26 de September de 2009 00:00

Gamboa indaga en el alma nómada

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Redacción Cultura 
cultura@elcomercio.com

No cumplía aún  los   20 años  cuando  Santiago Gamboa salió de Bogotá a su primer viaje largo.  Han pasado 25 años y todavía no vuelve. Ni quiere hacerlo.   Instalado  en Nueva Delhi (como funcionario del Servicio Exterior colombiano) ha residido antes en Madrid, París y Roma.



Clave biobibliográfica
Nació en Bogotá, en   1965. Estudió Literatura en la Universidad Javeriana de Bogotá. Se trasladó a España, donde vivió hasta 1990 y se licenció en Filología Hispánica por la U.  Complutense de Madrid.
Luego  viajó  a   París, allí  cursó estudios de Literatura Cubana por la Universidad de la Sorbona.  En 1995, a los 30 años,  publicó su primera  novela  ‘Páginas de vuelta’. Dos años  más tarde vino  la  novela policial  ‘Perder es cuestión de método’  que  fue  traducida al   italiano, francés, griego, portugués, checo y alemán.
En 2000  apareció ‘ Vida feliz de un joven llamado Esteban’, luego  ‘El síndrome de Ulises’  y  ‘Los impostores’.

Desde  allí  ha ido ganando espacio en la escena  literaria en lengua hispana con novelas como  ‘El síndrome de Ulises’,  ‘Los impostores’  y ‘Hotel Pekín’.  Hace poco el autor ha vuelto a atraer  sobre él la atención por su   triunfo en el concurso de novela  La otra orilla, apoyado  por la editorial Norma  y la Asociación para la Promoción de las Artes.
 
A más de  USD 100  000,  el premio le ha dado una presea  más  subjetiva y voluble: la admiración de los dos escritores  que fueron parte del jurado.
 
Jorge Volpi (reconocido por su estupenda ‘En busca de Klingsor’),  Roberto Ampuero (quien metió a Neruda  en una novela policial en ‘El caso Neruda’)  y el editor español Pere Sureda,   miembros del  mínimo  jurado.

Mínimo si se considera que  tuvieron que  revisar 654 manuscritos llegados de todas las  geografías de la lengua española.  En todo caso, de modo unánime,  le  reconocieron  “el magnífico uso del lenguaje y la dificultad que implica dar vida a tantas voces distintas, al tiempo que logra que sean diferenciables y creíbles. La historia logra generar un efecto de intriga y extrañeza que implica un riesgo narrativo que el autor supera con pericia”.

Tanta intriga y tanta extrañeza  como las que  pueden ser causadas por  la  visita de un escritor  a un congreso de biógrafos en Jerusalén, en donde  conoce a un  librero francés, a una estrella porno italiana, a un empresario colombiano  y a un  ex pastor.

Este retirado guía espiritual (también retirado de las drogas  y algún crimen cometido en tiempos  menos píos) marca el nudo argumental de la historia.

Poco antes de morir en  oscuras condiciones,  el ex pastor   refiere la  historia de un salvador, moderno y tropical,  quien  pontifica desde Miami.

‘Necrópolis’, la novela  ganadora,  se mantiene firme en  uno de los senderos constantes de la narrativa de Gamboa:  el desarraigo de sus personajes  y la carencia de  nacionalidades  o territorios específicos. Del mismo modo pasó con   ‘El síndrome de Ulises’ (finalista del premio Rómulo Gallegos), en la cual   un periodista colombiano somete a examen  literario a toda una fauna emigrante en París.

En una entrevista con el diario colombiano El Espectador, Gamboa se refiere a esa condición nómada en estos  términos: “Tengo una relación muy fuerte entre el viaje, la literatura y la vida. Descubrir un lugar y vivirlo es tan importante como descubrir a un buen autor.  (‘Necrópolis’ es) una gran extraterritorialidad (donde) hay personajes de distintas partes del mundo con historias similares o que se interconectan bajo coordenadas totalmente diferentes. Eso me encanta, es uno de los elementos centrales de mi literatura”.

Alguien podría leer en esa postura un punto en común con  otros autores    contemporáneos, como  el ecuatoriano Leonardo Valencia  o el argentino-español Andrés Neuman. Sin embargo, Gamboa solo acepta la idea de generación  literaria en la medida en que se parece a un archipiélago:  “Cada escritor es una isla aunque esté cerca de las otras”.

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