27 de September de 2009 00:00

Los hombres se recrean en la peluquería del barrio

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Pablo fiallos
Redacción SIETE DÍAS

Viernes,  18:30. Con un ritmo muy marcado, el sonido de las tijeras se une a la melodía que sale de la radio, el son Lágrimas negras, como si estas fueran un instrumento más.  Todavía destellan los últimos rayos de luz del sol,   pero  dentro de la peluquería El Barón esta es la  hora en  la que más se trabaja.




“Como somos cinco varones, además cuidamos la calle. Si pasa algo en el barrio  estamos para defenderlo”.
Luis Laverde,
Dueño
Cinco pares de manos, con  tijeras, navajas y máquinas de afeitar,  mantienen un ritmo acelerado y ágilmente afeitan, cortan y rapan a su clientela,  exclusivamente masculina.

Pero no solo sus manos trabajan, pareciera que en El Barón la boca  tampoco descansa. Hábiles, amables y dicharacheros, así son los peluqueros estrella de la Jipijapa. En su labor, y si el cliente le brinda la confianza, ellos preguntan, cuentan y comentan, como si este lugar, además de salón de belleza, fuera un  consultorio terapéutico, del cual el cliente sale bien peinado, informado y desahogado.

¿Es ese el secreto para que esta peluquería mantenga la fidelidad de su clientela por más de 16 años? Luis Laverde, el dueño,  responde. “Primero es porque tenemos un precio muy conveniente, solo USD 2,50, ofrecemos un trato tradicional a los clientes; y además es por el ambiente”.

Según su dueño, esta es una peluquería moderna, pero que sigue la tradición de otras conocidas del Centro  como La Guayaquileña, la Fígaro o la Pacífico, de las cuales han llegado muchos clientes mayores.  Acá, la gente del barrio camina por la calle, detrás del umbral de este centro de acicalamiento varonil, y saluda, les conoce y les trata ya con cierto cariño.
“Como somos cinco varones, además cuidamos la calle. Si pasa algo en el barrio  estamos para defenderlo”, dice Laverde.



“Un corte de pelo o una afeitada  dura alrededor de 20 minutos. Nosotros trabajamos de 09:00 a 20:00”. 
Osvaldo Yupa,
 peluquero. Con más de 25 años de experiencia, este peluquero decidió un día montar su negocio propio solo, con dos sillones, en el local de la Jipijapa. A medida que fue aumentando la clientela, él fue incrementando sillones y personal. Ahora son cinco peluqueros.  

Uno de ellos, Manuel Iza, vio un anuncio en el diario donde decía que se necesitaba un peluquero. Hace cinco años que comparte con el resto del equipo este oficio. Tenía dudas sobre si entrar o no al local, pues en este pequeño espacio parecían que no iban a entrar clientes. Sin embargo, el intenso movimiento de gente terminó por convencerlo rápidamente.

Un sábado cualquiera, el   local  en el norte de Quito, de unos 20 m²,  parece quedar pequeño. Alrededor de 120 clientes pueden llegar durante ese día al lugar. Cifra que llega bien  lejos de  los tres clientes que llegaron  a El Barón el primer día que abrió el  local.

Osvaldo Yupa, alias ‘El Chorri Palacios’, es un   peluquero muy popular. Él cuenta que se demoran alrededor de 20 minutos  por corte de pelo o afeitada en su horario de 09:00 a 20:00.

En ese tiempo, además de terminar el trabajo solicitado por el cliente,  él contribuye con las historias del lugar.  Entre los cinco terminan de contar un cacho, una noticia  y sobre todo las anécdotas, que abundan sobre los personajes públicos (sobre todo de la política) que acuden aquí.

Entre los conocidos, a El Barón han llegado futbolistas, políticos y militares... Laverde cuenta que uno de los infaltables en la peluquería es el general Luis Aguas. A él, los peluqueros le molestaban, mandándole falsos recados de parte de Lucio Gutiérrez, justo tras la confrontación entre ambos militares. En las pasadas elecciones le decían que Lucio le estaba buscando para ofrecerle un Ministerio. “Claro, dirale que ahora estoy haciendo campaña a favor de él”, respondía Aguas riendo.

Como toda peluquería clásica, esta está lleno de revistas, periódicos del día  y además miran las noticias de la TV.  Los peluqueros estrella siempre quieren estar bien informados para poder conversar con los clientes sobre  el país.

Ese es el plus de este pacífico lugar. Aunque a veces ha sido campo de discusiones políticas y ha estado a punto de convertirse en campo de batalla. Iza recuerda una visita  de Jorge Montero, ex segundo vicepresidente del Congreso. Cuenta que él llegaba desde Loja  con su guardaespaldas para atenderse.

En una ocasión, un par de clientes que no le reconocieron tacharon de sinvergüenzas a los diputados luego de ver una noticia desafortunada en la tele, sin darse cuenta de la presencia de Montero en un asiento vecino.

Por suerte, con un poco de humor se pudo resolver también esa situación. Antes de que diputado, guardaespaldas y clientes se levantaran a luchar, los ingeniosos peluqueros apretaron su tarea para impedirles que  se pararan. “Montero salió echando pestes”.

Pero no todo ha terminado siempre en una buena afeitada. En el local aún recuerdan con un extraño cariño al ‘Patojito’. Una vez, después de cortarle un poco la oreja a un cliente él se excusó  diciendo: “Al mejor maestro se le puede caer la tiza”. Las risas del salón, incluidas las del propio cliente, aliviaron la tensión.

Aunque Laverde es el dueño del lugar, entre estos cinco cuarentones reina un ambiente de cómplice cordialidad.

El Barón funciona como una hermandad de peluqueros, en la cual un día al mes, ellos  destinan su tiempo para cortarse el cabello el uno al otro. Para estos padres de familias con tres y cuatro hijos el negocio resulta muy bueno, aunque tampoco es “que ganemos como diputados”, ríen una última vez.

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