4 de octubre de 2018 11:45

Hombres cuentan cómo descubrieron que no son padres biológicos de sus hijos

Jorge Torres, de 42 años, impugnó la paternidad de su hija y, desde el 2014, ella ya no lleva su apellido tras descubrir que no era su padre. Foto: Cortesía

Jorge Torres, de 42 años, impugnó la paternidad de su hija y, desde el 2014, ella ya no lleva su apellido tras descubrir que no era su padre. Foto: Cortesía

valore
Descrición
Indignado 65
Triste 47
Indiferente 3
Sorprendido 18
Contento 13
Diego Bravo

LEA TAMBIÉN

LEA TAMBIÉN

Las impugnaciones de paternidad no son aisladas en Ecuador. El Consejo de la Judicatura documenta 12 371 causas resueltas a escala nacional entre el 2013 y el 2017; Guayas y Pichincha son las provincias con mayor número de casos. En el mismo período hubo 933 casos de reconocimiento voluntario del menor. Para recurrir a las dos figuras, miles de papás, mamás y sus hijos se sometieron a pruebas de ADN.

Las siguientes son historias de impugnación de paternidad

Con su mano derecha, Christian Enríquez, de 38 años, muestra en la pantalla de su computadora el mail que le envió su exesposa, Ximena. Le decía que, pese a los problemas que afrontaron durante su matrimonio, Dios les bendijo porque estaba embarazada. Quería que cambien las cosas y mejoren su relación por el bien del bebé, quien nació en abril del 2011 y lo llamaron Mateo.

Su vida cambió junto al pequeño. Publicaba sus fotografías en redes sociales. Le enseñó a montar bicicleta. Le compraba camisetas de fútbol. Lo llevaba al estadio Olímpico Atahualpa para ver los partidos de su equipo preferido, El Nacional. Se tatuó el nombre de Mateo en el brazo derecho para llevarlo en la piel…

En la foto, en el exterior de los juzgados de la niñez y adolescencia, ubicado en las calles Veintimilla y Juan León Mera. Desde el 2013 hasta el 2017 se reportaron más de 12 000 casos de impugnación de paternidad. Foto: Eduardo Terán / EL COMERCIO

En la foto, en el exterior de los juzgados de la niñez y adolescencia, ubicado en las calles Veintimilla y Juan León Mera. Desde el 2013 hasta el 2017 se reportaron más de 12 000 casos de impugnación de paternidad. Foto: Eduardo Terán / EL COMERCIO

¿Qué ocurrió después?

La pareja se separó en el 2014. Christian visitaba a Mateo cada 15 días como lo estableció el Juzgado de la Niñez y Adolescencia. Sin embargo, él notó que las cosas no iban bien. El mismo infante empezó a mencionar que Enríquez no era su padre. Lo había escuchado decir de su madre y su abuela en repetidas ocasiones mientras conversaban.

Esa situación lo desesperó. No podía dormir ante lo que ocurría. Por eso, en diciembre del 2017, Enríquez planteó una demanda de impugnación de paternidad, la cual fue calificada en la Justicia. Tras las pruebas de ADN realizadas en la Cruz Roja se confirmó que no era el padre biológico de Mateo.

La impugnación de la paternidad es un proceso que se realiza cuando un hombre tiene indicios de que no es el padre biológico de su hijo. Según el artículo 233 del Código Civil, esta acción puede ser ejercida por el padre cuyo hijo nació dentro del matrimonio y sospeche que no es suyo (también se aplica para las uniones de hecho). De igual forma, quienes se pretendan verdaderos papás, los hijos y los que constan legalmente registrados como padres y cuya filiación se impugna.

Datos del Consejo de la Judicatura refieren que 12 371 causas resueltas por impugnación de paternidad se registraron a escala nacional desde el 2013 hasta el año pasado. La entidad no precisa el número de casos cuyos fallos resultaron a favor o en contra de quienes impugnaron.

Tampoco especifica el tipo de caso. Es decir, si un padre biológico impugnó la paternidad de su hijo. O si un mayor de edad lo hizo al enterarse quién es su verdadero padre. Tampoco si alguien reconoció legalmente a un infante y luego se enteró, tras la prueba de ADN, que no era el papá.

Las provincias con mayor cantidad de casos fueron Guayas y Pichincha con 1 915 y 1 964. Le siguen Azuay, Chimborazo y Manabí con 840, 819 y 838 respectivamente (ver cuadro adjunto de cifras).


Pero, ¿es posible quitarle el apellido al enterarse que no es el papá biológico del niño? En la Resolución No. 0167-2014, dictada en el juicio 0095-2014, del 19 de agosto de 2014, la Sala de la Familia, Niñez y Adolescencia de la Corte Nacional de Justicia, falló: No procede la acción de impugnación de reconocimiento voluntario de la paternidad o maternidad realizado por quien asumió la calidad legal de padre o madre, conociendo que el hijo no era biológicamente suyo.

En ese contexto, Patricio Gualotuña, juez de la Niñez y Adolescencia, explica que esa disposición se aplica en los casos de hombres que reconocen a los hijos de sus parejas conociendo que son de otras personas. Una vez que lo hicieron es imposible hacerse para atrás. “Muchas veces ocurre así”.

Asimismo, hubo abuelos que reconocieron voluntariamente a sus nietos como hijos. Luego, al tener problemas familiares, ya no pueden impugnar porque lo hicieron de forma voluntaria. “Se les ha negado porque es ilógico”.

De otro lado, con la resolución No. 05-2014 (R.O. 346, 2.10.2014) de la CNJ se emitió un fallo de triple reiteración, de cumplimiento obligatorio. Este dice que el reconocimiento voluntario de un hijo o hija es un acto irrevocable.

El legitimado activo del juicio de impugnación de reconocimiento es el hijo o cualquier persona que demuestre interés en ello, “excepto el reconociente, quien solo puede impugnar el acto del reconocimiento por vía de nulidad del acto”. Esa nulidad se aplica cuando se comprobó que hubo inducción al error, dolo y fuerza.

En el caso de Enríquez, su abogado demostró que hubo inducción al error. Lo hizo con los correos electrónicos de Ximena en los que le dijo que esperaba un bebé de él. A esto se sumó la prueba de ADN que fue certificada por una analista molecular de Cruz Roja.

Con esas evidencias, la demanda fue calificada a inicios de este año. La mujer buscó que se realice otro examen de ADN, lo cual le negó el juez. En la audiencia realizada en agosto de este año se exhibió nuevamente las pruebas que “excluyen la existencia de vinculo biológico de paternidad” entre Enríquez y Mateo.

Finalmente, ella y su defensa se allanaron a la demanda. Así se declaró que Enríquez no es el padre biológico de Mateo y en lo posterior él constará como padre desconocido.

Él estaba aniquilado emocionalmente. Incluso acudió al psicólogo en búsqueda de ayuda. “No fui a la oficina, salí de mí mismo, era un zombie. Lloraba demasiado. En su trabajo lo entendieron y ayudaron para que salga de vacaciones. No laboró durante dos meses. En ese tiempo, no mantuvo contacto con sus amigos, tampoco con sus familiares. Ahora, lo único que busca es rehacer su vida con su novia. “Al niño lo amo, pero no es justo…”.

Y hay más historias que también se cuentan en los pasillos de los centros en donde se realizan pruebas de ADN. Emilia Vaca es la subgerente de Servilab, una cadena de laboratorios que se dedica a esa actividad en Quito. Mensualmente se realiza allí un promedio de 100 pruebas de ADN. De ellas, el 75% corresponden a hombres y el resto a mujeres.

Cuenta que los varones acuden a ese sitio generalmente por celos. Otros porque sus nuevas parejas les incitan a que se practiquen las pruebas. En los casos de las chicas, algunas lo hacen porque dudan sobre quién es el verdadero papá de sus hijos o porque los padres biológicos no quieren reconocerlos.

Recuerda que un hombre acudió con su hijo, de 9 años, para retirar los resultados de las pruebas de ADN que se hizo. Era un domingo de ciclopaseo y ambos planificaron salir a pedalear durante la mañana. Tras ingresar al edificio, el niño lo esperó afuera con las bicicletas. Al conocer que los resultados fueron negativos, él lloró desconsoladamente. “El chico está afuera porque salimos a pasear ¿Qué le digo ahora? ¿No sé qué hacer?”, expresó mientras sollozaba.

Una situación similar vivió Jorge Torres, de 42 años, en el 2013. Cuando su niña cumplió 9 se enteró que no era su progenitor. Su vida se derrumbó y comenzó a beber licor descontroladamente. Trató de conversar con la mamá, pero ella le dijo que no quería su ayuda y que deje de pagar las pensiones alimenticias, que le iba a devolver hasta el último centavo.

Ellos tuvieron una relación amorosa por varios años y la pequeña nació luego de que se separaron. Él la reconoció y la mamá le pidió USD 1 500 como pensión alimenticia. En esos momentos tuvieron problemas y la justicia, con base en los ingresos de Torres, la fijó en USD 490. Ante los inconvenientes, sus allegados le recomendaron someterse al examen de ADN.

Tras conocer los resultados negativos, él impugnó la paternidad y, desde el 2013, la niña ya no tiene su apellido, tampoco recibe la pensión. Ahora ella tiene 16 años y vive con su mamá. Él se fue a vivir en Europa para recuperarse emocionalmente.

“Me fui porque no me hallaba. Apareció la oportunidad de estudiar y trabajar en otro continente y voy dos años acá”. No tiene más hijos, pues siempre se enfocó en la pequeña con la que tenía una relación de paternidad. Trató de rehacer su vida con otra chica, pero sus problemas eran tan fuertes que se separaron.

Ahora, él demandó a la mamá por daño moral y espera la resolución del juez con una indemnización de USD 50 000. Lo hizo con base en el artículo 242 del Código Civil: “Durante el juicio se presumirá que el hijo lo es del marido, y será mantenido y tratado como tal. Pero una vez que se declare judicialmente que el marido no es el padre, tendrá derecho el marido y cualquier otro reclamante a que la madre les indemnice de todo perjuicio que la pretendida paternidad les haya causado”.

Lo mismo hará Enríquez. En el transcurso de esta semana, él y su abogado alistan una demanda en contra de Ximena. En ambos casos, con sentencias a su favor, argumentan que se afectó su voluntariedad con la inducción al engaño.

Gualotuña explica que cada vez es más frecuente que se presenten casos de impugnación de paternidad y la nulidad. A su juicio, los problemas se derivan de lo económico. “Se pide la impugnación porque hay demanda de alimentos”.

En otros casos –añade el juez– las impugnaciones se producen por herencias y se apoyan en el inciso cuarto del artículo 233. “Las personas a quienes la paternidad o maternidad impugnable perjudique en sus derechos sobre la sucesión de los que constan legalmente como padre o madre”.

Impugnación de reconocimiento

El Consejo de la Judicatura refiere que 933 causas resueltas por reconocimiento voluntario del menor se han reportado en el país. Las provincias con mayor índice son Tungurahua y Pichincha con 142 y 133. Le sigue Manabí con 119 (ver cuadro).


Nelson Cabezas
es un abogado que ha manejado 22 casos de ese tipo. Explica que en esta figura se aplica el artículo 250 del Código Civil. Es decir, pueden hacerlo el hijo y cualquier persona que tiene interés en ello.

Asimismo, el reconociente podrá impugnar por vía de nulidad y demostrar que hubo inducción al error, fuerza y dolo. Así ocurrió con William Cusme al descubrir que no era el papá de su hija, hoy de 5 años.

Cuando la pequeña nació, la madre le dijo que era su hija y él la inscribió en el Registro Civil. Tras enterarse que no era el padre verdadero, él presentó la impugnación de reconocimiento. Argumentó que le indujeron a error al mentirle que era su niña y que la reconozca. Finalmente, el año pasado, el juez declaró la nulidad absoluta del acto de reconocimiento.

"Por lo que llevará los apellidos de su madre, debiendo marginarse en este sentido la partida de nacimiento", señala el fallo. Ejecutoriada la sentencia, esta fue inscrita en el Registro Civil.

En otro caso, Myriam Jácome aceptó que su exconviviente, Luis Pérez, no era el progenitor de su hija, de 11 años. Al principio, el hombre presentó la impugnación de reconocimiento y argumentó que también le mintieron diciéndole que era el padre.

Luego ella admitió que no era así y se allanó en una audiencia de conciliación. Con ello, se dejó sin efecto el reconocimiento del papá de la menor en la partida de nacimiento. A cambio, él no presentó demanda en contra de su expareja por daños y perjuicios.

Descrición
¿Te sirvió esta noticia?:
Si (170)
No (4)