirle un poema llamado ‘Oración a la vida’. Entusiasmado, Nietzsche le adaptó unas partituras que había escrito antes, porque no pudo hacerle justicia  componiendo música nueva. Con este gesto, cerró su compromiso con ella. No era para menos, el piano y la voz se desangraron amorosamente.

La obra de este filósofo está aderezada desde el principio hasta al el final por la presencia de la música: desde su análisis de la tragedia griega y su relación con los ritos dionisiacos hasta la pasión que sintió por el compositor Wagner, con el posterior y acérrimo rechazo en su libro ‘Nietzsche contra Wagner’, de 1889.

Friedrich Nietzsche creyó tanto en la música como un alimento del espíritu que decía que las obras que componía en su juventud le ayudarían en su vejez para recordar los buenos tiempos. Él intuía su triste final; 11 años pasó recluido en un manicomio, sin hablar, sin escribir,  solo tocaba el piano para matar uno a uno sus días.

Migue Ángel Palacios recuerda que Theodor Adorno fue el mejor instruido en este aspecto, ya que estudió composición musical con Alban Berg. Su  críptica e impenetrable obra filosófica, se ve  reflejada en su gusto musical.

Evidentemente, la crítica a la sociedad de la que hablan sus obras estuvo muy presente en sus composiciones. Decía que la música tonal estaba caduca porque fomentaba el aburguesamiento  y por eso se dedicó a la música  atonal. Posteriormente, como la ausencia de reglas de sintaxis le produjo problemas para componer, hizo música dodecafónica, que significa la vanguardia en el género, y por eso solo la entienden los estudiosos.

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