27 de September de 2009 00:00

Guerras entre hermanos

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Los hermanos suelen tener una relación absolutamente diferente  a otras relaciones familiares. Al tener que pasar una gran cantidad de tiempo junto a compañeros que no escogieron por su cuenta y que posiblemente sean muy diferentes, es una experiencia única y también una receta para problemas, según lo anota la especialista Paula Spencer, autora de 11 libros sobre las relaciones padres e hijos, entre ellos Monfidence, un best seller.

Pero ¿en dónde radica el origen de las discrepancias y los subyacentes problemas y qué se puede hacer para manejar esta difícil situación? Spencer considera que el origen de todo es la competencia que se produce entre los hermanos y que los padres deben aprender a manejarlo.

“La mayoría de nosotros estamos preparados para los cambios de comportamiento inspirados por la llegada del bebé a casa pero ¿qué hacer cuando luego de meses o años los celos parecen ser imposibles de controlar? En verdad, los niños son más sofisticados de lo que creemos, ellos no esperan que se les trate de manera especial, lo que ellos hacen es evaluar el trato que sus padres les dan en comparación con el que dan a sus hermanos y, por lo general, no se molestan a menos que consideren que un trato diferente es injustificado”, dice Katherine Jewsbury Conger, una socióloga familiar de la Universidad de California y añade que su investigación demuestra que los niños pudieran quejarse pero que también reconocen lo que es justo, por ejemplo cuando un hermano mayor puede ir a la cama más tarde debido a su edad.
 
Sin embargo, lo que sí les molesta sobremanera es sentir que sus padres pasan mucho más tiempo con uno de sus hermanos o realizan una actividad en particular solamente con él o ella. Pero ¿qué se puede hacer para manejar esta competencia entre los hijos?
En su libro, Paula Spencer hace una interesante lista que compartimos con ustedes:

•Evite tratar a sus hijos igualitariamente
Cada niño merece un trato apropiado a su edad y a su personalidad, intereses y nivel de desarrollo en todo, desde las actividades que se escogen para él o ella, hasta los castigos que se imponen.

• Pero sea justo
Cuando un niño tiene un talento especial o logra hacer algo en particular: saca las mejores calificaciones, es una virtuosa del violín, felicítele por ello, siéntase orgulloso pero, al mismo tiempo, piense en lo que está sintiendo su otro hijo o hija e intente buscar alguna habilidad en él/ella para más tarde también felicitarle por sus logros.

• Ignore lo trivial
Las quejas de los hijos sobre a quién le dieron un chocolate más grande o mejor  con las cuales tratan de llamar la atención no son en realidad quejas, no se deje llevar por ello.

• Evite las comparaciones
Es un impulso natural pero, al menos si se las va a hacer que no sea en frente de los chicos.

• No deje que inflen su orgullo
Explique siempre a los chicos la diferencia entre sentirse orgullosos por los logros y convertirse en personas tan ensimismadas en sí mismos que se vuelven insoportables para los demás.

• Refuerce los lazos familiares
Cuando se dirija a sus hijos en todo momento, en lugar de decir, por ejemplo: “Dale la pelota a José”, dígale “Dale la pelota a tu hermano”, de esta manera estará inculcando en sus hijos ese lazo de la hermandad.

• Culpe al problema y no a los hijos
Ejemplo: si pelean por lo que quieren ver en la televisión, sugiera que quizás es hora de darle a la TV un recreo y que será mejor que cambien de actividad.

Los hermanos mayores son los jefes

Ya es bastante difícil para los pequeñitos  tener a sus padres diciéndoles qué hacer todo el tiempo como para que tengan también a sus hermanos mayores como jefes. No es raro entonces que los pequeños se quejen de que los mayores siempre quieren mandar y, en cambio los mayores ni siquiera se dan cuenta de ese comportamiento. A los hijos mayores muy a menudo los padres les piden que cuiden a sus hermanos pequeños con lo cual ellos se sienten responsables de lo que los chiquitos hagan y por eso les exigen un determinado comportamiento, haciéndoles sentir quizás como si fueran sus subordinados.
 
Pero, a más de esto, suele suceder que a los más pequeños les gusta seguir a los mayores en todas las actividades y estos últimos se molestan porque sienten que deben cargar a todo lado lo que ellos consideran “un estorbo”. Los padres deben en estos casos pedir a sus hijos mayores más paciencia y comprensión pero no pueden exigir que todo el tiempo los chicos más grandes estén a cargo de los pequeños y tengan que incluirlos en todas sus actividades. Los mayores necesitan su propio espacio y hay que respetarlo.

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