6 de noviembre de 2018 00:49

Dos frentes del socavón en la av. De los Conquistadores serán intervenidos

Los trabajos para sostener el talud tomarán seis meses
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Ana María Carvajal

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Desde el 2016, vecinos del barrio Pacaypamba dicen que empezaron a sentir una especie de temblores. Con el tiempo se dieron cuenta de que la vibración surgía de un talud junto a este barrio ubicado en la av. De Los Conquistadores y que el desgaste de la pared natural aumentaba poco a poco.

Al inicio, la gente del sector pensó que el causante era el terremoto de Pedernales, relata Elvis Ramos. Es parte de una familia de unas 20 personas que viven muy cerca del talud ubicado en el kilómetro 4 de esta vía de 6,8 kilómetros. El daño está a unos 200 metros del cruce con la Simón Bolívar.

Pero ahora saben, por lo que les han explicado los técnicos de la Empresa Pública Metropolitana de Movilidad y Obras Públicas (Epmmop), que los responsables de los constantes desprendimientos son fenómenos naturales.

Según Iván Alvarado, gerente de la Epmmop, la afectación en la parte baja -a 80 metros de la superficie- ocurre por efectos de las aguas del río Machángara, y en la parte alta del talud, por los vientos y la lluvia.

Los deslizamientos cesaban por épocas y luego volvían. Las tomas realizadas por un drone impresionan. En medio de una ladera verde aparece un gran socavón cubierto únicamente por tierra húmeda.

Los efectos del viento, la lluvia y el agua del Machángara formaron el hoyo que tiene 100 m de ancho y 80 de alto, en la av. De Los Conquistadores. Foto: Vicente Costales / EL COMERCIO

Los efectos del viento, la lluvia y el agua del Machángara formaron el hoyo que tiene 100 m de ancho y 80 de alto, en la av. De Los Conquistadores. Foto: Vicente Costales / EL COMERCIO


Meses atrás, los vecinos se reunieron y contaron a personal municipal su preocupación. “Nos dijeron que iban a dar prioridad a este tema porque era una vía muy importante que conecta a la Simón Bolívar y a Guápulo con Cumbayá. Pusieron cintas de peligro, sacaron muestras de tierra y se fueron”, señala Ramos.

La familia que ha vivido por décadas en la zona ha lidiado con la polvareda que se levanta con los vientos veraniegos. Ahora temen que la situación se complique y el transporte público vuelva a restringirse por esta antigua avenida. Se dice que parte de ella fue la que recorrió Francisco de Orellana y su grupo en el viaje que lo llevó hacia el río Amazonas.

La avenida es adoquinada. Ayer, una cuadrilla de unos 14 obreros la reparaba. Entre La Floresta y Cumbayá hay varios tramos deteriorados. Según el personal, estos trabajos se iniciaron hace dos semanas y se completarán en dos más.

Por esa ruta transitan vehículos entre Quito y Cumbayá. Marcos Llanos, conductor de una unidad de la cooperativa Trans Floresta desde hace dos años, indica que hace unos meses, las autoridades restringieron el paso de estos buses pequeños que van del parque de La Floresta a Cumbayá. La ruta se modificó por un mes, por lo que los buses bajaban por Miravalle y subían por San Juan.

Pero la gente del sector se quedó sin transporte. Llanos afirma que los moradores solicitaron que se restablezca el servicio, porque debían llegar a pie a sus hogares. La pareja de Ramos y su hermano fueron asaltados y vejados mientras volvían a casa caminando.

Por esta y otras quejas, los moradores, junto a los directivos de la empresa conversaron con las autoridades y el servicio volvió a la normalidad. Ahora temen que la ruta vuelva a modificarse, debido a los trabajos en el talud.

Alvarado y Julio Puga, director de la Agencia Metropolitana de Tránsito, informaron que la vía está en buenas condiciones y que se permite el tránsito de vehículos de transporte público y privado. Lo que se ha prohibido, como precaución, es el paso de transporte pesado. Este Diario consultó a estas entidades sobre la razón por la que meses atrás se impidió el paso de buses y ahora está permitido, a pesar de la restricción para vehículos pesados, pero no obtuvo respuesta.

Según la Epmmop, no hay puntos críticos en la vía ahora, sino solo el derrumbe específico en el km 4. El problema en ese punto es la erosión “por fuerzas eólicas e hídricas”. Para precautelar la seguridad de los usuarios de la vía, se colocaron barreras de seguridad Jersey y se construirá un muro de contención en la parte baja. En la superior se estabilizará el talud con un sistema de hormigón alzado o geomalla. Estos trabajos tomarán seis meses.

Alvarado señaló que, de ser necesario, se cerrará la circulación por la avenida, aunque de momento no es necesario. Si eso sucede, se coordinará con la Agencia Metropolitana de Tránsito. Por lo pronto, ayer, tres agentes vigilaban la zona para evitar que conductores se acerquen al borde.

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