15 de septiembre de 2020 18:25

¿Qué hacer con los hijos que teleestudian, si debe volver al trabajo presencial?

1,8 millones de estudiantes empezaron un nuevo ciclo escolar en el régimen Sierra-Amazonía, en modalidad virtual. Foto: Julio Estrella / EL COMERCIO

1,8 millones de estudiantes empezaron un nuevo ciclo escolar en el régimen Sierra-Amazonía, en modalidad virtual. Foto: Julio Estrella / EL COMERCIO

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Yadira Trujillo

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Este lunes 14 de septiembre del 2020, una vez finalizado el estado de excepción, varias familias han tenido que reorganizarse, tras cinco meses teletrabajando. Varios, pese a tener funciones administrativas, han sido convocados para laborar desde la planta de sus empresas. Por ello han buscado opciones, ya que sus hijos son menores de edad y están en clases virtuales.

Irene Andrade volvió al trabajo presencial. La madre de familia teletrabajó desde el 16 de marzo, por lo que pudo acompañar a su hijo Joaquín, de 11 años, en el proceso de las clases virtuales, todo el segundo quimestre del año lectivo anterior. El chico recibe clases de 07:20 a 13:30.

¿Qué hará Irene? “Tuve que pedir en esta semana que mi hermana, que aún está en teletrabajo, se mude a vivir con nosotros unos días, para que me ayude con mi hijo”, cuenta la madre de 38 años, quien trabaja en el área de marketing de una empresa de tecnología.

En la noche Irene deja lista la comida para el día siguiente. Va a su oficina en taxi, ya que no tiene auto propio.

La próxima semana, según contó, su excuñada le ayudará durante algunos días. Por lo que Joaquín deberá pasar un tiempo lejos de su mamá.

“Estoy muy agradecida por conservar mi trabajo, hay mucha gente que lo perdió en esta pandemia, pero las nuevas condiciones de vida han cambiado y en mi caso como madre es duro no solo organizar la logística, también la parte anímica porque estoy trasladando mis responsabilidades de mamá a otras personas como mi hermana. Actualmente los abuelitos están un poco indispuestos por eso incluso me apena molestarlos”.

Mientras teletrabajó, Irene tuvo acceso al servidor de su oficina, llevó su computador a casa y adecuó ahí un espacio para trabajar, luego de mejorar el servicio de Internet.

También adecuó un espacio para Joaquín. Le compró una silla ergonómica para sus clases virtuales, que no podrá usar más, por tener que desplazarse a otra vivienda. “A pesar de que está más grande creo que los niños siempre necesitan de supervisión”.

Con los ajustes hechos en casa, el chico estaba contento, asegura su madre, por lo que al saber sobre los cambios se puso triste. “Me dijo que no entendía por qué debía volver a ir a la oficina y dejarlo encargado”.

Tras una conversación, cuenta Irene, su hijo comprendió la situación. “Se comprometió a colaborar, el fin de semana le capacité para resolver temas en la computadora o impresora, le dejé claro el horario, los links de ingreso a clases y demás”

No deja de llamarlo un par de veces al día –dice la madre de familia– para saber cómo está y que no sienta que le ha dejado.

1,8 millones de estudiantes empezaron un nuevo ciclo escolar desde casa en el régimen Sierra-Amazonía, el 1 de septiembre. Los alumnos cuyos padres cumplían teletrabajo, permanecían supervisados por ellos durante las clases virtuales. Pero con el fin del estado de excepción, empresas afinan planes de retorno al trabajo presencial.

Aunque el ministro de Salud, Juan Carlos Zevallos, confirmó que la idea es que quienes puedan teletrabajar, continúen haciéndolo porque la emergencia sanitaria no ha pasado. El covid-19 sigue activo. En Quito, el 80% de la población, es decir cuatro de cada cinco no se han contagiado. Por lo que es necesario mantener las medidas de bioseguridad.

El derecho al trabajo supone el deber del patrono de asegurar condiciones adecuadas para el desempeño del trabajador, dijo Dolores Miño, directora del Observatorio de Derechos y justicia. “Si una empresa no toma en cuenta las necesidades de cuidado y crianza de los padres que ahora tienen hijos estudiando desde casa, de facto crean condiciones laborales que para el trabajador se vuelven imposibles de cumplir”.

De no ser posible el teletrabajo, Miño señala que se debe brindar a los padres las facilidades de entrada y salida para que puedan cumplir sus responsabilidades con sus hijos. “El trabajo y la familia no deben ser excluyentes mutuamente. Deben crearse entornos laborales que permitan el desarrollo profesional y la calidad de vida familiar”.

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