21 de January de 2010 00:00

El golpe del 21 de enero, 10 años después

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Reds. Política y Guayaquil
politica@elcomercio.com

La mañana del 21 de enero de 2000 comenzó con una  confusa y atropellada sucesión de hechos  insólitos.

El grupo de militares que custodiaba el Palacio Legislativo permitió la entrada de miles de indígenas de la Conaie que días antes habían llegado a Quito para protestar contra el gobierno de Jamil Mahuad y su política económica.
  


Cuando los manifestantes se tomaron la sede del Congreso, el entonces coronel del Ejército, Lucio Gutiérrez, junto con otros compañeros de armas escoltados por los indígenas, entró al salón principal, para desconocer al régimen de Mahuad y nombrar una Junta de Salvación Nacional.
Esta quedó integrada además por el entonces presidente de la Conaie, Antonio Vargas, y por el ex titular de la Corte Suprema, Carlos Solórzano. 
 
Ese viernes, en el Palacio de Carondelet, el presidente Mahuad trataba de asimilar la magnitud del anuncio de Gutiérrez.

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 De cómo Mendoza tumbó al triunvirato e irrumpió Noboa

Su decisión de  dolarizar la economía, que había tomado 12 días antes, no sirvió  para calmar las tensiones políticas que se acumularon por los casi 18 meses que gobernó en medio de la peor crisis económica y sus cuestionadas decisiones. Mahuad  reclamó al Alto Mando Militar por la insurreción. Pero, hacia las 15:00, el Presidente se había quedado solo.

Los golpistas marcharon hacia Carondelet. El general Carlos Mendoza,  jefe del Comando Conjunto,    tomó  el lugar de Gutiérrez. Con ello, precipitó el fin del  triunvirato.  La mañana del 22, Gustavo Noboa asumió como presidente.

Este Diario recogió la visión de tres de   los protagonistas de este golpe  sobre  cuánto ha cambiado  el país en estos 10 años.

Tres protagonistas de la asonada

Wladimiro Álvarez/ Ministro de Gobierno de Jamil Mahuad

‘Continúan las viejas prácticas’

En enero de 2000 concurrieron una serie de circunstancias  originadas  por las difíciles condiciones económicas a las que estaba sometido el Estado, debido a  la caída de los precios del petróleo. El presupuesto   no se podía ejecutar y muchos sectores que dependen de él  se encontraban impagos.

Como consecuencia, un golpe militar encabezado por el coronel Lucio Gutiérrez y otros compañeros de armas, parapetados detrás  de unos cuantos dirigentes indígenas,  dieron un golpe al Gobierno y a la democracia ecuatoriana.

Diez años después, y con una serie de gobiernos sucedidos,  puedo ver que  el sistema democrático y sus instituciones, lejos de fortalecerse, se han  debilitado. Se  ha eliminado  la independencia de las otras funciones del Estado y se ha concentrado todo el poder en el Presidente de la República.

En esta década, los partidos políticos perdieron su  imagen frente a la ciudadanía. Tampoco se  han formado  líderes que vayan asumiendo su responsabilidad en reemplazo de los anteriores dirigentes. La propia sociedad ecuatoriana se ha encargado de desprestigiar a  la actividad política  y a quienes han participado en ella.

El presidente Correa capitalizó esa satanización, pero en la práctica  ha  cogobernado con grupos de arrimados  que  mantienen las viejas prácticas y manías.  La ciudadanía se está dando cuenta que ninguna de las propuestas de cambio  se va  cumpliendo. Existen actos  de corrupción y  los organismos de control no funcionan. Es posible que el pueblo haga sentir su rechazo.

Miguel Lluco / Director de Pachakutik y dirigente de la Conaie

‘Fuimos Gobierno mas no poder’

Los hechos del 21 de enero  fueron una reacción social  a la situación económica de la época. Se había decretado la dolarización; meses antes se dio la crisis bancaria y el congelamiento de los depósitos. A todo nivel se rechazaron  los desaciertos del gobierno de Jamil Mahuad.
 
Por eso, debemos destacar  la participación de la sociedad en esa caída, porque no nos quedamos solo en el lamento.

Lastimosamente,  la situación económica no ha cambiado. Hemos venido de tumbo en tumbo estos 10 años, cuestionando a los gobiernos que siguieron a Mahuad.
 
Los mestizos siguen con  la idea de manejar la economía sin tomar en cuenta la cultura milenaria de los indígenas. Y aunque en estos  años nuestro  movimiento se ha consolidado, no hemos podido encauzar nuestra acción. Lucio Gutiérrez traicionó la alianza. Los indígenas llegamos al Gobierno pero nunca  tuvimos el poder.
 
Nuestra lucha se ha plasmado en las aspiraciones que recoge la nueva Constitución. En eso, el gobierno de Rafael Correa ha mostrado un cambio.

Los levantamiento de la Conaie también atravesaron por una crisis  desde ese 21 de enero. Los políticos  a los que cuestionábamos terminaron utilizando  nuestra protesta  en su beneficio.  No podemos seguir siendo sus  peones, por eso ha cambiado la protesta. Allí, cabe una autocrítica. Muchos dirigentes de la Conaie, como Antonio Vargas, no tuvieron  solidez y cayeron en los apetitos personales. Eso nos afectó mucho.

Lucio Gutiérrez /  Coronel del Ejército que dirigió la toma  del Congreso
‘El desenlace pudo ser más grave’

En el balance final, reconozco  como una de las acciones más maravillosas de la vida el haber actuado el 21 de enero de 2000.  En ese episodio, renunciamos a nuestra carrera militar por la patria. Por ejemplo, a mí me asignaron en aquel tiempo ir de  agregado militar  a la
Embajada en Estados Unidos. No es fácil arriesgar  esos privilegios y la tranquilidad familiar.

La situación de descontento que vivía el  país pudo desencadenarse  en algo mucho más sangriento y lamentable en cuanto a pérdidas humanas,  si los militares -en lugar de unirnos  a los indígenas-, los reprimíamos.  La orden que recibimos   fue terminante en contra de la gente que estaba protestando. Incluso, se dijo, que una vez agotadas todas las instancias se podía disparar. Así de drástica fue la orden que se
recibió.

Diez años después, la tensión ha regresado al país.  Ahora existe demasiada persecución por parte del Primer Mandatario.

Los mandos militares se han sometido en exceso a este Gobierno y se ha perseguido a los pocos militares activos que participaron en la gesta heroica del 21 de enero.

Rafael Correa  tiene que terminar su mandato, a pesar de que su gobierno es el peor de los últimos años. El pueblo tiene que derrotarlo en las urnas.

Claro que para hacerlo hay que cambiar a esa cueva de ladrones de votos en el Consejo Nacional Electoral. Correa copió muchas de las propuestas que teníamos como Gobierno (la nueva Constitución, auditar la deuda pública...)   pero que a mí  no me fue posible impulsarla  por la oposición del Congreso.  Yo sé que  Correa  y Alfredo Palacio conspiraron en mi contra.  

 

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