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Geovanny Jumbo: ‘La bala que destrozó mi rostro no me detuvo’

Geovanny Jumbo trabaja en Estadísticas de la Unidad de Atención al Personal con Discapacidad.

Geovanny Jumbo trabaja en Estadísticas de la Unidad de Atención al Personal con Discapacidad.

Geovanny Jumbo trabaja en Estadísticas de la Unidad de Atención al Personal con Discapacidad. Foto: Julio Estrella / EL COMERCIO

El sargento de Policía Geovanny Jumbo recibió un disparo en el 2009; luego de su recuperación ayuda a otras personas

‘El tiroteo ocurrió en la noche. Lo recuerdo exactamente. Resulta que un compañero y yo respondimos a un ataque de cinco hombres que estaban armados.

Segundos antes, ellos habían asaltado un local de cabinas telefónicas. Cuando teníamos todo controlado y los obligamos a bajar sus pistolas, uno de ellos salió de un vehículo y nos disparó. Una bala destrozó mi rostro. No nos percatamos que había sido un cómplice.

Ocurrió el 24 de marzo del 2009, cerca de las 20:00. Jamás olvidaré esa fecha. Yo iba a dejar a un compañero en el sur de Quito antes de ir a mi casa, en la Ciudadela Ibarra. Me quedaba cerca. El semáforo de la entrada a la Mena 2 nos detuvo. Cuando esperábamos que pase a verde vimos el asalto. No sé qué habrían hecho otros, pero nosotros quisimos ayudar.

Tras el impacto del proyectil caí al piso. Estaba consciente. Escuché más detonaciones.

Recuerdo que algunas personas gritaban, otros llamaban a emergencias. Mi compañero se acercó para auxiliarme. Yo quería hablar, pero la sangre en mi boca me ahogaba cada vez que intentaba pronunciar una palabra. Sentía desesperación.

Un patrullero llegó minutos después. La sirena estaba encendida y llegamos al Hospital de la Policía. Veía y escuchaba lo que sucedía a mi alrededor.

En cuidados intensivos limpiaban mi sangre y me conectaban a los aparatos que monitorean el corazón, la respiración y otros signos vitales.

La bala entró por la nariz y la destruyó. Se afectaron los huesos y músculos del maxilar superior del cráneo. El proyectil rompió mi tímpano y salió por el oído derecho. Tengo siete cirugías y un implante coclear.

Tengo placas de metal en el lado derecho de la cara. Por meses usé alambres que me ayudaban a fijar los dientes. El impacto hizo que se recorrieran las muelas de la derecha.

Esa noche pasé en terapia intensiva. Recuerdo a mi esposa llegar. Intentaba estar tranquila, pero no pudo. Lloró cuando me vio. Quería decirle mil cosas. Quería pedirle que cuidara a nuestros dos hijos, entonces tenían 10 y 11 años, que me perdonara por no pasar más tiempo con ella, que sea feliz… pero no podía abrir la boca.

Mis músculos no me respondían. Esa noche pensé que iba a morir. También vi a mi padre llegar a la sala de urgencias. Estaba uniformado. Él también es policía y trabajaba en Conocoto. Hoy está en servicio pasivo. Al siguiente día me pasaron a una habitación y vino un largo proceso de recuperación.

Las férulas me impedían abrir o cerrar la boca. No podía hablar ni comer. Me alimentaba con jugos y suplementos. Me comunicaba con señas o escribiendo en papeles.

Al quedarme sin un oído también perdí mi equilibrio.

Me caía. Hoy pienso en lo duro que fue para mi esposa ser literalmente mi soporte. Porque ella me llevaba a las sesiones de rehabilitación, que eran una vez a la semana.

Tenía que moverse lento, porque yo me caía cuando subía o bajaba gradas. En las cirugías reconstruyeron mis huesos, mi tabique, maxilar superior y me colocaron un implante coclear en el oído. Después de cada operación tenía uno o dos meses de recuperación. Cuando me reconstruyeron la nariz, un coágulo entró en un pulmón y pasé tres días en cuidados intensivos en el hospital. Pero poco a poco me recuperé.

En la cuarta operación me di cuenta que mi vida era diferente. No podía escuchar. No aceptaba mi nueva condición. Tenía dolores y a veces me sentía inútil.

Pensé en quitarme la vida. Tuve apoyo psicológico tres meses, con sesiones cada semana. Mi esposa y mis hijos fueron un gran soporte.

Mis superiores me ayudaron para ir a la Unidad de Atención al Personal con Discapacidad, pero extrañaba mi anterior trabajo. Cuando me hirieron trabajaba en la Brigada que indagaba homicidios, hoy Dinased.

De hecho, el día del ataque yo había estado en el norte, en Atucucho. Buscábamos pistas de un asesino que ya cobraba su tercera víctima. Por eso me hice de noche. Antes de ir a casa presentí que algo malo iba a pasar. Conversé con mi esposa y le dije que la amaba y que les diga a los niños que ya iba.

Cuando estuve mejor me dieron la oportunidad de volver a la Brigada. Pasé tres años en investigaciones, en el sur de Quito. Pero tuve que pedir el cambio, porque mi cuerpo ya no era el mismo.

En los días que salía y había sol, las placas de mi cara se calentaban y me provocaban dolor de cabeza.

Usaba hielo envuelto en tela para bajar la temperatura. En las noches, cuando íbamos a levantar un cuerpo o ver la escena de un crimen, también tenía dolores punzantes por el frío. En el 2013 me permitieron volver a la Unidad de Discapacidad.

Observé que había personas con mayores problemas a los míos. Eran policías que perdieron extremidades o que quedaron ciegos.

Me pidieron organizar el Programa de Deporte Adaptado. Pensé que era una buena oportunidad para salir adelante, porque me gusta el deporte. Ese año arrancamos de manera empírica, pero yo quise mejorarlo.

Me capacité y ahora soy tecnólogo de Deportes. Me gradué en el año 2016 y mi tesis fue sobre la actividad física en personas ciegas.

En el 2014 acudí a un congreso de clubes para personas con discapacidad.
En esa ocasión aprendí cómo direccionar a los policías que de pronto enfrentan esta nueva condición física. Tenemos natación, atletismo, lanzamiento de bala y fútbol para personas ciegas.

Dos de nuestros deportistas incluso han ido a los Juegos Panamericanos para personas con capacidades diferentes. Hicimos convenios con el Ministerio del Deporte para entrenarnos con personal especializado.

Recuerdo que en el 2017 hicimos el Campeonato Interfuerzas con los militares que tienen nuestra misma condición. En el año 2018 quedamos campeones de un torneo para ciegos.

En el 2019 todos los atletas participamos en la competencia Nuestros Héroes.

Ahora, por la pandemia del covid-19 no hemos podido entrenarnos. Hay planes para retomar las prácticas pronto. Muchos ven en estas actividades su alternativa para mejorar su ánimo. No puedo darme por vencido’.