20 de September de 2009 00:00

Guardianes del patrimonio

valore
Descrición
Indignado 0
Triste 0
Indiferente 0
Sorprendido 0
Contento 0

LEA TAMBIÉN

LEA TAMBIÉN

Ana Robayo

Los transeúntes que van de paso  por la plaza de San  Francisco talvez solo reconozcan como habitantes permanentes  de este lugar al sinnúmero de palomas que revolotean por este convento  del Centro Histórico.



TeNGA EN CUeNTA
El proyecto  lo  lleva a cabo la empresa  de gestión cultural Gescultura, con el apoyo económico de Metropolitan Touring, el Museo de Arte Precolombino Casa del  Alabado y la Mutualista Pichincha.
Desde 2007 hasta hoy se han   invertido USD 75 000 en el proyecto Guardianes del Patrimonio. “El objetivo de los empresarios no es llegar como inversionistas sino generar desarrollo en el sector y que se mantenga el patrimonio vivo”, explica Paola de la Vega, de Gescultura.
Se han impartido  talleres: Desarrollo del 'yo' y trabajo comunitario para personas en extrema pobreza; Valoración histórica y patrimonial del espacio: amo lo que conozco, y Generación de alternativas:  propuestas para que mi espacio sea mejor.

Debido a la acogida  de los moradores se ampliará el proyecto. De julio de 2009 a junio de 2010 se fortalecerá a un grupo formado por los moradores que busca generar actividades económicas y de seguridad para el barrio.

Sin embargo,  San Francisco tiene sus moradores, comerciantes y ocupantes, muchos de los cuales no sabían que ahí había un museo o que podían ver el espacio de la piedra por la que el diablo perdió el alma de Cantuña, según cuenta la leyenda.

Si uno mira con atención, y más si uno es guiado para conocer a los personajes de carne y hueso que dan vida a esta plaza, se observa a un grupo de ancianos  sentados en las gradas que esperan  horas debajo del sol para recibir comida de las hermanas de la Caridad. 

En la esquina de la cruz de piedra, Diego vende periódicos. Cerca, Mary Páez pasa empujando un carrito en el que lleva una pala, una escoba y un tarro para  recoger la basura. Al otro lado de la plaza, Pablo Velasco muestra un álbum a los visitantes. Hace dos años perdió  la movilidad de la mitad de su cuerpo debido a un asalto y tuvo que dejar  el oficio del ‘grafiado’.

“Como siempre  he sido una persona de trabajo, autogeneré esta ocupación”, cuenta,  mientras suenan las campanas que convocan a la misa. Él compró una cámara digital y una impresora, con las que oferta a los turistas fotos por USD 2.

Hace tres años ellos no se conocían, se veían todos los días pero no tenían idea de los problemas de cada uno, no se les hubiera ocurrido que podían obtener algún beneficio por reunirse  después de su trabajo. Todo un proceso de asociación de vecinos empezó hace más de un año, cuando un grupo de jóvenes abordó a cada uno de los vecinos de San Roque, ubicados en los alrededores de San Francisco.

Muchos no quisieron responder sus encuestas ni sus preguntas. Pero quienes lo hicieron pronto se enteraron de que ellos eran parte de Gescultura, una empresa contratada para hacer un estudio sociocultural  y un proyecto de rescate de la identidad del barrio llamado Guardianes del Patrimonio.

Después de tres meses de estudio, los sociólogos y gestores culturales determinaron que los moradores y ocupantes no participaban en las actividades  que se realizan en la plaza y que más bien salen fuera del Centro para buscar esparcimiento.

“No tenían un sentimiento de apropiación del espacio público y no existía la aceptación entre actores que, teniendo distintos roles, compartían un mismo espacio”, concluye el estudio.    

Entonces, Gescultura generó un sistema de talleres y reuniones en los cuales dialogaron sobre su forma de ver la plaza y los proyectos que pueden emprender juntos.  También crearon un periódico que cada mes recoge las historias y experiencias cotidianas de los vecinos y que hace recuentos históricos del barrio.

Al mismo tiempo se realizaron visitas a los museos cercanos, los cuales muchos no conocían. Fueron aún más sorprendentes las visitas guiadas por los personajes de Quito Eterno. Ahora trabajan en la formación de una asociación que genere propuestas para transformar el sector. Así, fabricantes de ajuares sacros, retocadores de figuras religiosas, vendedores de velas y santos, hierberas, elaboradores de piñatas buscan alternativas.   

María Carmen del Pilar vive en el albergue San Juan de Dios, pero todos los días se sienta en San Francisco a esperar ayuda de algún voluntario que le dé “cualquier cosita”. Desde el próximo año ella participará en un taller para personas de la tercera edad que fabricarán juguetes de madera.

Ella confiesa que empezó a asistir a los talleres de Guardianes del Patrimonio para pasar el tiempo que a ella le sobra y ahora espera ansiosa  para iniciar esta actividad  productiva. Otros ocupantes se han llenado de relatos, como Mary Páez, que al recorrer el empedrado colonial con su carrito de limpieza recuerda  la historia:

“Antes aquí había sido una quebrada y después  funcionó el primer mercado de Quito”, dice y explica que gracias a los talleres conoció el significado del patrimonio, el valor del sector en el que trabaja y sobre todo, que puede conversar con los otros ocupantes para que colaboren con la limpieza. Pablo y Diego, por su parte, se sienten entusiasmados con los proyectos productivos.

Pablo ha propuesto generar la capacitación de un curso básico de inglés, para comunicarse con los extranjeros que solicitan servicios y a quienes no puede atender porque no les entiende. “Hemos aprendido muchas cosas, antes solo conocíamos la leyenda simple de Cantuña. Ahora sabemos que en realidad él se inventó esta historia para que no le estropearan los españoles".

"Él sabía dónde estaba el tesoro de Atahualpa, pero cuando le obligaron a declarar la ubicación del oro, se inventó lo del diablo, porque le tenían mucho miedo en esa época”, cuenta con efusividad Pablo. Para él, a quien los promotores consideran uno de los participantes más activos y comprometidos,  estos  conocimientos son importantes para transmitirlos  a los turistas, “hemos aprendido a conservar la plaza  y queremos desalojar a los borrachos que son impertinentes con los visitantes”, dice con firmeza.

Con todo este proceso de recuperación de la identidad, los habitantes, ocupantes y comerciantes ya no solo viven del  pulso comercial, turístico y cotidiano de la Iglesia, ahora se sienten orgullosos y no quieren que se pierda.

Descrición
¿Te sirvió esta noticia?:
Si (0)
No (0)