18 de September de 2009 00:00

Haneke reflexiona sobre la violencia en su filme

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Redacción Cultura

En 1997, Michael Haneke filmó ‘Funny games’, en Austria. 10 años más tarde el director austríaco volvió a filmar su propia película, en una versión estadounidense, casi idéntica a la original; según las  palabras del director, para que la historia llegue a más gente.



La ficha técnica
Título:   ‘Funny games U.S.’
Guión y dirección:  Michael
Haneke
País:  EE.UU., Francia
Año:  2007. Dur.: 111 min.
Reparto:  Naomi Watts, Tim Roth, Michael Pitt  y  Brady Corbet 
Para quien se afecta con la
violencia, honesta y brutalCon el título de ‘Juegos perversos’,  la versión estadounidense de ‘Funny games’ repite en muchos casos plano por plano la narración de la original austríaca.

Haneke eligió a Naomi Watts y Tim Roth para que interpretaran a un matrimonio burgués con un hijo, que, luego de instalarse en su casa de verano, son aterrorizados  por dos adolescentes  psicóticos  (Michael Pitt y Brady Corbet), que dan rienda suelta a sus más bajos instintos.

Como si se tratara de una suerte de teatro macabro, el espectador asiste a esta función de torturador y víctima, en la que el director realiza una inquietante reflexión   sobre la violencia como un estado natural del ser.

Como en el cine del francés Claude Chabrol o en las propias películas de Haneke, las víctimas resultan familias acomodadas, personajes burgueses que son atormentados por otros de su misma condición, a partir de un desorden psicopático social. De forma directa, pero alejado de los edulcoramientos   o efectismos del género, Haneke expone no solo la violencia, sino también el afán por reconocerla y mirarla .

Los juegos brutales que tienen los protagonistas con sus víctimas se repiten también entre el director y el espectador. Haneke juega con el público enviándole constantemente guiños participativos. Los personajes regresan a ver a cámara e incluso llegan a preguntarle si “ya fue suficiente de aquello”, haciendo al espectador aún más cómplice del acto.

Con ‘Juegos perversos’, Haneke hace una violenta reflexión sobre el ser desadaptado, con una cámara lejana que mira como un testigo más  cómo la situación se vuelve aterradora e inmanejable.

Mediante  un ritmo pausado, la cinta logra mantener una permanente tensión que cuestiona la naturaleza perturbadora del ser.

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