12 de agosto de 2020 00:00

El sector floricultor de Cotopaxi está en proceso de reactivación

Las flores para la exportación se clasifican en este sitio de la empresa Royal Flowers, situada en la vía a Mulaló. Foto: Glenda Giacometti / EL COMERCIO

Las flores para la exportación se clasifican en este sitio de la empresa Royal Flowers, situada en la vía a Mulaló. Foto: Glenda Giacometti / EL COMERCIO

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Modesto Moreta

Las florícolas de Cotopaxi recuperan sus plantaciones afectadas por la falta de fertilización, poda, corte de los tallos y riego durante el confinamiento por el covid-19.

Cerca de 10 000 personas -entre personal administrativo y técnico- retornaron a finales de abril al trabajo en las fincas de la provincia. Desde entonces, han rehabilitado al menos 1 360 de las 1 700 hectáreas (ha).

El resto de superficie florícola, 340 hectáreas, fueron erradicadas para iniciar la siembra de nuevas variedades de flores o incursionar en el cultivo del arándano, que tiene demanda en el mercado internacional.

En un informe difundido por la Corporación de Floricultores del Sur, los empresarios invierten USD 14 000 por hectárea para la rehabilitación de las plantaciones. También se emplean recursos para aplicar protocolos de bioseguridad: instalación de lavamanos, de dispensadores de gel antibacterial y de túneles de desinfección, para evitar los contagios entre el personal que labora en el campo y en las oficinas.

Germán Castillo es gerente de producción de la finca Sir Artur, ubicada en la parroquia Tanicuchí, a 15 kilómetros del centro Latacunga. Está a cargo de 11 de las 42 hectáreas que tiene la empresa Naranjo Roses Ecuador. En este sitio laboran 320 personas.

Cuenta que desde hace un mes se trabaja en ocho hectáreas, que producen 550 000 tallos mensuales de rosas que son enviadas a Estados Unidos, Europa, Rusia y China.

Al mismo tiempo se labora en cuatro hectáreas donde se plantarán arándanos, que es la nueva inversión de la empresa. Las plántulas llegarán
en septiembre.

“Estamos recuperando la plantación, porque durante el confinamiento no trabajamos a tiempo completo y se suspendieron la apertura de producción y la poda. Este proceso es importante porque ayuda al nuevo rebrote de tallos. Está listo el 80% de la plantación”.

Carlos Gómez, socio de la empresa, cuenta que los empresarios aprovecharon este periodo del virus para disminuir el número de hectáreas y tener otras alternativas. Por ejemplo, en su finca se dedican 46 hectáreas a las flores. De ellas, cuatro se destinarán a la siembra de nuevas variedades. Y otras cuatro, donde antes había flores, serán para cultivar arándanos.

Explica que 12 floricultores integraron la Asociación Arándanos Ecuador. “Vamos a producir y a exportar arándanos. Iniciaremos con 30 hectáreas, pero la idea es llegar a 100 e incentivar a medianos y pequeños productores, para que nos vendan la fruta”.

Los invernaderos de las flores se observan desde la vía Panamericana, en dirección a Quito. En estas construcciones de metal y cubiertas de plástico laboran decenas de personas. Se encargan de fertilizar y fumigar las plantaciones, ya que la idea es cuidar cada uno de los tallos en crecimiento.

Otros cosechan y transportan hasta el lugar donde otro grupo escoge los botones, mide el tallo y luego los envían a los cuartos fríos.

Esta labor está a cargo de un grupo de mujeres en la empresa Royal Flowers. 65 de las 105 hectáreas que tiene la firma están en la vía a la parroquia Mulaló, en Latacunga.

Lenin Arias, vicepresidente del Grupo de Royal Flowers, explica que trabajan en la reactivación de la finca; invierten cerca de USD 1,4 millones. El dinero lo consiguieron a través de un crédito externo, porque en la banca pública hay trabas y se demora el proceso .

Cuenta que es difícil recuperarse, porque dependen de la exportación y de los mercados internacionales, que están afectados. “Antes teníamos la producción normal, pero con la pandemia se cerró casi todo y solo vendíamos el 15% de la producción. De las 100 hectáreas se cosechaban apenas unas 15 y el resto se dejó”.

La presidenta de la Corporación de Floricultores del Sur, Inés Ortiz, explica que hay incertidumbre en los empresarios, porque en una semana sube la demanda de flores y en otra vuelve a bajar y eso pone en peligro el empleo.

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