21 de September de 2009 00:00

¿Hermandad latinoamericana?

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Fabián Corral B.

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Desde siempre, la fraseología y la retórica  han caracterizado al discurso de políticos y gobernantes latinoamericanos. Los episodios nacionales se han escrito en estilo grandilocuente, literario,  olvidando los complejos matices de la realidad. Los héroes se pintaron vestidos de pequeños napoleones, con charreteras y morriones. A la par de la independencia, arrancó la novelera teoría de la hermandad de los pueblos, del destino común, de la identidad que nos une, etc. Y con la independencia arrancó también la  historia de las disputas, de las guerras de frontera, de los conflictos de límites. Y comenzó  con ella la idea del ejército, armado precariamente o con derroche de rifles y desfiles, pero armado contra el enemigo que está detrás de cada frontera nacional.

Si algo ha definido a América Latina han sido las fronteras entre sus países. Herencia española probablemente,  la frontera, desde siempre y a inicios del siglo XXI,  ha sido la línea que nos separa de los “otros”, no de los hermanos que coyunturalmente tienen otra nacionalidad, sino de los “infieles”, los extranjeros, los enemigos embozados o manifiestos. Con la globalización, cuyos tenues efectos nos llegaron imprecisos y tardíos, se pensó que el nacionalismo y los viejos conceptos de soberanía irreductible empezarían a disolverse, o al menos a matizarse con alguna racionalidad. Tomó entonces momentánea fuerza la ilusión de que la hermandad dejaría de ser retórica insustancial y que adquiriría  connotaciones algo más pragmáticas.

Vana ilusión la del pragmatismo y de la moderación de nacionalismos y encierros.  Vana ilusión la de apuntar al progreso de los pueblos sin armas ni desfiles, sin actitudes guerreristas ni bravuconadas tropicales. Al contrario, los discursos, que ahora son proclamas de “vencer o morir”,  y la  novísima geopolítica alimentada con el sobreprecio del crudo, han  echado a perder los incipientes esfuerzos de integración regional, como la CAN, y han envenenado desde el inicio los planes de la UNASUR, que, hace poco, se transformó de organización alternativa de los sudamericanos en  escenario que puso de relieve las interminables disputas regionales.

Varios países latinoamericanos se están apertrechando de armas. Venezuela lidera la tendencia, los demás imitan sin originalidad ni disimulo. Los ejércitos crecen. La dotaciones de armas sofisticadas llegan a niveles nunca vistos. Los desfiles son desafíos a la razón, las declaraciones alarman a pueblos antes enredados en pequeñas beligerancias de frontera, y  hoy   metidos, sin arte ni parte democrático, en una especie de nueva guerra fría, en que a las  usuales tensiones, se agregan ideas de expansión,   discursos y actos de intervención. ¿Alguna vez votaron esos pueblos por el armamentismo? ¿Escogieron esos pueblos entre las dotaciones militares y las dotaciones escolares?

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