27 de September de 2009 00:00

Desde su hogar, al supermercado

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Janet llegó hace 40 años a Ecuador y aún  hoy su origen se evidencia en su acento. Nació en el Valle de San Joaquín, en California y fue allí, en los años universitarios, cuando conoció a su esposo. “¿Cómo llegué a Quito? Simple, me enamoré de un ecuatoriano”, cuenta Janet con una cándida sonrisa y los ojos diáfanos, color cielo californiano.



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Harlan’s es la marca de la masa de galletas y  crepés que Janet de Ponce realiza en su casa y las distribuye en la sección de congelados de Supermaxi, Mi Comisariato, Magda y Santa María.
Una tarrina  de la masa de galletas Harlan’s Chocolate Chips permite hornear 36 galletas y su preparación no requiere amasar, ni enmantequillar la bandeja para hornear. Solo se deben poner cucharadas de masa sobre la plancha y llevar al horno.
 Janet de Ponce  vive en Ecuador desde hace 40 años. Es madre de tres hijos, Esteban, Carolina y Patricio,  también tiene cinco nietos. Su esposo y sus hijos han sido un pilar esencial  para comenzar su nuevo negocio.El amor le llevó a consolidar una familia en la andina Quito y, desde hace pocos meses,  justamente con el apoyo de su marido y  sus hijos, decidió emprender una actividad que le permita producir un ingreso y ayudar a la gente al mismo tiempo.

Janet siempre se lucía preparando diversos postres, pasteles, pies y demás delicias.  Poco a poco su habilidad fue dándose a conocer entre sus familiares y amigos, y sus especialidades ganaban fama.  “Hace algunos años empecé vendiendo galletas y mi hija  y una de mis cuñadas insistían en que  debía vender mis productos en las grandes cadenas”, comenta Janet.

Llegó un momento, sobre todo en las temporadas de mayores ventas, como durante la Navidad o en el Día de la Madre, en que decidió preparar la masa y mantenerla congelada para hornearla cuando hicieran los pedidos y así satisfacer las demandas a tiempo, manteniendo la frescura de sus productos. De allí surgió la idea que derivó en su negocio actual.

“Con mi esposo estábamos viendo que en  Internet se ofrecía masa congelada de galletas y dijimos  ‘¿por qué no?’”, afirma Janet, mientras sostiene en sus manos uno de los productos que ahora comercializa en los principales supermercados:  un tarro  de  masa congelada de galletas con chispas de chocolate, lista para hornear. Además, también prepara masa de crepés y la vende congelada en paquetes.
         
El propósito que le llevó a emprender esta iniciativa es que además de generar un ingreso sin  salir de casa, también le permite dar una alternativa a quienes no tienen tiempo de preparar galletas, como lo explica:  “Es un producto que puede facilitar la vida de muchas mujeres, por eso lo he inventado. Yo veo a las chicas jóvenes, como mi hija, que andan en un trajín de vida terrible y nunca paran y ayudarles en algo me parece elemental”.

Además, recalca que la decisión de vender los productos congelados responde a que  así no es necesario poner ningún tipo de ingrediente artificial o conservantes. De esta forma, las galletas y los crepés pueden ser una alternativa para el desayuno, para la lonchera o para asombrar a invitados inesperados con algo delicioso y que se prepara rápidamente.

Actualmente la producción se realiza totalmente en la cocina de su casa: “Es un producto absolutamente casero. Tengo una chica que me ayuda desde hace algunos meses y, claro, la esperanza a futuro es que sea necesario ampliarnos a un local”, confiesa y agrega: “El gran sueño es  tener una empresa en la que se pueda dar trabajo a la gente en condiciones buenas; considero fundamental  aportar algo a mi familia y también a los demás”.

El calor del  hogar de Janet de Ponce, impregnado por el olor del azúcar, se recrea cada vez que en cualquier otra casa se hornean sus galletas, reviviendo también el olor de la cocina de su abuela paterna, de apellido Harlan (que da nombre a la marca de sus productos), que, en Estados Unidos y  en   tiempos ya lejanos, unía a la familia alrededor de la mesa  con sus  recetas tradicionales.

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