27 de September de 2009 00:00

Los fantasmas del rompimiento

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Este estrés se manifiesta de muchas formas puesto que la manera en que se vivía junto a la pareja y se miraba a la vida futura en común, cambia de repente. Antes ambos estaban en el mismo lado, luego de la ruptura ambos se colocan en lados opuestos de la cerca.

“Iniciamos nuestra relación con un amor romántico inmenso. Amamos lo que hace nuestra pareja. Admiramos cada cosa que dice y adoramos vivir, dormir y trabajar juntos. Nos encanta compartir nuestras ideas con la pareja y, cuando llegamos a esa cima del amor, estamos convencidos de que fuimos creados el uno para el otro. Pero cuando se produce la ruptura, los recuerdos de todo lo compartido retornan como fantasmas que no nos dejan vivir.

Nos es tan difícil aceptar que ya no estamos juntos. Continuamos pensando en compartir ideas, en hablar sobre nuestros problemas juntos y, de pronto, nos percatamos de que ya no estamos juntos. Este es un inmenso shock, el mundo gira al revés, no sabemos qué hacer, pues dependíamos de nuestra pareja para tantas cosas y de repente ya no está allí. Es tan difícil enfrentar ese cambio”, anota la doctora  Kali Munro, una psicoterapeuta muy reconocida en Toronto, Canadá, autora de varios artículos sobre temas de relaciones humanas y,  en especial, sobre la sexualidad.

Según la especialista, el otro gran cambio que traen los recuerdos que nos persiguen es lograr atravesar la etapa del rompimiento. Todas las conversaciones entre ambos retornan con gran intensidad. Cuando recordamos las palabras que salieron de la boca de nuestra ex pareja mientras discutíamos o terminamos, nos parece imposible que algo así hubiese sucedido porque nunca esperamos escuchar esas frases de boca de nuestra pareja.

Durante el periodo que sigue al rompimiento se atraviesa por una etapa de incredulidad por todo aquello de lo que nuestro ex nos acusó, por las faltas que nos achacó en muchas áreas. Con el pasar de los días la memoria continúa trayendo de regreso esos malos recuerdos y nuestra vida se convierte en un infierno. “Un rompimiento es una de las peores experiencias que una persona debe enfrentar y se necesita de toda la determinación del caso para volver a la normalidad”, dice Munro.

Etapas a superar

Es importante tener siempre presente que se logrará superar ese rompimiento aunque parezca algo imposible. Al comienzo habrá sentimientos de shock, de negación o simplemente de abandono. Será difícil aceptar que esto está sucediendo y entender razones. La sensación de que al llegar a casa se va a encontrar a la pareja permanecerá allí o también la idea de que en cualquier momento va a llamar al teléfono o aparecer en la puerta, la decepción será grande cuando al pasar de los días se compruebe que esto no se dará.

Tomará un buen tiempo para comprender de manera total que la relación se acabó y que ya no va más.
 
Durante esta primera fase, las personas suelen manejarse como si la relación tuviera la posibilidad de sobrevivir mientras  se vive el duelo de la pérdida. Por ejemplo, aunque se sientan realmente molestas, no habrán aceptado totalmente que la relación se acabó.

“En el fondo usted pudiera estar en espera de que su pareja regrese. Este período de negación es una protección natural del cuerpo frente al dolor. Y usted  intentará volver con su pareja incluso a sabiendas de que todo ha terminado. Posiblemente recordará una y otra vez lo sucedido y hablará con quien quiera escucharle sobre el tema repetitivamente, sobre lo que usted considera fue la causa del rompimiento o sobre lo que piensa pudiera haber hecho la diferencia y eso hubiese producido un resultado diferente.

Esta es la fase del “si yo hubiera... o si yo no hubiera... todavía estaríamos juntos”. Si es eso lo que usted está haciendo, seguramente lo que sucede es que está tratando de darle sentido a lo sucedido, intentando comprender y aceptar y quizás, también intentar cambiarlo”, manifiesta Munro.

Sin duda, es muy difícil aceptar que el rompimiento es permanente. Se necesitará de tiempo para absorber completamente esta realidad. Es posible que durante esta etapa usted tenga problema en recordar las cosas, en enfocarse y en darle sentido a lo sucedido, sentirá que los días pasan por su vida y no le hacen ninguna mella. Esta es una reacción inicial muy natural frente a la pérdida.

Luego llega la etapa de los temores, la rabia y la depresión. Es la que más dura, la que inunda a la persona de inseguridad, pánico, preocupación, llanto, furia y dolor. Algunas personas no se permiten sentir y otras en cambio lo hacen en exceso. Pero siempre es importante darse permiso para sentir y lograr manejar lo sucedido, asimilarlo y seguir adelante.  Al comienzo pensará que esto nunca pasará, pero no es así, las cosas irán pasando pues el tiempo lo cura todo.
 
“He descubierto que la pena y el duelo por los rompimientos tienen un ciclo de al menos un año para iniciar una nueva etapa si se trata de una relación muy seria. Si se ha pasado algunos años junto a una persona, aunque se haya buscado ese rompimiento, es lógico que tome tiempo dejar atrás lo vivido”, dice la experta.

Finalmente, llega la etapa de la aceptación en la que comprendemos mejor lo sucedido y dejamos la rabia y el dolor atrás. Empezamos nuevamente a reír, a tener esperanza y a confiar en el amor.

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